Un teatro poco frecuentado, aunque sea un domingo por la tarde de buen tiempo, cuando se ofrece esta obra en París no es un buen resultado nunca, y menos para lo que Mortier quiso conseguir o dice haber conseguido. Lástima, porque esta vez tenía razón.Si la versión escénica es lo mejor de Warlikowski (vista aquí mismo y en Madrid), porque se apodera del mito de la estrella de cine de los cuarenta y cincuenta y nos proyecta a Marilyn o a la gran ‘Norma Desmond’ -en el mundo Gloria Swanson-, y es inútil intentar luchar contra esas imágenes, aunque, por ejemplo, se superpongan al magnífico preludio y lo dejen un poco en segundo lugar, obviamente no puede competir con otras más coherentes (¿qué le pasa a este hombre con lavabos, urinarios y bañeras, que aparecen en sus producciones con frecuencia?) y seguramente en más de un momento salta a…
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