Discos

Et in Arcadia Porpora

Raúl González Arévalo

martes, 3 de julio de 2018
Nicola Porpora: L'amato nome. Cantatas Opus 1. Cantatas for the Prince of Wales (Nos. I-XII), sobre textos de Pietro Metastasio (1735). Francesca Cassinari y Emanuela Galli (sopranos), Giuseppina Bridelli y Marina De Liso (mezzosopranos). Agnieszka Oszańca, chelo. Andrea Friggi, clave. Stile Galante. Stefano Aresi, director. 2 CD (DDD) de 149 minutos de duración. Grabado en Roccabianca (Arena del Sole, Italia) en octubre de 2016 y agosto de 2017. GLOSSA GCD 923513. Distribuidor en España: Semele.

El año Porpora está trayendo importantes lanzamientos discográficos. Hace poco daba cuenta del recital monográfico que le dedicaba Max Emmanuel Cenčić y de la ópera que encabezaba el croata, Germanico in Germania. Ahora toca a la integral de cantatas publicadas en Londres en 1735 (aunque compuestas antes), dedicadas al Príncipe de Gales, uno de los promotores de la Ópera de la Nobleza que había contratado los servicios del napolitano para competir con Handel.

Publicada con gran lujo, lo que da buena cuenta de la estima hacia el compositor y su música, las cantatas de Porpora, sobre temas pastorales de la Arcadia, tuvieron una vida inusitadamente larga. Es llamativo que se siguieran interpretando hasta bien avanzado el siglo XIX, cuando el Barroco había caído en desuso, salvo, puntualmente, la música religiosa. Los textos son del poeta cesáreo por excelencia, Pietro Metastasio, y la estructura musical es la típica de la primera mitad del XVIII, alternando recitativos y arias. El acompañamiento es muy sucinto, apenas clave y chelo, instrumento este último del que el dedicatario era, parece ser, un aficionado virtuoso.

Las notas introductorias, del propio director, son ilustrativas como pocas veces sobre las razones para una grabación y la práctica que se ha abordado en ella. Acostumbrados como estamos a que las variaciones y ornamentaciones se introduzcan solo en el da capo, se explica cómo y por qué se han introducido pequeños embellecimientos en toda la línea. El resultado es de una sutileza y una exquisitez que nada tienen que ver con la exhibición a veces vacía que se le achaca al compositor: la coloratura no es un fin en sí mismo, sino una parte integrante del estilo con fines expresivos y tiene plena justificación. Por otra parte, que no sea circense no reduce la dificultad de la línea de canto, aunque se tarde más en percibirlo.

Los intérpretes se adhieren plenamente a este enfoque. Las dos sopranos y las dos mezzos están absolutamente adecuadas en sus cometidos. El hecho de que sean cuatro y no dos las intérpretes proporciona mayor variedad interpretativa, lo demás depende de gustos particulares. De la misma manera, es asombrosa la gama de matices que son capaces de extraer el clave y el chelo solos, combinados, no debe temer el oyente pobreza en el acompañamiento, ni sonoro ni virtuoso. Al contrario, se refuerza el carácter íntimo de las piezas y la atmósfera ideada por Porpora. El resultado final es una serie de bocados que, como se recomienda, es mejor saborear poco a poco, en vez de seguido. Otra pequeña maravilla para seguir disfrutando de un gran compositor.

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