Curiosamente aún no había visto nunca en París esta ya veterana producción de Savary. En tiempos de carestía, bien está reutilizar lo que ya se tiene en aras de ahorro y de dedicar el dinero de que se dispone a la parte musical independientemente del valor en sí del espectáculo escogido. Este no deja traza, pero no molesta. Tiene un vestuario suntuoso (extrañamente ‘de época’) y una decorado casi único ya que la misma casa en ruinas, en distintas perspectivas, sirve para ubicar los tres actos. Naturalmente, en el de la corte hay algunos cuadros y algunas vistosas grietas que dan a entender al avisado público la decadencia moral de la nobleza, etc. Si en origen hubo dirección de actores, esto no se notó mucho y cada uno salió adelante a su modo (como de costumbre, el que más padece en estos casos es el coro, que algunas directivas tenía…
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