A pesar de altibajos y de todos los pesares, la Scala es la Scala. Ya se había hecho aquí mismo un impresionante homenaje sinfónico a Abbado en el momento de su muerte bajo la dirección de Barenboim, todavía hoy director musical. Pero el futuro (a partir de 2015) quiso empezar ya en este año una nueva tradición, la de la ejecución cada año de la Misa de Verdi para Manzoni, para dedicarla a la memoria del gran maestro milanés, del cual Chailly –también nacido aquí- fue asistente durante un tiempo precisamente en este Teatro. Y es ese recuerdo permanente, y con sentido, de la gran tradición (Abbado impulsó siempre en Milán la ejecución de la obra, aunque la mayor parte de las veces en la misma iglesia que la vio nacer) lo que hoy sorprende pero seguramente siempre emociona del gesto del Teatro (porque es la institución la que acoge el…
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