La arpista francesa Anne-Sophie (París), de quien ya se comentó en Mundoclasico.com su disco Transatlantiques en enero de 2023, ha sacado el mes de marzo pasado un nuevo disco dedicado a un repertorio algo anterior al de Transatlantiques, que 'rememoraba' el viaje a EEUU de Ravel en 1928. En esta ocasión el hilo conductor del disco es el salón musical de Amalie Beer (1767-1854), hoy conocida -o ni siquiera- como madre del compositor Giacomo Meyerbeer / Jacob Meyer Beer, el astrónomo Wilhelm Beer y el poeta Michel Beer.
Amalie Beer inició su salón musical, científico y literario en torno a 1800, pero fue tras las Guerras Napoleónicas cuando se convirtió en uno de los principales salones musicales berlineses, que competía sólo con el de la familia Mendelssohn Bartholdy a partir de 1820 y casi hasta su muerte. Allí se juntaba gran parte de la intelectualidad y artistas judíos, pero también la nobleza alemana gentil, incluso el futuro emperador. La música jugaba un papel fundamental allí, pero no exclusivamente, y muchos de los grandes compositores de la época visitaron este salón regularmente o cuando menos a su paso por Berlín.
Esta es la 'excusa' para el disco de Anne-Sophie Bertrand, que reúne un repertorio quizá demasiado amplio cronológicamente, puesto que incluye incluso las tres Estampes (1903) de Debussy, un compositor nacido años después de la muerte de Amalie Beer, al que se incluye porque su japonesismo parte de figuras como Philipp Franz von Siebold (1796-1866), quien introdujo el arte oriental en Europa -y la medicina occidental en Japón- y era uno de los visitantes regulares del salón de Amalie.
También se salen del marco biedermeier Albert Zabel (Berlín, 1834 - San Petersburgo, 1910), un famoso arpista de la época que fue muy apoyado por la familia Meyerbeer y acabó siendo arpa solista del Teatro Mariinski de San Petersburgo y desarrollando firmemente la escuela de arpa en Rusia. Y por supuesto Nimrod Borenstein (Tel Aviv, 1969), de quien Bertrand toca -en primera grabación mundial- su Capriccio op 107 (2015), un homenaje a Paganini también como guitarrista y mandolinista.
Más relacionados con Giacomo Meyerbeer que con su madre hay que considerar a figuras como Pauline Viardot (1821-1910), otra famosa 'salonnière' que cantó muchas óperas de Giacomo, el cual a su vez frecuentaba el salón de Viardot en Baden-Baden y en París.
Más de la mitad de las obras incluidas en el disco son arreglos para arpa, realizados algunos por la propia Bertrand y algunos del XIX, y en algunos casos las obras originalmente para piano se tocan directamente en el arpa sin que conste arreglista. A veces funciona y a veces no: las Estampes de Debussy pierden fuerza pero suenan bien, sobre todo 'Pagodes'; La alondra de Glinka, originalmente para voz y piano, transcrita por Mili Balakirev para piano e interpretada directamente al arpa es de las piezas que mejor funcionan (acaso porque al ser una pieza poco conocida la referencia pianística es menos clara), lo mismo que ocurre con el Notturno de Fanny Mendelssohn; no me convenció en cambio la versión de la Invitación a la danza de Carl Maria von Weber -tan querido por Amalie Beer que casi lo consideraba su quinto hijo- que pierde casi todo su apasionamiento para convertirse en una pieza simplemente 'encantadora'.
En la obras propiamente para arpa es donde más oportunidades de lucimiento tiene Bertrand, y las aprovecha: preciosa la Fantasía en do bemol de Louis Spohr, casado con una famosa arpista, Dorette Spohr (1787-1834), para quien compuso esta obra de lucimiento técnico además de musical; el Capricho 'La caccia' de Paganini parece compuesto para el arpa recordándonos que Paganini además de violinista era un virtuoso de la guitarra, por lo que la obra funciona perfectamente; y suena muy bien también el desconcertante por momentos Capriccio (2025) de Nimrod Borenstein quien hace una obra intemporal.
Las dos 'fantasías' operísticas de Elias Parish-Alvars (1808-1849) , a quien Berlioz llamó "el Liszt del arpa", y de Albert Zabel (1834-1910) nos permiten descubrir a dos virtuosos del arpa del siglo XIX y otro estilo, parecido pero distinto al del piano, de popularizar los grandes éxitos operísticos. Ambos me parecieron muy interesantes, aunque personalmente me gustó más el británico Parish-Alvars.
¿Con qué historia -en el buen sentido- nos sorprenderá en su próximo disco Anne-Sophie Bertrand? Porque esta recreación de un salón musical de las primeras décadas del siglo XIX y la recuperación de la figura de Amalie Beer ha sido todo un descubrimiento.
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