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London Symphony Orchestra: Shostakovich, Symphonies Nos. 9 & 10, Gianandrea Noseda

Juan Carlos Tellechea
London Symphony Orchestra: Shostakovich, Symphonies Nos. 9 & 10, Gianandrea Noseda
CD London Symphony Orchestra, Shostakovich: Symphonies Nos. 9 & 10, Gianandrea Noseda. Symphony No. 9 in E-flat major, Op. 70. Symphony No. 10 in E minor, Op. 93. Recorded June 2018, January & February 2020, Barbican, London. Sound engineers Jonathan Stokes and Neil Hutchinson (Classic Sound Ltd). P 2021 & C 2025 LSO live.
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Aunque separadas por un lapso de ocho años, las sinfonías nº 9 y nº 10 de Dmitri Shostakovich tienen ambas que ver con la figura del dictador Iosif Stalin: la Novena desató su ira, mientras que la Décima sería un homenaje póstumo más que irónico. En este álbum en especial, comprendido en la integral sobre las sinfonías de Shostakovich, el destacado maestro Gianandrea Noseda ofrece unas interpretaciones impecables, que se distinguen sobre todo por la fabulosa plasticidad sonora de la London Symphony Orchestra. La grabación fue editada por el propio sello de la orquesta: LSO live y es todo un acierto.

La singularidad de la Novena sinfonía en mi bemol mayor op 70 de Dimitri Shostakovich desconcertó a más de un comentarista. Anunciada como un himno a la victoria soviética, en realidad es todo lo contrario. Su estreno en 1945 por Yevgueni Mavrinski desató la ira de Stalin, que se quejó de la ausencia de voces y, sobre todo, de un gran coro final.

Solo de fagot

Nada de ello se encuentra aquí. En su lugar, una partitura en cinco movimientos de extrema concisión, que rompe con las dos anteriores. El primer movimiento es increíblemente breve, maneja la ligereza y el humor al límite de lo grotesco, ágil como la Sinfonía clásica de Prokofiev.

Le sigue un sutil Moderato que desarrolla una melodía de clarinete sobre pizzicatos de violonchelos, y una original última parte que es en realidad una sucesión de tres movimientos encadenados: un Presto enérgico, una especie de scherzo lleno de bravura, un verdadero festival sonoro de la pequeña armonía y la trompeta solista, seguido de un Largo con solo de fagot (Daniel Jemison) y acordes solemnes de metales, y finalmente un Allegretto de lo más satírico, que vuelve a comenzar con el fagot.

Agudeza sonora

Esta última sección está atravesada por sobresaltos trágicos hasta llegar a una especie de marcha militar paródica que recupera el tono casi burlesco del comienzo de la obra. Mavrinski dirá que Shostakóvich había escrito allí una música:

(...) contra los filisteos, con su complacencia y su pomposidad, su preocupación por dormirse en los laureles (...).

La Orquesta Sinfónica de Londres hace aquí gala de una increíble agudeza sonora.

Lobreguez

Con la Décima sinfonía en mi menor op 93, de 1953, Shostakovich rompió un silencio de unos ocho años en este género musical. Quizá esperada con demasiada impaciencia, le valió a su autor tanto elogios ditirambicos como críticas mordaces y se convirtió en objeto de polémica. Sea como fuere, hoy figura entre los mayores éxitos de su autor.

Sin embargo, quizá su mensaje no sea tan fácil de descifrar. La presente interpretación de Gianandrea Noseda plantea la cuestión, que deja un regusto amargo. Mientras que Guerguiev, en el marco de su integral (2013/2014), veía esta sinfonía como un largo torrente trágico, sin eludir el sentimiento de abatimiento, incluso de opresión, el maestro Noseda se muestra más objetivo y a veces toma distancias que llegan a debilitar lo trágico del mensaje central. Como ocurre en el inmenso primer movimiento Moderato y su clima de desolación, que los rasgos estridentes de algunos instrumentos, como la flauta pequeña, hacen amargos, por no decir lúgubres.

Rayo de esperanza

Los clímax aterradores, como diluvios sonoros, se traducen mejor que los pasajes fragmentados y casi camerísticos. El director opta por suavizar la aspereza de las diferentes combinaciones instrumentales que estos últimos permiten. Lo mismo ocurre con el ritmo motor del Allegro siguiente, que debe acelerarse como una máquina infernal y ser cortado con bisturí, tomado aquí prestissimo y extrovertido.

En el tercer movimiento, donde se encuentra el motivo característico DSCH, las elecciones dinámicas entre el Allegretto inicial y el Largo central no crean suficiente tensión, aunque la lucha entre los dos bloques de cuerdas y vientos se resuelve en una coda pianissimo llena de atmósfera. Noseda domina mejor el singular estilo del finale: la oposición entre sus dos partes, un Andante desgarrador que, de repente, libera en la sección Allegro unas fuerzas energéticas muy discordantes, pero atravesadas por un rayo de esperanza.

Cohesión

Sea cual sea la visión adoptada por el director, hay que destacar la formidable capacidad de los músicos de la LSO para adaptarse a este idioma, la perfección instrumental de todas las secciones, entre las que destacan los instrumentos de viento, y la cohesión del conjunto, que funciona a la perfección.

La grabación en directo, realizada en la sala de conciertos del Barbican de Londres por los ingenieros de sonido Jonathan Stokes y Neil Hutchinson (Classic Sound Ltd), conserva la naturalidad de presenciar y escuchar personalmente un concierto: inmediatez y excelente reproducción del espectro sonoro, desde el fortissimo extremo hasta el impalpable pianissimo.

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