La aparición en el escenario de Peter Jonas, intendente de la Ópera de Baviera, es siempre acogida por el público con un murmullo que expresa a un tiempo decepción y disgusto. No se trata de nada personal, sino de que todos saben que cuando el director de la casa sale a escena, es que va a anunciar algo, y no precisamente agradable: algún cambio inesperado (y no deseado) en el programa previsto, algún cantante enfermo, algún problema técnico insoluble... El pasado 15 de julio el murmullo fue más ruidoso que de costumbre. La velada era una de aquéllas que los aficionados a la ópera, y en especial al belcanto, esperan frotándose las manos: Edita Gruberova y Vesselina Kasarova daban un recital acompañadas por la Orquesta del Estado de Baviera, dirigida por Marcello Viotti, con un programa de oberturas, arias y dúos de Mozart, R. Strauss,…
Comentarios