Italia

Olivieri debuta en Dandini

Jorge Binaghi
lunes, 22 de abril de 2019
Olivieri, Crebassa y Chausson © Teatro alla Scala, 2019 Olivieri, Crebassa y Chausson © Teatro alla Scala, 2019
Milán, sábado, 30 de marzo de 2019. Teatro alla Scala. La Cenerentola ossia la Bontà in Trionfo -Roma, Teatro Valle, 1817-, libreto de J. Ferretti, música de G. Rossini. Dirección escénica, escenografía y vestuario: Jean-Pierre Ponnelle repuesta por Grischa Asagaroff. Intérpretes: Marianne Crebassa (Angelina), Maxim Mironov (Ramiro), Matteo Olivieri (Dandini), Carlos Chausson (Don Magnifico), Erwin Schrott (Alidoro), Sara Rossini (Clorinda) y Anna-Doris Capitelli (Tisbe). Coro masculino (dirigido por Bruno Casoni) y Orquesta del Teatro. Dirección de orquesta: Ottavio Dantone
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Fui a la Scala para otros dos espectáculos y no tenía intención de repetir con esta Cenerentola (ya reseñada en febrero). Pero coincidía con una de las funciones que debía cantar el joven barítono italiano Matteo Olivieri que últimamente tanto llama la atención en sus presentaciones de modo que allí estuve.

La crítica será más breve que habitualmente, ya que salvo él y la intérprete de Clorinda -más correcta que la anterior pero de no mucha voz- todos los miembros del elenco fueron los mismos y, a excepción de un Schrott mucho más convincente, en el mejor de los casos -que no fueron todos- repitieron sin diferencias de importancia su interpretación.

Olivieri tiene ‘ángel’, pero con Rossini eso no basta. O más bien, visto el papel, debería decir ‘duende’. Y este Dandini esbelto, desenvuelto, capaz de bailar o saltar cantando sus frases, con una articulación clarísima, merecía la pena.

Como se sabe, su entrada es de esas que pueden ser un regalo o un castigo para el intérprete. ‘Come un ape nei giorni d’aprile’ tuvo toda la sutileza y simultáneamente la desfachatez del camarero disfrazado (en este aspecto, fue permanente su doble juego escénico que probablemente culminó cuando en el segundo acto es despojado de su disfraz y retorna a su verdadero oficio -sin abrir la boca consiguió transmitir todas las reacciones encontradas dentro de una irónica filosofía de la vida-). Manejó con habilidad las endiabladas agilidades, exhibió dominio de la respiración, mucha seguridad en momentos tan difíciles como el dúo con Don Magnifico, buena extensión, color homogéneo y bello, dijo con intención cada recitativo y en el tremebundo sexteto al que da comienzo su personaje (’Quest’è un nodo avviluppato’) masticó con deleite sus ‘r’ y ‘p’ sin llegar nunca a exagerar, algo que en este caso tenía bien difícil. En fin, que para seguir con el juego de disfraces de la obra, tal vez el camarero haya sido el verdadero rey.

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