Estados Unidos

Mutter y sus virtuosos

Roberto San Juan
lunes, 20 de febrero de 2023
Mutter Virtuosi en Miami © 2023 by Alfonso Salgueiro Mutter Virtuosi en Miami © 2023 by Alfonso Salgueiro
Miami, miércoles, 1 de febrero de 2023. Adrienne Arsht Center. A. Vivaldi: Concierto para cuatro violines en Si menor, Op. 3, nº 10, RV 580; Unsuk Chin: Gran Cadenza; J. Bologne, Caballero de San Jorge: Concierto para violín en La mayor, Op. 5, nº 2. A. Vivaldi: Las Cuatro Estaciones, Op. 8, nº 1-4. Violines: Carla Marrero, Ryan Meehan, Elías Moncado, Samuel Nebyu, Mikhail Ovrutsky, Agata Szymczewska y Nancy Zhou. Violas: Sara Ferrández y Hwayoon Lee. Violoncellos: Margarita Balanas y Lionel Martin. Contrabajo: Dominik Wagner. Clave: Knut Johannessen. Dirección y solista: Anne-Sophie Mutter.
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Desde hace más de cuatro décadas Anne-Sophie Mutter (Rheinfelden, Alemania, 1963) lleva dando conciertos como solista e interpretando música de cámara en las principales salas del mundo. En 2008 creó una Fundación, que lleva su nombre, con el objetivo de apoyar las incipientes carreras internacionales de jóvenes talentos. Algunos de ellos son quienes la acompañan en esta gira, que les ha llevado a Islandia y continúa por diversas ciudades de Estados Unidos y Canadá, junto con el clavecinista noruego Knut Johannessen. Los violinistas Ryan Meehan y Elías Moncado, así como la viola madrileña Sara Ferrández, se unen por primera vez a este selecto grupo de los Mutter Virtuosi, al que ya pertenece otra española, Carla Marrero.

En la charla previa al concierto Scott Flavin, profesor de violín en la Universidad de Miami, desgranó algunos rasgos de las obras en programa y no escatimó elogios -y con razón- hacia una artista de una personalidad musical potente, tanto como lo es su compromiso con el arte y con sus propias convicciones.

El programa del concierto estaba disponible en papel, con unas notas interesantes y suficientemente informativas para el público general. Además, a través de un código QR se podía acceder online a unas notas al programa “ampliadas”, con abundante información, que incluía, por ejemplo, los sonetos inspiradores de Las Cuatro Estaciones en italiano y en inglés, así como información biográfica de los compositores, junto al impresionante curriculum de Mutter.

Esta excelente práctica por parte del Adrienne Arsht Center no impidió, sin embargo, que una parte del público aplaudiera recurrentemente “a destiempo” -es cierto que el programa de mano no especificaba los movimientos que tenía cada obra- algo que, quizá, podría haberse evitado, al menos en parte, si el profesor Flavin hubiera hecho una alusión más directa a ello en su interesante charla preliminar.

El programa se inició con el Concierto para cuatro violines en Si menor RV 580 de Vivaldi. La versión de Mutter, Moncado, Marrero y Meehan derrochó vitalidad, energía, precisión y virtuosismo técnico y artístico, con un movimiento central ‘Largo-Larghetto’ cargado de gravità. Todos los músicos -excepto, lógicamente, el clavecinista, los dos cellos y el contrabajo- tocaron de pie durante todo el programa, y observar su gestualidad, sus movimientos de arco en perfecto sincronismo y la comunión expresiva entre ellos fue un atractivo añadido.

La segunda obra de la noche, titulada Gran Cadenza, es el resultado del encargo de Mutter a la compositora Unsuk Chin (Seúl, Corea del Sur, 1961). Se trata de un dúo para dos violines que Mutter interpretó junto con el violinista húngaro-etíope Samuel Nebyu. La obra, de unos 6 minutos de duración, toma el nombre de las cadencias solísticas situadas usualmente hacia el final del primer movimiento de los conciertos clásicos y románticos, y parece mantener ese carácter rapsódico e improvisatorio. Sin embargo, en esta obra todo está en la partitura. Escrita en un lenguaje moderno y mayormente tonal, la obra posee una rítmica compleja y es de gran exigencia técnica. Nebyu se empleó a fondo y estuvo a la altura de su mentora. El resultado fue espectacular.

Debo confesar que la siguiente pieza -última de la primera parte- me resultó, por desconocida, especialmente atractiva. Joseph Bologne, conocido como Chevalier de Saint-Georges, fue un violinista y compositor nacido en 1745 en la entonces colonia francesa caribeña de Guadalupe, fruto de la unión entre un rico hacendado casado y su esclava africana Nanon. Reconocido por su padre, a los 7 años se mudó de manera definitiva a Francia y en el país galo inició sus estudios y desarrolló posteriormente su carrera. La mayoría de sus obras se publicaron en París, ciudad donde conoció a Mozart en 1778. Curiosamente, parece que la influencia estilística de Bologne sobre el joven Mozart fue mayor en ese sentido que en el inverso. Sea como fuere, este Concierto op 5 nº 2 suena mozartiano en su elaboración melódica, además de seguir el canon estético del concierto clásico, con un primer movimiento en forma Allegro Sonata, un movimiento central lento y un ‘Rondeau’ final.

Desde su posición de solista en el centro del escenario, Mutter dirigió a los 12 músicos -todos los Virtuosi, salvo el clavecinista- con una inteligente combinación de libertad y precisión. Realmente el entendimiento entre los músicos parecía tan profundo que no era necesaria mucha gestualidad para coordinar voluntades y expresión artística. Destacaría dos aspectos de la interpretación especialmente cuidados: por un lado, la calidad del sonido, limpio y cristalino, de la solista; por otro, el sincronismo e interiorización de los tempi durante el ‘Rondeau’, que hizo pulsar a la orquesta como una única entidad.

¿Qué se puede decir de Las Cuatro Estaciones de Vivaldi en versión de una de las mejores violinistas del mundo y de un grupo de jóvenes intérpretes de enorme talento y cualidades? La experiencia electrizante, casi sobrecogedora, supuso un auténtico disfrute sensorial para la vista y el oído. Resulta asombroso comprobar cómo, con una célula a base de tan solo dos notas, las violas Hwayoon Lee, primero, y Sara Ferrández, después, fueron capaces de enriquecer el carácter expresivo de su acompañamiento en el movimiento central, ‘Largo’, de la Primavera.

O cómo el cello Lionel Martin, junto con Johannessen al clave, acompañaron magistralmente a la solista en la sección final del ‘Allegro non molto’, movimiento inicial del Verano. La limpieza y riqueza del sonido, junto con la perfecta afinación y sincronismo de las cuerdas, fueron rasgos interpretativos destacados del contundente ‘Presto’ con el que concluye el Verano.

Los contrastes dinámicos y la variedad de ataques en el ‘Allegro’ inicial del Otoño -tomado a un tempo ligeramente más reposado de lo habitual- resultaron sumamente expresivos, al igual que lo fueron los golpes sincronizados de arco que otorgaron una extraordinaria pesadez al sonido en el último movimiento, también ‘Allegro’, imitando los cazadores y sus cuernos de caza.

El característico pasaje sul ponticello en crescendo al comienzo del primer movimiento del Invierno, y los pizzicati en el ‘Largo’ -la Pioggia- fueron ejecutados con una perfección insuperable.

El público, que a lo largo de los cuatro conciertos había aplaudido de manera desordenada, casi aleatoria, entre movimientos, recibió un premio a su insistencia en forma de propina, con una adaptación para orquesta de cuerda de la expresiva melodía -Tema- compuesta por John Williams para la película The Long Goodbye -Un largo adiós- de 1973, y recogida en un CD que Mutter grabó en 2022 para Deutsche Grammophon con la Orquesta Sinfónica de Boston, coincidiendo con el 90 cumpleaños del famoso compositor de música cinematográfica. Ese CD, que recomiendo, recoge, además, la primera grabación del Concierto para violín nº 2 de John Williams, dedicado y escrito para Mutter. 

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