La opereta (me refiero a la variante más conocida, la ‘vienesa’), fuera de su ámbito digamos ‘natural’ (y aún) no parece atravesar su mejor momento, salvo para recitales en disco de dos o tres tenores y alguna soprano de primera línea que cantan algunos fragmentos en sus conciertos en vivo. Aunque en Zúrich no es una rareza como en otros teatros (véase, sin ir más lejos, la próxima reposición, en concierto y en forma de selección amplia, en una única función, de La viuda alegre en el Liceu).
Los motivos pueden ser varios, algunos quizá definitivos (relativamente), pero que se le dediquen los honores de una nueva puesta en escena en un primer escenario internacional con un reparto de primera línea que debuta en sus respectivos papeles es algo que se sale de lo frecuente (el Met lo ha hecho en los últimos años, y no siempre ha conseguido su…
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