Reino Unido

¿Combatir en una guerra con música?

Maruxa Baliñas
Ukrainian Freedom Orchestra,  conductor Keri-Lynn Wilson, at St Paul's Cathedral
Ukrainian Freedom Orchestra, conductor Keri-Lynn Wilson, at St Paul's Cathedral © 2026 by Frances Marshall
Londres, martes, 18 de agosto de 2026.
Catedral de San Pablo. Bohdana Frolyak, Gloria. G. Verdi, Messa da Requiem. Natalya Romaniw, soprano. Natalie Lewis, mezzosoprano. René Barbera, tenor. Jongmin Park, bajo. Philharmonia Chorus. Ukrainian Freedom Orchestra. Keri-Lynn Wilson, directora. 2026 Invincible Tour.
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¿Tiene sentido combatir en una guerra con música? La cuestión se ha planteado regularmente a lo largo de la historia, y la verdad es que casi todos los ejércitos han tenido y tienen músicos. Se podría decir que es sólo por cuestiones de propaganda, o que la música militar sólo sirve en tiempos de paz, pero a lo mejor también sirve para la guerra.  

¿A qué viene esta reflexión? Pues a que la Ukrainian Freedom Orchestra ofreció un concierto en la Catedral de San Pablo en Londres dentro de una gira que se ha titulado "2026 Invincible Tour" y a que Olena Zelenska, "Primera Dama de Ucrania" y patrona de la orquesta desde 2023 (se fundó en 2022), escribía introduciendo el concierto que: 

[La Ukrainian Freedom Orchestra] toca para los millones de mis compatriotas ucranianos que no pueden oír esta música en estos momentos: los que están en refugios antibombas, aquellos que se están recuperando de sus heridas en camas de hospital, o los que están defendiendo nuestro país en los frentes de batalla. Los músicos de la orquesta literalmente encarnan a nuestra nación. [...]
¿Puede la música contrarrestar la violencia y la agresión? Estoy segura de que puede. La música rompe el miedo y la indiferencia y en vez de eso reúne a la gente a través de sentimientos compartidos. Y cuando la gente se reúne puede lograr mucho. Sobre todo pueden negarse a tolerar el mal. Pueden negarse a aceptarlo como normal. Pueden hacer lo que puedan, donde quiera que estén, exactamente como está haciendo la Ukrainian Freedom Orchestra.[...]
Que la música y la humanidad puedan ser oídas. Y que la unidad de las personas solidarias alrededor del mundo puedan finalmente  dejar sin poder las armas rusas

Con este planteamiento, el concierto dejó de ser un simple concierto. Y limitarse a escuchar la música y escribir luego sobre ella pasó a ser un ejercicio inútil. O acaso no lo es. Acaso 'hacer lo que se pueda, dondequiera que estemos' sirve realmente para algo. 

El concierto

El concierto comenzó con el estreno de un Gloria (2026) de la compositora ucraniana Bohdana Frolyak (Vydyniv, 1968), escrito especialmente para esta orquesta y que se estrenaba en esta gira de conciertos 2026 Invincible Tourque durante diez días les ha llevado por Varsovia (16 de agosto), Londres, Ámsterdam, Hamburgo, Dublín, y Nueva York (26 de agosto), con un programa centrado en la mayoría de los conciertos en los Rückert Lieder de Mahler y la Séptima sinfonía de Beethoven.  

Malgorzata Liscka (archivera de la orquesta) escribe en las notas al programa sobre este Gloria:

¿Qué podemos esperar de este Gloria? La música de Frolyak es profunda y se sumerge en la reflexión, aunque es sensual al mismo tiempo. Contiene muchos ecos de la tradición: su textura cuidadosamente calculada y la maestría en los detalles estructurales nos acercan a la vanguardia polaca del siglo XX, a la música de Krzystof Penderecki o Witold Lutoslawski. Su aprecio por los efectos de color refinados y las combinaciones inesperadas de timbres nos sugieren, en cambio, una afinidad con compositores como Maurice Ravel o Igor Stravinsky. La tragedia es en realidad una categoría estética clave para interpretar las monumentales aunque noblemente simples obras de Frolyak. La compositora se levanta ante nosotros como una Hecuba, Electra o Antígona contemporánea: llorando sin descanso el destino de los que ama, leal en su pena, transformando en arte un sufrimiento que excede la comprensión humana. 

Desde mi perspectiva, escuchándolo por primera vez, este Gloria es efectivamente una obra pendereckiana, con un lenguaje moderadamente vanguardista y disonante, con cierta tendencia a abusar de la percusión y un poco 'peliculera' en las melodías que utiliza. Se escucha con agrado, pero resulta bastante convencional. 

La dirección de Keri-Lynn Wilson (Milwaukee, EEUU, 1967), canadiense y ucraniana, fue correcta aunque sólo en algunos momentos realmente brillante, como quedó claro en el Requiem de Verdi. Casada desde 2003 con Peter Gelb, gerente de la Metropolitan Opera de Nueva York, y vinculada a la agencia de conciertos Askonas Holt, la carrera de Wilson se ha desarrollado principalmente como directora invitada de ópera y repertorio sinfónico. 

El Requiem de Verdi fue ya la obra elegida por Wilson para el concierto The Concert of the Invincibles que se dió en la Ópera de Lvyv -con sus músicos- en 2023 para conmemorar el primer aniversario de la invasión rusa y se retrasmitió radiofónicamente, convirtiéndose en un hito importante

En esta ocasión se mezclaban intérpretes ucranianos con otros británicos y europeos. La soprano Natalya Romaniw es galesa de orígen ucraniano, la mezzo Natalia Lewis y el tenor René Barbera son norteamericanos, y el bajo Jongmin Park surcoreano; el Philharmonia Chorus es británico; y la orquesta reúne músicos ucranianos residentes en Ucrania con otros que trabajan fuera del país, lo que se notaba en cierta variedad en las vestimentas, siempre dentro del negro establecido. 

Aunque no era la primera vez que escuchaba el Requiem de Verdi en concierto, en esta ocasión me resultó algo distinto, El descubrimiento del Requiem de Berlioz, en una maravillosa interpretación dirigida por Pappano a la London Symphony Orchestra en los Proms, sólo tres días antes, hizo que me fijara más en algunos detalles. Pero también que cayera en las comparaciones, no siempre favorables. 

El Requiem de Verdi depende mucho de los solistas vocales y sin que ninguno de los cuatro resultara malo, no consiguieron ni destacar individualmente ni encajarse entre sí en los diferentes dúos y conjuntos. Como la orquesta tampoco era comparable con la LSO, ni Wilson con Pappano, y tampoco Verdi instrumentando tiene los recursos de Berlioz, el apartado orquestal resultó también levemente decepcionante. El coro fue espléndido y en algunos momentos 'levantó' la obra, pero este no es un Requiem para coro. 

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