Al parecer los dobles apellidos no traen siempre garantía o suerte. Los dos de esta vez, responsables de la dirección musical y escénica, respectivamente, fueron los principales responsables de algo muy parecido a un desaguisado. Wake-Walker parece suponer que estamos entre el vodevil y la revista más hortera, acumula gags sin sentido (o presuntamente tales, como el de poner en los dos primeros actos al apuntador-figurante a un lado del escenario y en los otros dos al otro, además de hacerlo huir hacia el final, o de convertirlo en mono al final del segundo (donde la paciencia de algunos espectatores se terminó como revelaron algunos ‘buh’), hace -vaya novedad- una representación dentro de la representación (al parecer el Conde no se ha aprendido muy bien su papel), hay algunas pelucas y trajes espantosos, ni siquiera kitsch (las dos…
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