Artes visuales y exposiciones

Amazônia. Indigene Welten

Juan Carlos Tellechea
Amazônia. Indigene Welten Amazônia. Indigene Welten © 2026 by Skira / Bundeskunsthalle
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La fascinante y misteriosa cuenca del Amazonas continúa siendo hasta hoy una gran desconocida para el Hombre ajeno a sus dominios. De continuar su actual y destructiva deforestación, probablemente muchos de sus secretos desaparecerán para siempre del conocimiento humano.

La región, conocida como la Amazonia, sobre una superficie de más de 7,4 millones de kilómetros cuadrados, abarca territorios de ocho países y una jurisdicción ultraperiférica de la Unión Europea: Brasil (68 %), Perú (14 %), Bolivia (10 %) y Ecuador (2 %), mientras que el 6% restante se reparte entre Colombia, Venezuela, Guyana, Surinam y el departamento de la Guayana Francesa.

Ojos y puntos de vista

La imagen difusa y excesivamente simplista de una gigantesca selva primitiva, poblada por pueblos aborígenes que viven allí ajenos al paso del tiempo, reduce esta vasta área, en el imaginario colectivo, a un escenario exótico y estático, moldeado a lo largo de los siglos por las representaciones de personas que no habitan originariamente en ella.

Amazônia. Indigene Welten, Ausstellungsansicht. © 2026 by Simon Vogel / Kunst- und Ausstellungshalle der Bundesrepublik Deutschland.Amazônia. Indigene Welten, Ausstellungsansicht. © 2026 by Simon Vogel / Kunst- und Ausstellungshalle der Bundesrepublik Deutschland.

Una muy interesante y singular exposición titulada Amazônia. Indigene Welten [Amazonia. Mundos indígenas] que tiene lugar desde el 13 de marzo al 9 de agosto próximo en el Centro de Arte y Exposiciones de Alemania (Bundeskunsthalle) en Bonn, en cooperación con el Musée du quai Branly–Jacques Chirac de París, se ha fijado el ambicioso objetivo de presentar a esta región y sus habitantes a través de la mirada y los puntos de vista de los indígenas, sus primeros pobladores, aliados y protectores.

Retos

La exhibición, dirigida por la arquitecta y gestora de proyectos Susanne Annen, es comisariada por el antropólogo Leandro Varison, subdirector del Departamento de Investigación y Educación del Musée du quai Branly-Jacques Chirac, así como por el artista Denilson Baniwa, diseñador y activista por los derechos de los indígenas brasileños.

La Amazonia es un lugar complejo y en constante evolución, en el que las dinámicas sociales y ecológicas se entrecruzan continuamente. El propósito de la muestra es presentar la región amazónica no tanto como un hábitat natural, sino más bien como un espacio cultural; como un lugar en el que se enfrentan y entrelazan habitantes humanos y no humanos, diferentes estratos y entornos sociales, tradición y modernidad, así como los más diversos retos políticos locales y globales.

Adaptación

En el catálogo * que acompaña a la exposición, publicado por el referido museo parisino y Editions Skira, Denilson Baniwa afirma que:

Las investigaciones científicas actuales coinciden en que la Amazonia no se ajusta en absoluto a la imagen habitual de una selva virgen, sino que está formada por ecosistemas marcados por la actividad humana. 
Estos hábitats naturales se han desarrollado durante al menos 13 000 años junto con sus habitantes, quienes —consciente o inconscientemente— han transformado constantemente los paisajes y la biodiversidad de la Amazonia. A lo largo de estos milenios, las personas y el medio ambiente se han adaptado mutuamente”.

Entorno natural

Los responsables de la muestra se han propuesto presentar la Amazonia no tanto como un hábitat natural, sino más bien como un espacio cultural: como un lugar en el que se enfrentan y se entrelazan habitantes humanos y no humanos, diferentes estratos y entornos sociales, tradición y modernidad, así como los más diversos retos políticos locales y globales.

Amazônia. Indigene Welten, Ausstellungsansicht. © 2026 by Simon Vogel / Kunst- und Ausstellungshalle der Bundesrepublik Deutschland.Amazônia. Indigene Welten, Ausstellungsansicht. © 2026 by Simon Vogel / Kunst- und Ausstellungshalle der Bundesrepublik Deutschland.

Al igual que los ríos de la Amazonia se desbordan y transforman el paisaje, esta exposición invita a traspasar las fronteras (geográficas, sociales, ontológicas) que limitan su visión, a comprender la complejidad de esta región y a desmontar las ideas exóticas. A través del acercamiento a las perspectivas indígenas, la exposición presenta una forma alternativa de comprender el mundo, de interactuar en comunidad y de cultivar relaciones con el entorno natural.

Transformación

A diferencia de las mitologías europeas, que a menudo describen la creación del mundo como un acontecimiento único surgido de la nada, los mitos amazónicos hacen hincapié en la idea de la transformación como origen de todas las cosas. No existe un origen absoluto ni un primer mundo ni un ser primigenio que no haya surgido a su vez de una transformación anterior. Para las culturas de la Amazonía, cada nacimiento, cada creación, es la continuación o la transformación de lo que existía antes.

Esta dinámica de la creación nunca cesa: es continua e infinita. Incluso tras la intervención de los primeros seres creadores, que dieron forma a este mundo y a sus habitantes —personas, espíritus, animales, plantas y otros seres— el acto de la creación debe continuar. Si se interrumpe, la existencia corre el riesgo de debilitarse, de desmoronarse, y la vida misma podría desaparecer. Por eso es responsabilidad de los seres humanos preservar la fuerza vital del mundo. A través del conocimiento chamánico, los rituales y las ceremonias, se aseguran de que el acto de la creación continúe y de que la vida nunca deje de circular.

Origen del mundo

Las historias sobre el origen del mundo suelen describir a una Tierra aún joven, en la que elementos como el día y la noche aún no están definidos. Los seres que pueblan esta nueva Tierra aún no se han diferenciado en humanos, espíritus, animales, plantas, seres celestiales o fenómenos meteorológicos. Por lo general, estas figuras pasan de un estado a otro, cambiando al hacerlo su forma o su esencia.

Máscara masculina de la tribu atujuwa, pueblo Wauja, Alto Rio Xingu, Región del Mato Grosso (Brasil). © 2005 by Musée du quai Branly – Jacques Chirac.Máscara masculina de la tribu atujuwa, pueblo Wauja, Alto Rio Xingu, Región del Mato Grosso (Brasil). © 2005 by Musée du quai Branly – Jacques Chirac.

Los mitos de la creación narran estos procesos de diferenciación: enseñan cómo se organizó la vida, cómo tomaron forma las fronteras entre seres y cosas y cómo surgió así el mundo tal y como lo conocemos hoy. En determinadas ceremonias, los tiempos primigenios (aquellos que precedieron a la configuración del mundo) pueden evocarse o incluso recrearse. Se recuerda así el orden establecido por los antepasados y los valores propios de la humanidad.

A veces, esos tiempos primigenios no solo se evocan o representan, sino que realmente se devuelven a la vida: a través del ritual se crea una especie de brecha en el tiempo percibido como «normal», lo que permite a los participantes movilizar las fuerzas de la creación y asegurar así la perpetuidad de la vida y de la humanidad.

Bosque y huerto

A lo largo de los milenios, el medio ambiente y los pueblos que han poblado esa región desde hace al menos 9000 años se han influido mutuamente. Por ello, la Amazonia se considera una región antropogénica: un entorno moldeado, al menos en parte, por la mano del hombre, un espacio biocultural. Los distintos pueblos que conforman este mosaico cultural han desarrollado allí la horticultura. La horticultura se entiende como una configuración del bosque que organiza la diversidad biológica y garantiza así tanto una gestión forestal sostenible como una gran variedad de alimentos. Este tipo de uso del medio ambiente difiere mucho de la agricultura occidental actual, basada en el monocultivo intensivo.

Creación y transformación

Gracias al conocimiento transmitido por sus antepasados, los pueblos indígenas continúan configurando el mundo a través de fiestas, rituales y diversas ceremonias. Enseñan al forastero que el ritmo de la vida no es en absoluto puramente natural, sino que, para ser cuidado, respetado y preservado, requiere la intervención humana. Sin esta atención y cuidado constantes, el orden del mundo podría desmoronarse.

Escena del festival Kwarup, aldea Yawalapiti, Territorio Indígena Xingu (Brasil), 2022, 2023, 2024. © 2026 by Iano Mac Yawalapiti.Escena del festival Kwarup, aldea Yawalapiti, Territorio Indígena Xingu (Brasil), 2022, 2023, 2024. © 2026 by Iano Mac Yawalapiti.

Este legado, que se remonta a tiempos míticos, debe renovarse constantemente: de acuerdo con las estaciones, los ciclos de los animales y las plantas, así como con los momentos de transición importantes en la vida de las personas, como los nacimientos, las iniciaciones, las enfermedades o la muerte. Las acciones necesarias para mantener estos ciclos encierran un gran poder y a menudo implican el cuidado de relaciones —a veces incluso peligrosas— con seres no humanos, cuya contribución es indispensable para asegurar la continuidad de nuestro mundo.

Construir seres humanos

En la Amazonía, la concepción de lo que es el ser humano va mucho más allá de las simples características biológicas. No basta con nacer como ser humano para ser uno pleno, pues los seres vivos encierran en sí mismos múltiples potenciales: pueden desarrollarse tanto hacia el ser humano (y convertirse así en «seres como nosotros») como hacia otras formas de existencia (y convertirse así en un «ser distinto del humano», como un animal, un espíritu o un forastero).

El nacimiento es el primer paso de un largo proceso social que construye a las personas como «seres humanos auténticos» a lo largo de toda su vida: ceremonias de imposición de nombre, ritos de paso, integración en redes de parentesco, prácticas y tratamientos cotidianos o chamánicos, así como el establecimiento de relaciones con «seres no humanos».

Construcción física

En la Amazonía, el cuerpo humano no se considera exclusivamente natural. Desde el nacimiento hasta la muerte, es creado, construido y deconstruido. Un bebé no se convierte en un ser humano simplemente por el hecho de nacer. Ya durante el parto, su cuerpo es tratado para conferirle características humanas específicas: se le da forma, se le adorna, se le perforan partes del cuerpo, se le perfuma y se le alimenta siguiendo prescripciones precisas.

Tras la muerte, los ritos funerarios sirven para «deconstruir» este cuerpo humano y permitir así que el difunto o la difunta se convierta en un «ser no humano».

Maquillaje

La pintura corporal es omnipresente en la Amazonía y va mucho más allá de un lenguaje puramente estético. Es cierto que los indígenas se pintan y se perfuman en muchas ocasiones por puro placer, para embellecerse. Sin embargo, el papel de la pintura no se limita a eso. Los diferentes motivos cumplen varias funciones. Simbolizan una etapa de la vida, un nacimiento o un duelo, una fiesta, una ocasión ceremonial, etcétera.

Tocado con protector de cuello, anterior a 1882. © 2026 by Musée du quai Branly – Jacques Chirac.Tocado con protector de cuello, anterior a 1882. © 2026 by Musée du quai Branly – Jacques Chirac.

También tienen un efecto, ya que curan, protegen, transforman el cuerpo o le infunden ciertas cualidades. Así, el motivo del jaguar confiere a la persona que lo lleva pintado las cualidades de este felino. Muy a menudo, la pintura corporal se aplica junto con fragancias que se obtienen bien de las sustancias utilizadas para teñir la piel, como el rocú, bien de resinas vegetales y, más raramente, de aceites animales. A veces también se aplican sobre la piel plumas de diferentes especies de aves.

Lenguas amazónicas

La Amazonia presenta una diversidad cultural y lingüística que se cuenta entre las más ricas del mundo. Se estima que, antes de la invasión europea a partir del siglo XVI, existían en esta región más de un millón de lenguas. Hoy en día aún se conservan allí más de 300 lenguas vivas, pertenecientes a diversas familias lingüísticas.

Algunas son habladas por miles de personas, mientras que otras solo las hablan unas pocas y están en grave peligro de extinción. A este amplio repertorio de «lenguas verbales» articuladas se suman las lenguas de signos, silbidos o tambores, que integran el amplio mosaico lingüístico de la Amazonía. Además de las lenguas humanas, también existen formas de comunicación utilizadas por los «seres no humanos» que habitan igualmente en la Amazonía, como animales, plantas, espíritus o incluso difuntos.

Contactos

Para los europeos, los pueblos indígenas representan sociedades humanas diferentes que comparten culturas distintas. Pero, ¿quiénes son «los otros» para estos otros? Los mundos de la Amazonia están poblados por criaturas que poseen capacidades humanas: animales, plantas, espíritus, enemigos, espectros, fenómenos meteorológicos… Todos estos «seres no humanos» pueden tener una personalidad propia, intervenir conscientemente en el mundo y compartir una cultura común con sus semejantes.

Muchas de estas criaturas también son capaces de meterse en otra piel: los «hombres del arcoíris» pueden transformarse en una anaconda, el «pueblo del jaguar» puede convertirse en seres humanos y el chamán en un fantasma. La interpretación amazónica de lo que es una «persona» es, por tanto, más amplia que la de los europeos. De hecho, para estos pueblos, las capacidades humanas de actuar, pensar e incluso tener una cultura no están reservadas exclusivamente a los seres humanos.

Entidades sobrenaturales

En tiempos míticos, los seres poseían la capacidad de cambiar constantemente su envoltura física. También tenían habilidades sobrenaturales de creación y transformación. Los mitos explican cómo los humanos perdieron estas capacidades y se volvieron mortales. Sin embargo, siguen manteniendo relaciones con estas entidades sobrenaturales.

Algunas de estas relaciones son peligrosas, pero necesarias, como invocar a estos seres para curar a un enfermo o transformar el cuerpo de los jóvenes iniciados. En este caso, las relaciones se establecen durante rituales que crean un espacio en el que se invoca de forma controlada a los tiempos míticos y a sus seres.

Sin embargo, los encuentros con estas entidades también pueden ser acontecimientos fortuitos y, en ese caso, resultan especialmente peligrosos: encontrarse en un sueño o en el bosque con un desconocido, ya sea en forma humana, vegetal o animal, suele conllevar un riesgo. El ser puede revelarse como «no humano» y traer enfermedades e incluso la muerte.

Enemigo, muertos y blancos

La condición de ser humano —un ser que se nos asemeja— no es ni fija ni absolutamente permanente en la Amazonia. Ser humano es más un estado que una cualidad incondicional. Según estas creencias, un miembro de la comunidad indígena puede, por ejemplo, convertirse en un espíritu o en un animal bajo la influencia de una enfermedad.

En ese caso, es necesario el tratamiento de un chamán para que el enfermo pueda recuperar su condición humana. Otras transformaciones, como la muerte, son más drásticas. Algunos pueblos mantienen relaciones positivas con sus difuntos, mientras que otros los mantienen alejados. En ambos casos, los difuntos pierden su condición de seres humanos y se convierten en otra cosa.

Otros pueblos indígenas, vecinos o más lejanos, que hoy se consideran «primos» y, por tanto, aliados, podían ser considerados enemigos en el pasado y, por lo tanto, excluidos del género humano, o bien vistos como seres humanos incompletos o caídos.

Los blancos son otra categoría, claramente más reciente, de «otros». Esta alteridad (a la vez temida y anhelada) no se basa en la raza o el color de la piel, sino más bien en una forma fundamentalmente diferente de ver el mundo.

Comprender y explorar mundos

Los pueblos indígenas de la Amazonía comparten con la ciencia occidental algunos métodos, como la experimentación empírica. Así, por ejemplo, pueden predecir el inicio de la temporada de lluvias observando la migración de ciertas especies de aves.

Su conocimiento de la ecología se basa en la observación minuciosa de las relaciones entre animales y plantas y sus interacciones, que a menudo escapan a los científicos. El conocimiento indígena también recurre a otras formas de adquisición de conocimiento, como los sueños o las visiones.

Así, un cazador puede, a través de un sueño, convencer a la presa que desea cazar para que acuda a él, y un chamán puede, gracias a sus visiones, visitar la morada de un espíritu y pedir consejo para el tratamiento de una enfermedad. Este conocimiento es dinámico: evoluciona con los cambios del mundo, se adapta a nuevos retos como el cambio climático y se enriquece a través del diálogo con la ciencia occidental.

Visiones y sueños

En la Amazonía, la generación de conocimiento suele estar vinculada a otras realidades o a las relaciones con los «seres no humanos». Los indígenas acceden a estas fuentes de conocimiento en un estado de conciencia ampliado, a veces a través de los sueños o la enfermedad, a veces mediante el conocimiento y las prácticas chamánicas, y a veces mediante la ingesta de sustancias que a menudo se obtienen de las plantas.

A estas sustancias, o a las plantas de las que proceden, se les suele atribuir una personalidad y se las trata con el mayor respeto. Desde la perspectiva occidental, estos cambios en el estado de conciencia son subjetivos y varían de un individuo a otro, en contraste con un entorno considerado «real y objetivo».

Desde este punto de vista, el subconsciente sería producto de la imaginación del individuo. En la Amazonía, en cambio, los pueblos indígenas otorgan un gran valor a tales experiencias, que abren una puerta a realidades y seres a los que no tenemos acceso en estado de vigilia.

Conocimientos de las plantas

Varios pueblos indígenas de la Amazonía utilizan sustancias vegetales como el yopo, la ayahuasca, el tabaco o la coca para alterar de forma específica su estado de conciencia. En Occidente, estas sustancias se denominan «psicotrópicas» y sus efectos, «alucinaciones».

Sin embargo, para los indígenas de la Amazonía se trata de provocar visiones que se consideran absolutamente reales y que permiten el acceso al conocimiento y a otras dimensiones de la realidad, o incluso el contacto con «seres no humanos».

Esta práctica, que llevan a cabo tanto hombres como mujeres, no tiene en absoluto fines de relajación o entretenimiento, sino rituales, espirituales, políticos o médicos y forma parte de una rica cosmología que dota de significado y marco a la experiencia de la visión.

Diversificación del futuro

Primero la colonización europea del siglo XVI y, más tarde, las políticas internas de los Estados independientes de Sudamérica en los siglos XIX y XX tuvieron siempre como objetivo «civilizar» a los pueblos indígenas. Sin embargo, incluso cinco siglos de colonización, los pueblos indígenas siguen conservando sus modos de vida, reinventándolos y transmitiéndolos.

Su resistencia contra las diversas formas que puede adoptar la colonización es más que una simple supervivencia: los indígenas reafirman, a través de sus luchas, sus creaciones y sus conocimientos, a través de su mera existencia, la energía vital de sus mundos.

Mediante la incesante reivindicación de sus tradiciones centenarias, de su forma de habitar la tierra, de concebir las relaciones entre los seres vivos y de imaginar el futuro, ofrecen futuros diversos y múltiples, rompiendo así con la idea de un futuro único impuesta por la globalización.

Mundo monístico

En las sociedades occidentales prevalece la idea (monismo) de que todos los pueblos comparten un único futuro. Este se concibe exclusivamente desde la perspectiva humana y se centra en el individualismo, el Estado-nación, el productivismo, la multiplicación y la acumulación de riqueza, las «nuevas» tecnologías y el mercado global.

¿Qué consecuencias tiene esta dinámica para el planeta y los demás seres vivos? En la Amazonía ha provocado deforestación, contaminación ambiental, epidemias y masacres, apropiación de tierras y pérdida de biodiversidad.

En conjunto, este futuro programado desemboca en la extinción de los mundos indígenas y de las comunidades que allí viven. Según los científicos, la destrucción de la Amazonía ha alcanzado un punto de no retorno: incluso si se detuviera hoy, los distintos ecosistemas ya no serían capaces de regenerarse por completo.

 Mundos de abundancia desbordante

De las sociedades amazónicas se aprende a considerar los bosques como un espacio de relaciones sociales, es decir, como un mundo habitado por seres humanos y «seres no humanos» que interactúan constantemente. En los mundos indígenas, la diplomacia es una competencia indispensable para el diálogo y el intercambio con las plantas, los animales, los espíritus y otros habitantes de estos lugares, así como para una relación basada en el respeto y la reciprocidad.

Esta abundancia de seres diversos, de los cuales los humanos solo constituyen una parte, se refleja en la diversidad de los alimentos. En los mundos amazónicos, el valor central no es la productividad, entendida como la producción masiva de una sola especie, sino la abundancia que se deriva de una inmensa diversidad de especies silvestres y domesticadas. Los huertos indígenas se funden con el bosque; no hay una frontera clara que los separe.

Convertirse en diversidad

Como respuesta al modelo uniformizador de las políticas coloniales, los indígenas se esfuerzan por construir un futuro diverso en el que cada pueblo pueda elegir libremente su propio proyecto social de acuerdo con sus valores.

Sus estrategias para ello son igualmente diversas: proyectos de educación indígena en los que los planes de estudios estatales se adaptan a sus lenguas y tradiciones pedagógicas; la revitalización cultural para «revivir» tradiciones «adormecidas» y conocimientos olvidados; el derecho a seguir viviendo su identidad indígena incluso tras la migración a las ciudades; la decisión política de permanecer aislados en su territorio y rechazar cualquier contacto con el mundo exterior, o, por el contrario, enviar a sus hijos a la universidad.

Además, los indígenas se comprometen cada vez más en el ámbito del arte contemporáneo —que configuran según sus propios criterios de modernidad— para desmontar la idea de que las diferencias culturales implican inevitablemente un anacronismo.

Nota:


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