La Sarahbanda, singular formación surgida de la innovadora e inquieta visión de la célebre trompista Sarah Willis (de la Orquesta Filarmónica de Berlín), fue ovacionada y vivada este sábado en el tradicional Mozartfest de Augsburgo al término de un apasionante espectáculo de ritmos cubanos fusionados con toda naturalidad con la música de Mozart. La sala de la época del Barroco donde tuvo lugar el concierto estaba colmada de público. Las entradas habían quedado agotadas desde hacía meses.
Willis y sus excelentes músicos lograron llevar a escena, con hábil dramaturgia e inteligente coreografía, los sonidos que se escuchan en cualquier esquina de barrio de La Habana, pero combinándolos con la trompa, un instrumento no característico de las orquestas cubanas. Con La Sarahbanda, Sarah Willis ha logrado aunar su pasión por la música y el baile cubanos elevándolos a un nivel completamente nuevo.
La actual situación en Cuba no podría ser más difícil, afirmó ante los emocionados espectadores:
Pero cuando los cubanos tocan música, cantan y bailan no se nota nada de las enormes dificultades que están pasando.
Willis visitó Cuba por primera vez en 2017 y quedó prendada de su gente y su música. Uno de los músicos locales le comentó que Mozart habría sido un buen cubano, lo que la inspiró a regresar a Cuba y grabar varios álbumes titulados Mozart y Mambo). Quedó cautivada no solo por la calidad de la música local, sino también por el profundo amor de los cubanos por su música.
Rápidamente sintió una conexión con los músicos y su música popular, ya fuera salsa (timba, como la llaman los propios cubanos), mambo, son o bolero. La Sarahbanda demuestra un gran talento con sus interpretaciones, sus integrantes tocan con gran entusiasmo y espíritu. Un euro de cada álbum vendido va a parar a un fondo que Sarah Willis ha creado para dotar de nuevos instrumentos a los estudiantes de música en Cuba.
La Sarahbanda interpreta a Mozart con delicadeza. Su sonido es claro, con la calidez apropiada y agradablemente brillante. La alegría de sus interpretaciones es palpable y el público la siente de inmediato bajo la piel. Los tempos están bien elegidos, con el romanticismo del concierto fluyendo con espontaneidad y sin ser demasiado ampuloso.
Willis describe así las características de su orquesta:
La esencia de La Sarahbanda es que somos una familia. Cada vez que hacemos música juntos, estamos deseando volver a vernos. Nuestros conciertos son siempre una gran fiesta sobre el escenario, y donde hay mucho amor, hay buena música.
Esta fue la primera vez que el conjunto se presentó en el Festival de Mozart y en la barroca Kleiner Goldener Saal (Pequeña sala dorada), del histórico colegio de los Jesuitas en Augsburgo, donde en 1721 ingresaba como alumno, a los dos años de edad, Leopold Mozart, quien más tarde se convertiría en el padre del célebre compositor Wolfgang Amadé Mozart.
Leopold Mozart mantuvo el vínculo con su ciudad natal durante toda su vida y también hizo allí escala con sus hijos en sus giras europeas de conciertos. La casa donde nació está a la vuelta de la esquina del colegio y la residencia donde vivió posteriormente, hoy museo, a unos 150 metros de distancia, explicaba el director artístico del Mozartfest, Simon Pickel, a Mundoclasico.com antes de comenzar el recital.
La Sarahbanda venía de debutar con gran éxito en el Reino Unido, donde en la víspera había ofrecido un concierto en el Royal College of Music de Londres, y el 12 de mayo en el Stoller Hall de Manchester. En ambas ciudades organizaba además talleres de música cubana para jóvenes estudiantes, tanto de la mancuniana Chetham's School of Music como del londinense Real Colegio de Música. La orquesta continúa en junio su gira por diversas ciudades centroeuropeas, entre ellas Dresde y Viena.
El concierto comenzó con El bodeguero, el famoso cha cha chá de Richard Egües, con arreglos de , para ir haciendo boca, antes de tocar la Romanza, de Wolfgang Amadé Mozart, con arreglos de (el pianista de esta tarde). La Sarahbanda está formada además por la trompista Sarah Willis, la violinista Amelia Febles Díaz, el saxofonista , el trompetista Frías, el contrabajista Carlos García, y los percusionistas y . Los siguientes temas de la velada fueron Rondo alla Rumba, Pa Pa Pa y Sarahnade Mambo, también de Mozart y arreglos de Olivero.
En la segunda parte, el programa incluyó Chan Chan de Compay Segundo, con arreglos de Jorge Aragón, La Comparsa de Ernesto (arr. La Sarahbanda), con la intervención solista de Amelia Febles Díaz; Pare Cochero de (arr. La Sarahbanda), Quizás, quizás de (arr. La Sarahbanda), El Manisero de (arr. Jorge Aragón), y a los bises, tras las interminables ovaciones del público, El cuarto de Tula de Sergio Eulogio González y Siaba (arr. La Sarahbanda).
Un sol espléndido acariciaba a la ciudad de Augsburgo este sábado, tras varios días de lluvia, y Sarah Willis, admirando su luminosidad a través de los ventanales de la sala mientras tocaba con gran entrega su instrumento, parecía haber echado mucho de menos en las últimas semanas esa calidez en el centro de Europa. El recinto, en el que se celebraban actos culturales en el antiguo colegio de los Jesuitas, está rodeado de hermosos frescos policromados con motivos bíblicos. Hasta los ángeles que rodean el fresco del cielorraso (La Anunciación, obra de Matthäus Günther) de la sala disfrutaban del concierto.
La percusión de La Sarahbanda está compuesta por timbales, congas, bajo y piano, con magníficos solos de Alejandro Aguiar y Adel González. La música de Mozart tocada exclusivamente con claves cubanas suena increíblemente diáfana. Muy aplaudidos fueron los solos de la trompista Sarah Willis, del saxofonista Yuniet Lombida y del pianista Edgar Olivero (asimismo vocalista en algunas de las obras).
El trompetista principal de la orquesta, Harold Madrigal Frías, quien intervino en los arreglos de El Manisero, tanto como solista como a dúo con Willis, fue recibido asimismo con gran entusiasmo por el público. Es notable la excelente integración de la trompa en esta música de baile cubana.
No es que Sarah Willis haya sido la primera en darle un toque cubano a las obras clásicas, pero mientras otros llevan a los grandes maestros a la pista de baile, la celebrada trompista de la Filarmónica de Berlín mantiene a Mozart más cerca de las salas de concierto.
Verbigracia, en Sarahnade mambo Edgar Olivero transforma el primer movimiento de Eine kleine Nachtmusik en una pieza que invita a mover las caderas. Sin embargo, aunque Willis está acompañada por un grupo que encajaría perfectamente en un club nocturno, la elegante, melodiosa escritura de sus partes y la fidelidad a tantos detalles del original sugieren algo un poco más formal.
Dicho esto, cada una de las cinco piezas con influencias cubanas que fueron ya grabadas en su serie de discos Mozart y Mambo tiene una personalidad propia, y la variedad es muy bienvenida. El Rondo alla rumba de Olivero (basado en el final del Concierto, K447) le brinda a Willis la oportunidad de lucirse de manera desenfadada y distendida.
Por supuesto, Mozart es la pieza central de este concierto, y Sarah Willis es una maravillosa intérprete de este genial compositor. En Pa, Pa, Pa (del cuadro IX de La flauta mágica) ofrece una cuidada y variada articulación del aria de Papageno, resaltando el carácter operístico de la escritura solista.
Willis se mostraba serena y elegante en todo momento, contando anécdotas y presentando los temas, así como demostrando su talento para las interpretaciones solistas llenas de carácter y luminosidad. Cuando no toca la trompa, ella se coloca en un segundo plano, baila y acompaña con el güiro o con las claves a la orquesta.
El entusiasmo de los músicos cubanos fue siempre contagioso y el toque sumamente disfrutable por la platea. El toque sensible en los pasajes de piano de las cuatro obras finales de la segunda parte fue absolutamente arrebatador.
Una eclosión de aplausos y ovaciones del público, puesto espontáneamente de pie, puso broche final a esta extraordinaria velada del Mozartfest de Augsburgo, que se realiza anualmente en primavera.
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