El objetivo de este maravilloso concierto es reunir obras de compositores europeos de finales del siglo XVII y comienzos del XVIII que influyeron en Londres durante esta etapa e interpretarlas con solo dos instrumentos, el clave de Alexander von Heißen (o Heissen), y la flauta dulce de Max Volbers. Ambos son músicos excepcionales, como pudo constatar esta tarde el público que colmaba el auditorio de la Beethovenhaus (Casa de Beethoven) en Bonn.
El programa es el mismo que el de su álbum Foreign Masters (sello Berlin Classics), lanzado recientemente y reseñado en nuestras páginas. La reproducción discográfica, con gran belleza de sonido, es resultado de una grabación íntima y de rica textura. Pero la presentación en vivo, a no dudarlo, alcanzó niveles superlativos y dejó maravillados a los espectadores. Volvers -docente en la Universidad Mozarteum de Salzburgo, donde se formó con Dorothée Oberlinger- y von Heißen se encuentran de gira por Alemania y se aprestan a realizar una tournée europea.
Inagotable
Todo rueda en torno a una muestra de una docena de piezas representativas de Georg Friedrich Händel, Giuseppe Matteo Alberti, Johann Christoph Pepusch, Giuseppe Sammartini, Giovanni Stefano Carbonelli, Francesco Geminiani, John Loeillet, Jaques Paisible, Alessandro Scarlatti, Francesco Barsanti y Arcangelo Corelli en sus diversos estilos. Algunos de ellos son creadores casi desconocidos u olvidados y merecen un reconocimiento más amplio.
Más allá del aspecto puramente musicológico, hay que dejarse llevar por el placer de escuchar los sonidos cautivadores que ofrecen estos dos intérpretes de elocuencia inagotable, así como por la presentación del programa, plena de anécdotas y buen humor. Además, el panorama musical de aquellos tiempos abunda en compositores increíbles, cuyas obras contienen combinaciones improbables para el oído moderno.
Sensualidad
En el caso de los movimientos dancísticos, estos presentan arreglos diferentes de una a otra composición. La escritura revela un gran refinamiento y el uso de tonalidades inusuales, incluso un tanto desafiantes, para los instrumentos, una manifestación de auténtica audacia sonora.
En este fabuloso conjunto de sonidos de flauta, que resulto de todo menos monótono gracias a la abundante inventiva melódica de estas piezas, el binomio Max Volbers-Alexander von Heißen exhibió una excepcional calidad instrumental. La flauta dulce de Volbers, que interpretó en varias versiones, tenor, alto, soprano, sopranino, rivalizó en destreza y sensualidad sonora.
Asombroso potencial
El clave de von Heißen ofreció un suntuoso telón de fondo. Mas en la Suite en la menor de Jaques Paisible el solista (profesor en el Conservatorio de Música y Teatro Felix Mendelssohn Bartholdy de Leipzig) entregó una virtuosísima interpretación en un tono rico y redondo, con armónicos claros y hermosos en toda su extensión. Su diáfana interpretación exaltó el asombroso potencial de la pieza.
De todas estas composiciones, cuidadosamente seleccionadas, Volbers y von Heißen destilan su esencia tanto en la flauta dulce como en el clave con su característica soltura y precisión estilística. Algunas de las obras reflejan sutilmente la efervescencia científica de la era posterior a los descubrimientos de Galileo Galilei y Johanes Kepler en astronomía, por ejemplo. Todos experimentaban. La varidad de las exploraciones compositivas de un Carbonelli o de un Sammartini es asombrosa y parece ilimitada.
Inventiva notable
El binomio Max Volbers-Alexander von Heißen se deleita en revelar estas obras musicales únicas, impregnándolas de vivacidad. El clave y la flauta dulce se fusionan en la Sonata en si menor (1712) en siete movimientos de Händel, con una alternancia de tempos lentos y rápidos, incluso dentro de la misma sección. A lo largo de estas piezas, cada una con su propia atmósfera distintiva, los músicos demuestran una precisión notable y un dominio innegable del fraseo y los matices. El armonioso diálogo entre los instrumentos se ve realzado por la riqueza sonora del clave.
El concierto continuó con la Sonata op 5 nº 12 La Follia de Corelli, en un solo movimiento. De hecho se trata de una serie de variaciones sobre un tema expansivo y efusivo de expresión enfática. Este se despliega en multitud de variaciones, sucesivamente lentas y animadas, desplegando una inventiva notable y, a menudo, una concisión impactante.
Gusto refinado
Se cultiva el elemento sorpresa, pues más de una vez el público tiene la impresión de que todo ha terminado, solo para que la música se reanude, a veces suave, otras veces agitada, puntuada por interjecciones del clave, balanceos danzantes, trémolos y momentos de calma antes de que la música se reanude con renovado vigor.
Estos últimos minutos parecen destinados a durar eternamente o, al menos, a encapsular en sí mismos el espíritu de estas sonatas: un toque de "locura", a menudo desenfrenada, pero razonada y siempre imbuida de un gusto refinado.
Aclamaciones y un bis (apropiado para esta ocasión), las Variaciones (WoO78) de Ludwig van Beethoven sobre God save the King, el himno nacional del Reino Unido, pusieron fin a esta agradabilísima velada en la siempre acogedora Casa del Genio de Bonn.
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