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Romanza, Sounds of Passion from Latin America, Rosa Antonelli

Juan Carlos Tellechea
Romanza, Sounds of Passion from Latin America, Rosa Antonelli
CD Romanza, Sounds of Passion from Latin America, Rosa Antonelli (label Albany Records). Rosa Antonelli (piano). Ángel Lasala, Salvador N. Llamozas, Francisca Gonzaga, Ernesto Lecuona, Manuel M. Ponce, Pedro Morales Pino, Ástor Piazzolla, Gerardo H. Matos Rodríguez. 1. Ángel Lasala, Romancero (Prelude) 04:07. 2. Salvador N. Llamozas, Tu recuerdo (Valse) 04:42. 3. Francisca Gonzaga, Lua branca 03:00. Ernesto Lecuona, 4. Bellflower 01:46; 5. Siempre en mi corazón 03:12. Manuel M. Ponce, 6. Momento doloroso 02:00. 7. Malgré tout 03:46. Pedro Morales Pino, 8. Adiós (Pasillo lento) 02:58. 9. Íntimo 04:53. 10. Astor Piazzolla, Chiquilín de Bachín (Valse) 03:16. 11. Gerard H. Matos Rodríguez, La cumparsita (Tango) 03:28. Piano Steinway D. Recorded June 26, 2025 at Samurai Hotel Recording Studio in New York City, NY. Engineer, mixing & mastering David Stoller. P & C 2025 Albany Records, North Hampton NH USA. Albany Records is a PARMA Recordings company.
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Rosa Antonelli tiene el encanto cautivador de una pianista de exquisita brillantez técnica y virtuosismo. En su álbum más reciente, y muy personal, Romanza. Sounds of Passion from Latin America (sello Albany Records, North Hampton, New Hampshire, Estados Unidos), la laureada artista argentina muestra gran estilo y bravura.

El programa lo consagra a la música iberoamericana, su amado refugio espiritual y sentimental de toda la vida. Los compositores que ha elegido para este peripleo son: Ángel Lasala (su admirado maestro); Salvador N. Llamozas, Francisca ''Chiquinha'' Gonzaga, Ernesto Lecuona, Manuel M. Ponce, Pedro Morales Pino, Astor Piazzolla y Gerardo H. Matos Rodríguez.

Música para piano iberoamericana

Su peregrinaje por estos territorios es más extenso, por cierto, y ocupa varias horas de grabaciones de sus anteriores álbumes, bajo el mismo sello: Esperanza, Sounds of Hope; Remembranza. Remembrance of Latin Sounds; Abrazando. Latin Embrace; y Bridges: From Chopin to Piazzolla, su lanzamiento más exitoso hasta la fecha (Álbum clásico del año 2019 de SoloPiano.com).

Steinway Artist desde 1998, Antonelli interpreta muchas de estas obras en sus aclamados conciertos del Carnegie Hall y del Lincoln Center de Nueva York, ciudad en la que reside desde el 2000. Puede que Latinoamérica no sea el primer lugar en el que se piensa cuando se habla de música para piano de los siglos XIX y XX, pero quizá debería serlo, sugiere la pianista en una reciente entrevista.

Toque sincero

El álbum comienza con el fascinante 'Romancero', de Cinco Preludios Nacionales para piano (1970), de Ángel Lasala, de influjo folclórico argentino, que ella entrega aquí con gran emotividad y melancolía. El virtuosismo de Antonelli, su toque sincero y diáfano, está repleto de hondos e inquietantes elementos en interacciones conmovedoras que el propio repertorio promueve.

Quizá hubiera sido una buena contrapartida, alguna de las obras para piano del uruguayo Eduardo Fabini (Sarandí en la corriente, Dos tristes, El Tala, Las flores del monte'..), también con influencia folclórica, como su célebre poema sinfónico Campo (1922), que la orquesta Wiener Philharmoniker interpretara en el Musikverein de Viena y en el Teatro Colón de Buenos Aires, bajo la égida de Richard Strauss.

Valses y tango

De todas formas, el final de este disco lo dejó reservado Antonelli para el tango de todos los tangos, La cumparsita, del uruguayo Gerardo H. Matos Rodríguez, y una pista previa para el melancólico vals Chiquilín de Bachín del gran revolucionario de la música típica rioplatense, el argentino Astor Piazzolla.

El segundo de los temas del programa es Tu Recuerdo, del compositor Salvador N. Llamozas, un ejemplo destacado del vals clásico venezolano de finales del siglo XIX y principios del XX. La composición captura de forma magistral la introspección sentimental y la elegancia melódica típicas de aquella época.

La obra, profundamenté nostálgica, está marcada por el melancólico anhelo que despierta un sentimiento de añoranza de un tiempo pasado e indefinido en el oyente. Rosa Antonelli la entrega de forma seductora y fluida, con un uso delicado y sutil del pedal, que confiere al vals una atmósfera casi etérea y onírica. Es un estilo característico de Llamozas la fusión de las tradiciones del vals europeo (como la de Chopin) con las síncopas latinoamericanas, lo que confiere a la pieza una ligereza danzante pese a su melancolía.

Himno romántico de Brasil

Lua Branca (Luna blanca), de Francisca ''Chiquinha'' Gonzaga, tercera pieza de este álbum, es una conmovedora modinha brasileña (una canción lírica) y una obra maestra de la música urbana del gran país sudamericano. Considerada una de las figuras femeninas más importantes de la historia de la música brasileña, Gonzaga fue feminista y abolicionista, así como pionera en muchos aspectos: la primera compositora de choro, la primera pianista de este género musical nacido en Río de Janeiro y la primera directora de orquesta.

La melodía de Lua Branca destaca por su suave compás de tres por cuatro y una melancolía etérea, casi serotoninérgica, que constituye un puente atemporal entre la música folclórica tradicional brasileña y la música de salón clásica.

La pieza se compuso originalmente para la opereta/burleta de costumbres cariocas en cuatro actos O Forrobodó, de 1912. Mientras que la composición original tenía rasgos satíricos, la canción se fue convirtiendo con el paso del tiempo en un himno romántico y emotivo, gracias a una icónica grabación de 1929 del cantante Gastão Formenti, acompañado al piano por el profeso João Otaviano. Hasta hoy sigue siendo interpretada por pianistas, conjuntos de cuerda y coros en todo el mundo.

Cuba

Un lugar central en el presente repertorio de Antonelli lo ocupa aquí Ernesto Lecuona con dos temas de su vasta obra (de más de 600 composiciones): Campanilla (''Bellflower''), así como Siempre en mi corazón (''Always in my Heart''), escrita para el filme homónimo y nominada para el Oscar a la Mejor Canción Original por la Academia Cinematográfica de Hollywood en 1942 (competencia que perdió ante el monumental éxito de taquilla en ese entonces de White Christmas de Irving Berlin y la película Holiday Inn de Mark Sandrich, con Bing Crosby  y  Fred Astaire).

Campanilla, ampliamente conocida como el tercer movimiento de las Tres Miniaturas de Lecuona (o incluida en diversas recopilaciones de música de salón), es una joya musical impecable y encantadora, así como un brillante ejemplo de la capacidad del maestro cubano para fusionar el pianismo europeo del romanticismo tardío con el impresionismo en miniatura. El compositor, muestra en esta breve pieza una faceta de su arte completamente diferente y delicada, en comparación con sus éxitos arrolladores y de ritmo trepidante, como la mundialmente célebre Malagueña.

El matiz

En este álbum Romanza de Rosa Antonelli, la concisa pieza, de brillante filigrana en el registro agudo que imita directamente el tintineo claro y resonante de pequeñas campanas, dura casi dos minutos (01:46). Bellflower prescinde de la pesada síncopa de la danza afrocubana en favor de un impresionismo aireado, al estilo de salón, similar a Le Coucou de Louis-Claude Daquin o a las miniaturas para piano más ligeras de Maurice Ravel.

Aunque a primera vista no lo parece, la pieza es engañosamente complicada; requiere una independencia absoluta de los dedos, un toque legato cristalino y un control preciso de la dinámica pianissimo para garantizar que las ''campanillas'' no suenen ásperas. De escritura increíblemente escueta -no desperdicia ni una nota- la composición es una de las favoritas de los pianistas que desean mostrar el matiz del tacto más que la fuerza bruta.

Peso emocional

El encanto de Campanilla reside por completo en su velocidad y claridad; capta un estado de ánimo fugaz y luminoso que se desvanece casi tan pronto como comienza. Antonelli da con la clave de la acertada interpretación a través de la uniformidad rítmica combinada con un sutil rubato. No toca demasiado rápido ni demasiado lento, para que no se convierta ni en un ejercicio mecánico ni se desvanezca la ilusión de la Bellflower que repica.

Si bien carece de la solemnidad estructural o del profundo peso emocional de la suite Andalucía, sigue siendo una obra maestra de la pintura sonora y una obra imprescindible para quienquiera que explore con Ernesto Lecuona el repertorio pianístico latinoamericano del siglo XX.

Siempre en mi corazón es, sin duda, la obra maestra de Lecuona en cuanto a melodía pura. Mientras que Malagueña es celebérrima por su virtuosismo volcánico y su ritmo trepidante, Always in my Heart representa la cumbre absoluta de la composición romántica del compositor cubano.

Sutil trasfondo

Compuesta originalmente hacia 1927 con un título diferente, la canción alcanzó la inmortalidad mundial cuando el estudio cinematográfico Warner Bros. la utilizó como tema principal de su película homónima dirigida por Jo Graham. En su origen se trata de un bolero/canción que fue adquiriendo múltiples formatos de gran éxito (canción para tenor o soprano; y exuberante balada hollywoodense).

La versión clásica que toca Antonelli para piano solo se articula en torno a un motivo principal descendente y conmovedor que encarna a una intensa ''saudade'' o nostalgia, el dolor de evocar a un amor perdido. En sus diestras manos, la pianista presenta una hermosa mezcla de romanticismo europeo de finales del siglo XIX (que rememora a Chopin o a Puccini) con la sincopada sensual y oscilante que subyace en la música cubana de principios del XX. Mas ella evita caer en un exceso de dulzura al inyectar un sutil trasfondo de tristeza bajo su superficie hermosa y cadenciosa.

El vacío del duelo

Aunque la reputación de Manuel María Ponce se basa principalmente en sus obras para guitarra, él se consideraba, ante todo, un compositor de piano; es menos sabido que compuso más de 400 piezas para este instrumento. Dejó tras de sí un amplio repertorio que abarca desde danzas de salón hasta fugas eruditas. Su estilo musical surgió de una combinación de romanticismo musical, impresionismo francés, modelos neoclásicos y canciones populares mexicanas.

Momento Doloroso, interpretada aquí por Antonelli con delicadeza, es una miniatura profundamente sombría, melancólica e introspectiva que refleja las tradiciones románticas europeas impregnadas de una honda emoción personal. La pieza, inspirada en el dolor de perder a un ser querido, capta una sensación desgarradora de profunda tristeza y silenciosa desesperación.

A diferencia de sus obras posteriores, caracterizadas por un brillante nacionalismo mexicano o por expresiones folclóricas, Momento Doloroso se mantiene fiel a un lenguaje íntimo y elegíaco. La obra evita los grandes clímax dramáticos y, en su lugar, se desarrolla lentamente para reflejar el silencioso vacío del duelo.

Impresionante

Malgré Tout (para la mano izquierda), de Manuel M. Ponce, en la siguiente pista, es abordada por la pianista haciendo hincapié en la profunda emoción, el lirismo y la narración, por encima de la precisión. En lugar de tratar la pieza como una rígida proeza técnica, Antonelli se centra en gran medida en la línea belcantística; utiliza un rubato flexible —ralentizando y acelerando de forma natural— para que el piano imite la voz humana que clama.

La verdadera genialidad de Malgré Tout es inseparable de su conmovedora historia. Ponce la compuso en homenaje a su íntimo amigo, el famoso escultor mexicano Jesús F. Contreras, quien perdió trágicamente su brazo derecho a causa de un cáncer en el apogeo de su carrera.

Desafiando su discapacidad, Contreras siguió esculpiendo únicamente con la mano izquierda, creando su obra maestra: una escultura de mármol que representa a una mujer encadenada que mira hacia arriba con esperanza, titulada Malgré tout (actualmente en el Museo Nacional de Arte de la Ciudad de México). En un impresionante acto de solidaridad y empatía artística, Ponce compuso la obra exclusivamente para la mano izquierda, reflejando así la realidad física de Contreras.

Toque evocador

Un elemento característico de la interpretación que Antonelli hace de Ponce es su capacidad para encontrar la luz en los espacios oscuros. En sus notas sobre las miniaturas románticas, destaca que, incluso cuando una pieza comienza con una profunda nostalgia o desamor, busca una mezcla de romanticismo y tristeza que conduzca a un final más feliz y esperanzador.

En esta exploración de la música latinoamericana, la pianista entrega seguidamente el pasillo lento Adiós de Pedro Morales Pino. Profundamente nostálgica y conmovedora, la pieza encapsula la esencia del pasillo andino colombiano con un carácter íntimo y de serenata.

El género adopta un aire melancólico y reflexivo, muy cercano a la estructura y el lirismo de un vals. La interpretación de la pianista, cargada de sensibilidad, delicadeza y toque evocador resalta con texturas suaves el carácter sensible del compositor.

Íntimo, es otra de las grandes joyas del pasillo andino lento colombiano, compartiendo ese carácter nostálgico, aristocrático y profundamente lírico que define la faceta más sentimental del mismo compositor. Destaca por un fraseo fluido y sumamente expresivo en el piano (Steinway D) de Antonelli. La composición se apoya en una línea melódica delicada que simula una confesión personal, balanceándose entre la melancolía y una sutil dulzura.

Tangos 

La concertista interpreta todas estas piezas con una naturalidad innata. Profunda conocedora del tango, Antonelli ha dejado reservadas las dos últimas pistas para Chiquilín de Bachín, de Piazzolla, y La cumparsita de Matos Rodríguez. El primero es un tango-vals melancólico cuyas adaptaciones para piano captan la conmovedora y triste atmósfera del original (con letra de Horacio Ferrer).

La pieza está inspirada en Pablo, un pibe humilde de 11 años, que por las noches vende rosas en las mesas del (antiguo) restaurante Bachín (hoy Chiquilín), en el barrio de los teatros de Buenos Aires, cerca de la calle Corrientes; combina una melodía exuberante, al estilo de un vals, con un profundo dolor, una denuncia social y la agitación de la vida nocturna de la ciudad.

En el piano, la composición cobra vida gracias a cambios de acordes sutiles, a veces inesperados, que sostienen el flotante compás de tres por cuatro del vals. Antonelli la interpreta de manera profundamente lírica, muy romántica y narrativa, como un nocturno sumamente sensible, casi clásico. Las tristes armonías cromáticas, que describen el destino del niño, las interpreta con una delicadeza etérea que pone de relieve la vulnerabilidad del chico.

El tango más famoso

La cumparsita, del uruguayo Gerardo Matos Rodríguez, última pieza de este álbum, suena elegante y con profundo lirismo, casi íntimo, en el toque de la pianista argentina Rosa Antonelli. Ella libera este 'tango de los tangos' de la dureza puramente técnica y la encara como una obra de arte clásica y apasionada. Antonelli, ella misma una enamorada del género típico, siente el pulso dancístico de la pieza, y le da la respiración rítmica necesaria, así como los cambios de peso propios de este baile; resalta las líneas melódicas con elocuencia y un tono de piano cálido y cantabile.

La cumparsita, compuesta al piano en 1916 por el entonces estudiante de arquitectura Matos Rodríguez, de 18 años, para la comparsa de carnaval que formaba con sus compañeros de la facultad, pasó de ser una sencilla melodía de marcha a convertirse en un tango como se le conoce hoy en día, con los arreglos que le introdujera en 1917 el músico argentino Roberto Firpo y que desataran en su momento una prolongada disputa judicial por su autoría.

Y ahí sigue, tan campante, el tango más interpretado, grabado y conocido en el mundo entero. La cumparsita cuenta con más de 2 700 versiones grabadas a nivel global. Su impacto es tan profundo que el parlamento de Uruguay lo declaró oficialmente como su Himno Cultural y Popular. Además, en el circuito mundial de las milongas (las reuniones para bailar tango), existe la tradición inquebrantable de tocar La cumparsita como la última pieza de la velada para cerrar el evento.

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