Cuando se comprueba que, en efecto, la última reposición de la juvenil ópera verdiana fue aquí en 1984 y yo estuve presente en una de las representaciones, se tiene la medida de muchas cosas: del paso del tiempo (intérpretes retirados o fallecidos, por ejemplo; yo no tenía aún cuarenta años), de la relativa injusticia que supone haber reiterado en ese lapso títulos populares del mismo autor, seguramente más importantes pero no siempre bien servidos. Con estas dos funciones en forma de concierto el número total de representaciones en el Liceu alcanza la nada exagerada cifra de 28. Y si aquella versión -escénica- fue buena sobre todo por Nesterenko y Dimitrova, ésta resultó mejor por el conjunto. De modo que aunque alguien haya dicho, despectivamente, que se trata de ‘cabaletta en un prólogo y tres actos’ no parece que sea tan así. Y la…
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