Programa atractivo y coherente el presentado por la Orchestre National de France - ONF en la Casa de la Radio. En la primera parte, antes de la Primera sinfonía de Rachmaninov, una obra de quien la estrenó, Alexander Glazunov 1, y otra de quien fuen maestro de Rachmaninov, Taneiev. Tres obras además casi del mismo momento (1884 la de Taneiev, 1895 la de Rachmaninov y 1900 la de Glazunov). Y más allá de la coherencia del programa, ¡qué hermosas obras las tres!
En un momento dado parece Stanislav Kochanovsky un tanto perdido en los meandros entusiastas de Glazunov, pero pronto retoma el control. Y qué bonita es esta Obertura Solemne (que más que solemne se nos aparece sobre todo festiva), qué hermosos temas, qué inteligentemente construida: Dan ganas de escuchar más Glazunov.
Y de la brillantez de Glazunov a la sobriedad de Taneyev. Hay algo de la profundidad brahmsiana en esta Cantata San Juan Damasceno, un dejar de lado lo que no sea esencial, en sincero homenaje a la música de Juan Sebastián Bach. El Coro de Radio Francia, magníficamente preparado por Josep Vila i Casañas, suena como cuatro voces nítidas, del susurro al estallido, muy bien timbradas, muy redondas, en particular en ese hermosísimo final, tal vez uno de los más bellos del repertorio (ahí es ná).
En la segunda parte, una sinfonía que se encuadra a la vez en la tradición romántica y a la vez sorprende por la originalidad de sus motivos y la forma en que son utilizados, la Primera de Rachmaninov. Kochanovsky la dirige con entusiasmo. Y con mimo.
La ONF suena tan bien como siempre. Sus solistas se lucen. En particular el clarinetista. ¡Porque qué pedazo de clarinetista! El clarinete ha brillado cantando con dulzura las melodías de Glazunov, pero es que en el final del tercer tiempo de Rachmaninov, con Kochanovsky suavizando, suavizando las cuerdas, el clarinetista da una lección magistral de control de volúmenes, de fraseo, de sensibilidad. Un precioso momento. En el cuarto movimiento, la orquesta pone toda la carne en el asador y da una demostración de agilidad y temperamento.
Entusiasmo del público.
1. Según los cronistas, en el estreno de la ‘Primera sinfonía’ de Rachmaninov, Glazunov estaba borracho, y aquello fue un desastre del que el propio Rachmaninov tardó tres años en recuperarse.
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