Hace año y medio aproximadamente escribía sobre el estreno de esta puesta en escena, coproducida también por el Covent Garden y estrenada en París, casi con el mismo elenco. Como ha habido algunas diferencias, escribiré sobre las mismas y en el resto repetiré, si cabe, lo mismo que entonces, ya que no suelo evolucionar tan rápido en mis apreciaciones [leer crítica anterior]. Del talón de Aquiles, justamente la puesta en escena, se perdieron por el camino algunos de los elementos más irritantes como la coreografía o las apariciones más o menos ‘mágicas’ de arpas, que se agradece, pero se sigue notando, más que entonces, que Pasqual no cree en la obra o no le interesa, y eso es siempre mortal para cualquier título. Tal vez conviniera aceptar que hoy la música de Rossini, con sus atisbos románticos ya desde el coro y la cavatina inicial, de…
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