Discos

Ejemplar sumatorio

Paco Yáñez

lunes, 31 de marzo de 2014
Jesús Torres: Tenebrae. Germán Alonso: In Heaven everything is fine. Ramón Lazkano: Jalkin. José Manuel López López: Simog-Civitella. Félix Ibarrondo: AIKAN. Juan José Eslava: L’Oeil. Sigma Project. Juan José Eslava, electrónica. José Miguel Martínez y Juanan Ros, ingenieros de sonido. Un CD DDD de 63:53 minutos de duración grabado en Donostia, Vitoria-Gasteiz y Hondarribia (España), los días 1 de marzo, 17 y 18 de noviembre de 2012, 23 de agosto y 9 de octubre de 2013. Sigma Records SR 001
Al igual que numerosos teatros de ópera, orquestas y grupos de cámara en estos primeros años de siglo XXI, el cuarteto de saxofones Sigma Project se embarca en la aventura de lanzar su propio sello discográfico: Sigma Records. Es ésta una valiente iniciativa que nace en tiempos de crisis fonográfica (una de tantas en el ámbito cultural) y que pretende dar mayor (y merecida) proyección a uno de los cuartetos en su género más importantes de Europa; puesto de primacía que ocupan en España desde su presentación, el 27 de agosto de 2008, en el Kursaal donostiarra.

Transcurridos más de cinco años, el conjunto formado por Andrés Gomis, Ángel Soria, Miguel Romero y Josetxo Silguero continúa expandiendo el repertorio, como lo hace con las propias técnicas instrumentales, abarcando la totalidad de la familia del saxofón, del que extraen sonoridades inauditas y un carácter musical que rehuye cualquier apriorismo: una aventura renovada en cada propuesta, en cada concierto como obra global, como espacio acústico-escénico, como encuentro interactivo con el oyente, como experiencia emocionante y reflexiva, con una convicción: que lo musical sea intervención crítica en los convencionalismos de la cultura. Son éstas algunas de las reflexiones que al compositor Juan Carlos Torres le sugiere Sigma Project, unidas a la más que obvia colaboración con los compositores para hacer de la música un hecho artístico trascendente.

Si bien el medio discográfico nos priva, en cierto modo, del carácter interdisciplinario que caracteriza las propuestas de Sigma, lo cuidado de este lanzamiento inaugural nos permite conocer de primera mano las señas de identidad aquí expuestas, comenzando por el trabajo codo con codo con los compositores, pues de las seis piezas presentes en el disco, cinco de ellas fueron escritas para Sigma Project. La primera de ellas es Tenebrae (2012), cuarteto para saxofones de Jesús Torres (Zaragoza, 1965) en el que se produce un intenso diálogo con el pasado, que emerge a una superficie tramada en técnicas contemporáneas portando ecos del Officium Hebdomadæ Sanctæ de Tomás Luis de Victoria. De ahí se deriva el carácter polifónico tan manifiesto de esta partitura, en sus diversos grados de explicitación del texto victoriano en el palimpsesto intertemporal que nos propone (como en otras de sus partituras) el compositor aragonés. Entre la rugosidad de las técnicas extendidas y los perfiles melódicos, entre una construcción armónica de inspiración renacentista y una vocalización fonética de impronta avantgarde, Tenebrae va desgranando todo un arco histórico del que podemos concluir que lo importante en la música es su calidad y la capacidad que ésta alberga para hacernos conocer y sentir, provengan sus recursos y aparatos técnicos del tiempo que provengan. Como en tantos compositores españoles actuales (pensemos en José María Sánchez-Verdú, Manuel Hidalgo, Cristóbal Halffter...), Torres toma sus préstamos, la scriptio inferior de su partitura, como punto de partida para una floración que atraviesa diversas estaciones rítmicas y técnicas en el proceso de desvelar el diálogo histórico que propone; un diálogo en el que timbre y luz se gradúan constantemente en claroscuros de naturaleza plástica (tanto como la alternancia de homofonía y polifonía). Palabra y pintura fertilizan también, desde otros lenguajes, el desarrollo de Tenebrae.

Germán Alonso (Madrid, 1984) ya ha estado presente en nuestro diario por medio de obras para saxofón y electrónica tan potentes como El gran cabrón (2012). No poco de ese atavismo salvaje y ancestral estaba presente en el cuarteto In Heaven everything is fine (2011), que de nuevo podemos acercar, técnica y estilísticamente, a la música saturada francesa (con no pocas influencias del rock y las estéticas urbanas del presente). En In Heaven everything is fine se produce una constante alternancia entre la tensión y la distensión, y aunque no se acompañe al cuarteto de dispositivo electrónico, los pasajes en suspensión adquieren tal calidad acústica a partir de técnicas extendidas que generan una textura rugosa de carácter plasmático sostenida en un juego de proyecciones de aire o notas sostenidas. En los compases más abigarrados y virulentos prolifera el slap, la distorsión del material sonoro, la polirritmia y una tensión dinámica angustiosa, afianzada en un uso de los saxofones graves con resonancia muy sugerente que confiere al conjunto una heterofonía abierta y proliferante que se compacta en las sucesivas islas de silencio en las que el cuarteto se repliega sobre sí mismo y encuentra.

En Jalkin (2012), cuarteto de uno de los mejores compositores vascos actuales, Ramón Lazkano (Donostia, 1968), hay mayor sutilidad y refinamiento, en una obra que parece respirar sobre sí misma, trazando recorridos sonoros, constelaciones a partir de sutiles slaps y un juego constante de llaves en su nacimiento. Las proyecciones de aire sin tonalidad específica le dan un sentido orgánico y amenazador a las proliferaciones de alturas proyectadas en multifónicos, cual trazos pictóricos dispersos, cual sustancia expandida. La microtonalidad y el gesto reducido a lo infinitesimal no eximen la gran vivacidad de un cuarteto en el que lo primordial es el fluir del movimiento: una motilidad multiforme, rica en matices e interdisciplinaria en cuanto a referentes para leer las improntas que sobre la partitura gravitan: lo pictórico y lo escultórico en un primerísimo plano, con sus angulares calibraciones de la forma, aquí atacada como escultura sonora, como estudio del timbre sobre superficies móviles que a medida que evolucionan conforman homofonías, dando uniformidad a la materia; una materia progresivamente en dispersión hacia un final desintegrado que da entrada a resonancias graves, a proyecciones huidizas, a una reinterpretación de los gestos iniciales.

El sentido de lo huidizo es también fundamental en Simog-Civitella (2011), cuarteto de José Manuel López López (Madrid, 1956) que ya visitó nuestro diario con motivo del bello diálogo que entre la música del compositor madrileño y la creación audiovisual del parisino Pascal Auger nos ofreció el pasado año el sello Verso (VRS 2130). Volvemos a reconocer en esta grabación la luminiscencia de los materiales, sus destellos, la inspiración granular y electrónica de la materia acústica, los asomos de ilusiones melódicas, el continuo juego de lo polifónico (sea con llaves, multifónicos, vibrato, inestabilidades dinámicas, etc.), las alternancias en la movilidad del fluido foto-sonoro, etc. Tal y como afirma el propio López López, hay en Simog-Civitella más libertad formal, menos encorsetamiento en lo estructural, más poesía. Ello la hace una obra no tan estricta y rigurosa como otras de sus composiciones previas; pero, al tiempo, más abierta y flexible, más orgánica en sus desarrollos, que como arborescencias se ramifican haciéndola más omnicomprensiva en recursos técnicos, expresividad y filiaciones estilísticas: desde su crepitación inicial hasta sus polirrítmicos mecanismos finales, el material se transforma en multitud de ocasiones, de un modo más o menos reconocible, basculando entre el ruidismo y el lenguaje de alturas, haciendo, como el propio Sigma Project, un sumatorio de multiplicidades.

Con Félix Ibarrondo (Oñati, 1943) nos asomamos a una concepción del sonido más tradicional; algo de lo cual AIKAN (2009) es un buen ejemplo, especialmente si venimos de un recorrido estético como el de las partituras precedentes, mucho más prolijas en técnicas extendidas y utilización del ruido como sustancia musical. Aquí las alturas y el desarrollo melódico poseen una importancia mayor, unidas a un sentido rítmico muy poderoso e insistente. En sus notas a este compacto, Germán Gan Quesada nos conduce al rondó clásico como guía estructural para AIKAN, un cuarteto en el que destaca su pensamiento heterofónico, la amplia exploración de los registros (con especial querencia por los agudos -ciertas amalgamas sonoras recuerdan a la previa Simog-Civitella-), los desarrollos melismáticos, etc. Tal y como indica Gan, estos procedimientos han sido incorporados a Izarbil (2009-10), concierto para cuarteto de saxofones y orquesta estrenado por Sigma en 2013 y que perfectamente podría tener cabida (esperamos) en próximas ediciones de Sigma Records.

Concluyendo este recorrido, con Juan José Eslava (Gijón, 1970) regresamos a una estética en apariencia más actual, por la presencia de recursos pregrabados, en su cuarteto para saxofones y electrónica L’Oeil (2010). Después, el desarrollo de los compases del cuarteto nos remiten a técnicas más convencionales, si bien actualizadas, mientras que la electrónica sí nos conduce a lo que podríamos denominar arte sonoro, aquí tramado en base a una escultura en la que la voz ejerce de puente entre el cuarteto y la electrónica, como punto de unión entre el cuerpo y la palabra, que afirma Germán Gan, tomando la cita de Jacques Derrida que sirve de epígrafe a la partitura. En L’Oeil hay una sensación de evanescencia, de volatilidad, de discurso en construcción-disolución continua. Ecos del jazz, cadencias que parecen desligarse del conjunto, una lucha de individualidades..., se produce en esta partitura una fuerte tensión entre lo unitario y lo individual, una tensión que oscila en el filo de la desintegración, y que la electrónica, lejos de resolver, contribuye a complejizar y mantener en vilo.

La interpretación de estas partituras es ejemplar, tanto técnica como expresivamente (y las dificultades no son pocas). Conscientes de las posibilidades de Sigma Project, sus respectivos compositores expanden en estas piezas la materia sonora del saxofón en nuevas direcciones que, en forma de cuarteto, dan una considerable vuelta de tuerca a la literatura para saxofones. El exquisito cuidado y refinamiento instrumental se combinan en las lecturas de Sigma con una fuerza visceral y un compromiso sin reservas en todo el arco que va desde la precisión y pulcra técnica de Andrés Gomis en el saxofón soprano al poderoso sentido textural y rítmico de Josetxo Silguero en el bajo. Interpretaciones, por tanto, tan referenciales como imprescindibles para conocer estas partituras en manos de quienes las estrenaron (excepto la partitura de Alonso; en todo caso, por Sigma estrenada en España).

Las tomas de sonido son también sobresalientes, y ello es fundamental en piezas tan delicadas y repletas de matices como las que hemos reseñado. Para redondear este primer lanzamiento se suma a este ejemplar sumatorio de Sigma un libreto con textos de Germán Gan Quesada, Juan Carlos Torres, Jorge Fernández Guerra y Luis de Pablo. El diseño de esta nueva serie es realmente atractivo y moderno, obra de David Gotxicoa. Sólo nos queda desear una segunda entrega de Sigma Records a la que se asomen algunas de las muchas partituras y utopías sonoras que este cuarteto ha promovido, estrenado y/o interpretado, y a las que hemos echado de menos en este primer disco: obras de José María Sánchez-Verdú, Salvatore Sciarrino, Arturo Fuentes, etc.

Este disco ha sido enviado para su recensión por Sigma Project

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