Alemania

La Reina de Saba,

Juan Carlos Tellechea
La Reine de Saba
La Reine de Saba © 2026 by La Reine de Saba
Düsseldorf, viernes, 15 de mayo de 2026.
Gran sala de la Ópera de Düsseldorf. Deutsche Oper am Rhein. “La Reine de Saba” (La reina de Saba), gran ópera en cinco actos de Charles Gounod con libreto en francés de Jules Barbier y Michel Carré inspirado en “La Reine de Saba” de Gérard de Nerval, en “Le voyage en Orient”, estrenada en la Salle Le Peletier por la Ópera de París el 28 de febrero de 1862. Versión de concierto en francés con sobretítulos en alemán. Reparto: Balkis, reina de Saba (Liana Aleksanyan), el rey Soliman (Salomón) (Bogdan Taloș), Adoniram (Sébastien Guèze), Bénoni (Annabel Kennedy), Sarahil (Charlotte Langner/Julia Wirth), Amrou (Andrés Sulbarán), Phanor (Jake Muffett), Méthousaël (Valentin Ruckebier), Sadoc (Jacob Harrison). Coro de la Deutschen Oper am Rhein preparado por Albert Horne. Orquesta Duisburger Philharmoniker. Dirección musical Hendrik Vestmann. Asistencia 100% del aforo.
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La ópera olvidada de Charles Gounod, La Reine de Saba (La reina de Saba) fue estrenada entre aclamaciones del público esta tarde en versión de concierto en la Ópera de Düsseldorf, con dirección musical de Hendrik Vestmann al frente de la orquesta Duisburger Philharmoniker.

Escasas son las puestas en escena y las grabaciones de esta obra. Durante décadas, una antigua grabación en LP de BJR de una representación que tuvo lugar en Toulouse en 1970 ofreció una muestra (aunque acústicamente limitada) de esta música sensual y vibrante, junto con las tumultuosas escenas de multitudes y la explosión final, similar a un cañón (que Hector Berlioz también emplea en su primera ópera, al igual que Camille Saint-Saëns para derribar el templo de Baal en Sansón y Dalila).

Historia

Sorprende, porque pocas óperas poseen, como esta épica oriental de Gounod de 1862, el atractivo mítico de su título: La reina de Saba. Su sola mención, al igual que la de Les Troyens de Berlioz (1856, poco antes), evoca el aroma de la mimosa en una noche sofocante bajo palmeras y cedros, una fragancia que la ópera homónima de Károly Goldmark (1875), con su título en alemán, rememora con mucha mayor sensualidad.

La magnífica primera producción de La reina de Saba estrenada en la Salle Le Peletier por la Ópera de París el 28 de febrero de 1862 fue dirigida por Eugène Cormon, con vestuario diseñado por Alfred Albert y Paul Lormier, y escenografía de Édouard Desplechin (Acto I), Charles-Antoine Cambon y Joseph Thierry (Actos II y IV, escena 2), Hugues Martin (Acto III), y Joseph Nolau y Auguste Alfred Rubé (Acto IV, escena 1).

Preservadas

La ópera como gran espectáculo incluso antes de Aida: palmeras, elefantes o caballos, gigantescas escalinatas, un séquito de extras bien formados, ballet...es impensable hoy en día, una opulencia pasada de moda. Los cinéfilos quizá puedan evocar a Yul Brinner junto a Gina Lollobrigida...bailando la danza del vientre en Technicolor... en una superproducción de Hollywood dirigida por King Vidor.

Las piezas más destacadas, como el aria de Balkis ("Me voilà seule enfin…") y el himno de Adoniram (similar al de Benvenuto Cellini), eran imprescindibles para todas las mezzosopranos francesas y sus tenores, y han sido preservadas hasta nuestros días por cantantes como Félia Litvinne o Roberto Alagna, quien dicho sea de paso, ya tiene también sus problemas desde enero pasado; se quedó sin voz en Londres y ahora el Met de Nueva York ha designado como “cover” al tenor Gastón Rivero).

Adoniram

En fin, a decir verdad, apenas hay un género operístico que sea objeto de tanto desprecio y que esté tan descuidado, no solo en Alemania, como el de la Grand Opéra francesa. Sin embargo, La Reine de Saba de Gounod tampoco tuvo un éxito duradero en su estreno en París el 28 de febrero de 1862 (en Bruselas se estrenó una segunda versión el 5 de diciembre del mismo año).

Y ello, pese a que el libreto cumplía en realidad todos los requisitos del género, ya que ofrecía múltiples posibilidades para una puesta en escena espectacular, además de algunas ideas realmente atractivas (como la glorificación central de un artista plástico, la rebelión de los tres obreros que ven satisfechas sus reivindicaciones sociales con el asesinato de su señor, el amor de una reina que rechaza al pretendiente de su mismo rango y se entrega al enigmático arquitecto Adoniram, cuya apoteosis reconciliadora al final ella asiste al estilo de Isolde).

Esfuerzo encomiable

Sin embargo, adolecía de claras deficiencias en la caracterización de los personajes y en el desarrollo de los escasos momentos dramáticos, y probablemente también se topó con la resistencia de Napoleón III, pues al último no le podía complacer el reconocimiento de un artista situado por encima de un monarca absoluto. Aunque es dable reconocer que Gounod fue el primer francés en utilizar una densa trama de motivos que funciona de manera similar a la de Euryanthe de Weber o a la de las primeras óperas de Wagner.

Liana Aleksanyan, no es, sin duda, la chanteuse falcon que se requiere, y tampoco canta en un francés especialmente idiomático, pero tuvo una buena actuación en la Ópera de Düsseldorf. Y el esfuerzo de la Deutsche Oper am Rhein de haber presentado La reina de Saba de Gounod en versión de concierto es sumamente encomiable.

Las comparaciones son siempre odiosas, pero el entendido se imagina con nostalgia lo que habrían hecho con ese papel una Germaine Lubin o una Régine Crespin, una Michèle Lagrange o una Françoise Pollet (quien...¡al fin y al cabo, grabó el aria «Plus grand dans son obscurité»!).

Fort tenor

Aleksanyan por su parte, cuenta con una soprano de timbre particular, de color ligeramente ahumado y con un vibrato sensual y seductor adecuado, pero carece de la deseable textura exuberante y del volumen necesario, especialmente en el registro medio-bajo y grave, lo que solo puede compensar en parte gracias a la elocuencia de su canto comprometido y al uso ejemplar de seductivos piani.

Excelente fue la intervención del tenor Sébastien Guèze, el fort ténor que se prevé para este papel. La exigente tesitura no le plantea ningún problema audible a este joven tenor heroico, con un legato y un piano potentes, que responde bien hasta los agudos atacados con fuerza.

Sensualidad

Sumamente convincente fue la inclusión en el reparto de Bogdan Taloș en el papel de Solimán con un bajo barítono («si bien este último registro es claramente preferible, porque es capaz de resaltar mejor la sensualidad del rey enamorado»). La sensualidad no depende del registro vocal, sino del timbre o de la interpretación de un intérprete concreto, y en ese sentido Taloș, con su barítono potente y rico en matices tuvo mucho que ofrecer esta tarde. Fue muy aplaudido en su comprometida aria «Sous les pieds d'une femme».

La mezzosoprano Annabel Kennedy (en el papel de Bénoni, el ayudante del arquitecto Adoniram) alcanza buenos niveles, especialmente agradables en piano y mezzoforte. Kennedy responde muy bien a las exigencias del personaje propias de una soprano lírica. Los tres obreros (oficiales albañiles): Amrou (Andrés Sulbarán), Phanor (Jake Muffett), Méthousaël (Valentin Ruckebier) tuvieron asimismo una actuación destacada. Los papeles menores, Sadoc (Jacob Harrison), siervo del rey y Sarahil (Charlotte Langner), confidente de la reina, son demasiado breves como para dejar una impresión duradera en el espectador.

Coro y orquesta

Para la parte coral, que no es nada pequeña, el Coro de la Deutsche Oper am Rhein (instalado al fondo del escenario), muy bien preparado por Albert Horne, tuvo asimismo unas intervenciones elogiables con la pronunciación francesa.

La inventiva melódica y el encanto, así como la delicadeza de la instrumentación, que caracterizan gran parte de la obra se pudieron disfrutar de forma ejemplar desde la hermosa introducción, con el sensible director Hendrik Vestmann, quien garantizó en todo momento una tensión constante y una ejecución precisa, además de evitar una dulzura excesiva al frente de la orquesta Duisburger Philharmoniker, instalada en la parte delantera del escenario.

Esta versión de concierto de La reina de Saba de Charles Gounod fue grabada por la emisora de radio WDR 3 y será emitida en el otoño próximo en la audición ARD Opera. Después podrá ser escuchada durante 30 días en WDR 3 Konzertplayer.

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