¡Da miedo pensar hasta qué extremo de libertad llega el espíritu del ruso y hasta qué grado la fuerza de su voluntad! Nadie se desprendió jamás de su tradición como tuvo que hacerlo él en ocasiones, y nadie hubo de torcer tan bruscamente en otra dirección, en alas de su idea. Y, ¿quién sabe, señores extranjeros?, tal vez le esté deparado precisamente a Rusia esperar a que vosotros terminéis; penetrarse, mientras tanto, de vuestra idea, interpretar vuestros ideales, vuestros propósitos, la índole de vuestros afanes; coordinar vuestras ideas, elevarlas hasta un rango universal humano y, por último, con su espíritu libre, exento de todo interés ajeno, estamental y local, acometer una empresa nueva, amplia, desconocida en la historia, comenzando donde vosotros terminéis y arrastrándoos tras de sí.
¡Da miedo pensar hasta qué extremo de…
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