Raro director (1932-2015), con su amplia producción discográfica y tan pocos conciertos 'en directo' en sus últimos años. ¿Puede el disco sustituir al concierto? Ciertamente ha sido una tentación grande para muchos intérpretes que creían que de este modo podrían hacer mejores interpretaciones y/o llegar a más gente. No está claro si este era el caso de Païta, porque en ningún momento de su carrera -ni siquiera cuando se estaba estableciendo- se prodigó mucho. Algunos dicen que el problema era su carácter, que hacía que no se llevara bien con las orquestas: o sea, incluso cuando el concierto era un éxito o daba lugar a una grabación, la orquesta no lo volvía a contratar.
Tampoco es que se sepa gran cosa de su biografía, y las críticas musicales que se le hacían eran muy variadas, e iban desde las extremadamente negativas hasta las muy entusiastas. Lo que parece evidente es que no era un director 'de su tiempo': o sea, que en un momento en que la aparición de la 'interpretación históricamente informada' y en general de unos directores bastante cerebrales había puesto de moda una música mucho más sobria, ¡Païta no era sobrio!. Las referencias de su estilo son sobre todo a , , su maestro , , e incluso o . Figuras "anticuadas" en la época de Païta pero que sin duda todavía tenían grandes adeptos. Païta además consiguió una serie de mecenas, principalmente en Suiza, que le ayudaban en su carrera y en sus grabaciones (hasta el punto de crear un sello discográfico, Lodia, para sus grabaciones).
El sello Le Palais des Dégustateurs, en colaboración con el Studio Theatre Alexandre Paita (su hijo), está realizando una amplia labor para recuperar sus grabaciones, que en su mayoría no eran accesibles (tanto Decca como Lodia han desaparecido), lo que le ha valido la concesión de 'Sello del año 2026" en los International Classical Music Awards (ICMA) a Le Palais des Dégustateurs, "por su reedición de las grabaciones de Carlos Païta". Creo que este es el noveno disco de Païta que publican (en realidad el duodécimo, porque tres son dobles) desde mayo de 2024. Este disco, procedente de los fondos de Decca y de Lodia, salió a la venta en febrero de 2026.
Haciendo Wagner y Mahler, Païta suena francamente exuberante, exaltado incluso. El Viaje de Sigfrido por el Rin comienza suave, incluso tranquilo de más, para ir intensificándose progresivamente, sin prisa, y llegar a una intensidad expresiva que suena a Tristán más que a la Tetralogía, mientras el final es extremadamente lento. Muy bien el sonido de los vientos, especialmente las maderas, mientras las cuerdas son más 'convencionales'. Los contrastes residen más en el fraseo que en la dinámica. En todo caso, una versión muy viva.
Para los dos movimientos de la Muerte de Sigfrido y la Marcha fúnebre, Païta opta nuevamente por una aparente tranquilidad inicial que de un modo muy natural acaba convirtiéndose en la exaltación esperable en este director, y como en el número anterior, cifra el contraste en sonido y fraseo más que en lo estrictamente dinámico, lo que le da mucha fuerza y emoción. Es una cuestión de época, sin duda, pero Païta opta claramente por reforzar la figura de Sigfrido como héroe magnífico más que como humano sufriente.
Aún siendo muy buena su versión de Götterdämmerung, me gustó más la Primera sinfonía de Mahler, quizá porque en Wagner abundan las versiones llenas de pathos, mientras que Mahler, sobre todo en sus primeras sinfonías, a menudo me parece incomprendido por algunos directores que hacen la Sinfonía nº 1 pensando ya en las últimas sinfonías, creando un Mahler siempre igual cuando -así lo creo- compuso sus primeras sinfonías sin saber que llegaría a hacer la 8º, la 9º o La canción de la tierra. Païta no duda en ser incluso ingenuo en algunos momentos, presentando unos temas líricos pero no excesivamente profundos, melódicos y bailables más que grandiosos. En ese sentido el segundo movimiento es ejemplar, la parte inicial y final es una pura exaltación que casi recuerda a Berlioz, mientras el Trío es sumamente sencillo y tranquilo. A Berlioz recuerda también el comienzo de la Trauermarsch, que contrasta netamente con las 'frivolidades' centrales de este tercer movimiento, y sobre todo con el inmenso final de la sinfonía donde hay de casi todo -parece una sinfonía dentro de la sinfonía- para acabar a lo grande, reuniendo tradiciones anteriores que Mahler estaba aún acabando de asimilar, y con unos toques wagnerianos que cierran un disco que empezó heroico y terminó un poco desesperanzado: grande sin duda pero sin el optimismo que algunos ven en esta parte final.
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