Alemania

Estreno mundial de 'Roses of shadow' de Martin Schläpfer

Juan Carlos Tellechea

jueves, 4 de enero de 2018
Düssseldorf, miércoles, 27 de diciembre de 2017. Deutsche Oper am Rhein Düsseldorf. George Balanchine, Stravinsky violin concerto. Martin Schläpfer, Roses of shadow. Hans van Manen, Polish Pieces. Ballett am Rhein. Director general Martin Schläpfer. Marc Bouchkov, violín. Wolfgang Wiechert , piano. Düsseldorfer Symphoniker. Wen-Pin Chien , director musical. Velada de ballet b.33. 100 % del aforo
Polish pieces © Gert Weigelt

Esta velada del Ballett am Rhein que dirige el coreógrafo suizo Martin Schläpfer era aguardada, con entradas agotadas desde hacía meses, con gran expectación. De las tres coreografías presentadas esta tarde, la que suscitaba mayor interés y curiosidad, sin duda, era Roses of shadow [nota 1], con música (inspirada en el soneto LXVII de William Shakespeare: Why should poor beauty indirectly seek/ Roses of shadow, since his rose is true?) de la rumana (de origen alemán) Adriana Hölszky, en estreno mundial.

Hölszky denomina su pieza coreografía sonora para soprano y ocho instrumentistas (clarinetes, trompetas, bombardino, trompa de los alpes, acordeón, violín, violonchelo, percusión, koto de 13 cuerdas y koto de 17 cuerdas, piano, armónicas). Es la segunda obra que le encomienda la compañía Ballett am Rhein en los últimos tres años, tras Deep Field, estrenada mundialmente en Düsseldorf en 2014 .

La moderna coreografía de Martin Schläpfer se ajusta magníficamente a la música inexorable, desgarradora, que previene contra la catástrofe de la naturaleza y clama por ayuda. Hay una búsqueda metafísica, sin esoterismo excesivo, entre el anhelo de belleza y su extinción. La escenografía (Marcus Spyros Bertermann, también vestuario) muestra una pirámide (como las de los egipcios o las de los mayas) proyectada sobre una gigantesca pantalla de fondo, arrojando su sombra sobre la Madre Tierra.

Los singulares movimientos y evoluciones de los bailarines (todos son protagonistas a nivel igualitario), con ágiles giros, aleteos como los de las águilas y meneos de brazos y manos convulsivos ---un lenguaje corporal, abstracto, muy peculiar de dificil comprensión--- profundizan exegéticamente en el mensaje inefable que quiere expresar Hölszky. Es una exquisitez verlos. No en vano la compañía Ballett am Rhein ha sido elegida como la mejor del año en Alemania por la prestigiosa revista especializada TANZ, galardón que recibe por cuarta vez desde 2013.

La historia que nos lleva a esta honda introspección va de la vida y la muerte; del florecimiento y el marchitamiento en la naturaleza; del implacable cambio climático que nos fuerza a entrar en razón, a sentar cabeza ante la ruptura del medio ambiente.

El canto y los recitados, interpretados por la soprano alemana Angelika Luz, se inspiran en la tradición oral de los pueblos originales de América del Norte, quienes al igual que los de toda América están mucho más apegados que nosotros al cosmos y a la Pacha Mama, la mítica Gea de los antiguos griegos (los textos fueron tomados de ¿Sabes tú que los árboles hablan? Sabiduría de los indígenas. Seleccionados y publicados por Käthe und Georg Bydlinski. Viena, Friburgo, Basilea).

Son versos muy sencillos, muy naturales, sin sofisticaciones, pero llenos de sapiencia, de erudición, proféticos...

Pobre hombre blanco,/ en tu ira, en tu esplendor,/ en todo tu bienestar,/ has perdido tu herencia.// (…) Tú que vives allí/ donde el sol se oculta/ ¡Mírame! ¡Mírame!/ Hey, vosotros hijos del trueno/ ¡Miradme!// (…) Vosotros sembráis la muerte, vosotros sembráis la muerte,/ vosotros compráis y vendéis muerte, vosotros compráis y vendéis muerte,/ pero lo negáis./ Vosotros no queréis, vosotros no queréis, vosotros no queréis,/ verla tal como es./Vosotros compráis y vendéis muerte.// (…)

Una montaña blanca./ El cielo./ El cielo comienza/ a derramar sus lágrimas.// Lloro de sed./ El cielo comienza a derramar sus lágrimas.// He nacido libre.// Libre como el águila,/ que flota/ sobre el gran cielo azul.// Corro por la alta hierba/a través de las montañas del desierto muy lejos.// (…)

Anda en torno a la montaña./ Anda en silencio, anda en silencio, anda en silencio, anda en silencio, anda en silencio, anda en silencio./ Donde hay peligro o dolor, donde hay peligro o dolor, donde hay peligro o dolor.// (…) Y oí hablar a las hormigas,/ las hormigas hablan.// Estoy emparentado con las estrellas. Libre, como el águila;/que flota/ sobre el gran cielo azul./ Un viento suave acaricia su rostro.// (…) Traza un círculo de pensamientos/ en torno a la suave, silenciosa montaña,/ y la montaña se convertirá en cristal/ y tú verás el valle abierto/ a través de la montaña cristalina/ y todo el mundo/ del valle es tuyo.// (…).

La dirección musical de Wen-Pin Chen es muy equilibrada y exacta. Todos los músicos, sin excepción alguna, se consagran por entero e interpretan brillantemente la dificil partitura. La percusión (en sus más variadas formas) toma en esta pieza un lugar preeminente creando atmósferas singulares, a veces misteriosas, otras suplicantes, otras más iracundas, bulliciosas y estrafalarias. Tímbricamente el conjunto suena muy bien. Es casi increíble la labor de encastre sumamente detallista y puntillosa de la coreografía con las infinitas tonalidades y los colores emanados de la orquesta y la solista.

No hay una búsqueda precisa de sincronización, sino de reafirmación de conceptos, durante los 40 minutos que dura la coreografía (tal vez con cinco menos el público no se hubiera sentido tan extenuado, auditiva y visualmente hablando; a veces es mejor dejarlo con hambre y no saciarlo en exceso). Pero, da igual, porque es indiscutiblemente una verdadera obra de arte lo que hemos presenciado esta tarde -- más intelectual que espectacular-- acogida con atronadores aplausos y ovaciones.

Roses of shadow estuvo precedida por Stravinsky violin concerto (1972) [nota 2] de George Balanchine (1882-1971), con música de Igor Stravinsky, y fue seguida por Polish Pieces (1995), del neerlandés Hans van Manen (1932), con música de Henryk M. Górecki. El contraste entre las tres coreografías no podría haber sido mayor.

La prolijidad y sobriedad de estilo, líneas y vestuario, la gracia en los movimientos muy cuidados, fielmente característicos del estilo neoclásico de Balanchine al son de Stravisky fueron el comienzo ideal, fascinante de esta velada de ballet b.33 del Ballett am Rhein. La preparación estuvo a cargo de Maria Calegari y Bart Cook, dos ex estrechos colaboradores del coreógrafo de origen ruso.

La orquesta Düsseldorfer Symphoniker bajo la batuta de Wen-Pin Chen con las intervenciones solísticas de Marc Bouchkov (violín) aguijonea a los bailarines en sus pasos de ballet clásico. Dos bellísimos pas de deux (excelentes Aleksandra Liashenko y Eric White, así como Claudine Schoch y Marcos Menha) nos hablan de entrega y simbiosis de almas y cuerpos. Los aplausos y gritos de aprobación fueron atronadores.

Otro tanto ocurrió con Polish Pieces [nota 3], de van Manen, quien cumplió hace seis meses 85 años y sigue tan campante. Manen, uno de los fundadores en la década de 1960 del Nederlands Dans Theater (NDT), de los Países Bajos, es un coreógrafo más centrado en el movimiento y no tanto en la dramaturgia. Aquí lo vemos con su eclecticismo estilístico que combina diversas técnicas y se inclina hacia la forma, con composiciones de grupos geométricos que se desplazan al unísono. La preparación del ballet corrió a cargo de la venezolana Iris Reyes, quien ha asistido en múltiples oportunidades a van Manen, y de la laureada neerlandesa Mea Venema, ex bailarina del NDT e integrante del directorio de la Fundación Hans van Manem para la promoción de las nuevas generaciones de bailarines de ballet.

 

Hay mucho color (semejante al que lucen los corredores de ciclismo profesionales o al que adorna los envoltorios de los caramelos de frutas) en las mallas de los intérpretes y pasmosa vertiginosidad en su accionar. Van Manen respeta mucho el trato igualitario (Schläpfer lo ha tomado incluso como modelo para su compañía) entre todos los bailarines y lo pone asimismo aquí de manifiesto, aunque haya lugar para dos pas de deux excepcionales (estupendos Sonia Dvořák y Philip Handschin, así como Julie Thirault y Rashaen Arts).

Todos los bailarines contribuyen decididamente con el mismo esfuerzo a la belleza y exactitud del conjunto. Polish Pieces fue el final ideal para esta función, una fiesta para los ojos, que concluyó con prolongados, casi interminables minutos de aplausos, ovaciones, silbidos estruendosos de aprobación y varias aperturas y cierres de telón. Otra tarde inolvidable con el Ballett am Rhein y el genial coreógrafo suizo Martin Schläpfer.

Notas

1. Roses of shadow (estreno mundial), coreografía de Martin Schläpfer, con música (encomendada por la compañía Ballett am Rhein) de Roses of shadow para soprano y ocho instrumentistas, de Adriana Hölszky (inspirada en el soneto LXVII de William Shakespeare). Dirección musical Wen-Pin Chien. Escenografía y vestuario Marcus Spyros Bertermann. Iluminación Thomas Diek. Maestro de ballet Callum Hastie. Intérpretes: Ann-Kathrin Adam, Marlúcia do Amaral, Camille Andriot, Yuko Kato, So-Yeon Kim, Helen Clare Kinney, Virginia Segarra Vidal, Elisabeta Stanculescu, Irene Vaqueiro. Yoav Bosidan, Rubén Cabaleiro Campo, Michael Foster, Sonny Locsin, Chidozie Nzerem, Friedrich Pohl, Boris Randzio, Alexandre Simões. Soprano / voz Angelika Luz. Clarinetes Jochen Mauderer. Trompetas, bombarino y trompa de los Alpes Paul Hübner. Acordeón Stefan Hussong. Violines Franziska Früh. Violonchelo Doo-Min Kim. Percusión Fabian Clasen. Kotos (de 13 y 17 cuerdas) Naoko Kikuchi. Piano Ville Enckelmann. Todos los músicos tocan también armónica. Roses of shadow es aproyada por la fundación Kunststiftung NRW de Renania del Norte-Westfalia.

2. Stravinsky violin concerto, coreografía de George Balanchine con música del Concierto para violín y orquesta en re, de Igor Stravinsky. Dirección musical Wen-Pin Chien. Preparación Maria Calegari y Bart Cook. Iluminación Thomas Diek. Maestros de ballet Antoinette Laurent y Uwe Schröter. Intérpretes: (solistas) Aleksandra Liashenko – Eric White; Claudie Schoch – Marcos Menha. Otros bailarines: Doris Becker, Feline van Dijken, Kailey Kaba, So-Yeon Kim, Helen Clare Kinney, Norma Magalhães. Virginia Segarra Vidal, Irene Vaqueiro. Brice Asnar, Rubén Cabaleiro Campo, Michael Foster, Philip Handschin, Vincent Hoffman, Pedro Maricato, Tomoaki Nakanome, Daniel Vizcayo. Orquesta Düsseldorfer Symphoniker. Solista Marc Bouchkov (violín).

3. Polish Pieces, coreografía de Hans van Manen, con música del Concierto para piano y cuerdas opus 40 y Three Pieces in Old Style para orquesta cuerdas, de Henryk M. Górecki. Dirección musical Wen-Pin Chien. Preparación Iris Reyes y Mea Venema. Escenografía y vestuario Keso Dekker. Iluminación Joop Caboort. Maestra de ballet Kerstin Feig. Intérpretes: (solistas) Sonia Dvořák – Philip Handschin; Julie Thirault – Rashaen Arts.Otros bailarines: Mariana Dias – Daniel Vizcayo; Norma Magalhães – Filipe Frederico; Virginia Segarra Vidal – Arthur Stashak; Alexandra Inculet – Bruno Narnhammer. Orquesta Düsseldorfer Symphoniker. Solista Wolfgang Wiechert (piano).

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