Al llegar al concierto ya sabíamos que íbamos
a disfrutar mucho. Sobre todo gracias a los dos cantantes, dos monstruos
tenoriles como son Lawrence Brownlee y Michael Spyres.
Sobre el director y la orquesta, teníamos
nuestras dudas. Opera Fuoco es una orquesta que no tiene un
sonido bonito, sería lo de menos si no se notase una falta de empaste por
momentos en las cuerdas. Lo peor es que su director, David Stern, suele ser más
ruidoso que cuidadoso. Cubre a menudo a los cantantes (siempre que tiene
ocasión, en realidad) a pesar de dirigir una pequeña orquesta (apenas dos
contrabajos y cuatro violoncellos). Cierto, el volumen excesivo de la orquesta
es defecto que se nota menos en platea, pero ¿acaso no toca la orquesta para
todos, incluidos los pobres del gallinero?
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