Una fresca y renovada brisa recorrió Colonia (a orillas del Rin) este fin de semana, no solo por la gran inauguración de la Ópera, sino por el promisorio comienzo de la muy aguardada etapa de la directora Marie Jacquot, nueva titular al frente de la WDR Sinfonieorchester.
En un concierto con la laureada pianista Yulianna Avdeeva en la Filarmónica de Colonia, deslumbró al público por la energía revitalizante desplegada, contagiando su pasión a los músicos de la orquesta. Su dirección, incisiva y emocionante a la vez, reveló numerosos detalles imperceptibles en muchas versiones de concierto, detalles que la joven directora francesa finalmente sacó a la luz esta tarde.
Al darle la bienvenida, la directora de Ciencia y Cultura del estado federado de Renania del Norte-Westfalia, Andrea Schafarczyk, subrayó la excelente química y apertura que impera en esta magnífica relación entre la nueva directora principal de la Orquesta Sinfónica de la WDR y sus músicos.
La velada estuvo llena de magia sonora y fuerza visionaria; comenzó con el etéreo preludio de la ópera Lohengrin de Richard Wagner, continuó con el Concierto para piano en fa menor de Frédéric Chopin, con la solista Yulianna ; y en la segunda parte con poéticas sinfonías del romanticismo tardío: Andromède, de la compositora francesa Augusta Holmès, y Le poème de l'extase, del ruso Alexander .
Las primeras notas de Lohengrin crearon el ambiente idóneo de esta seductora dramaturgia. El Preludio del primer acto no es música, sino un espacio que se expande cada vez más con cada nuevo compás, hasta alcanzar tal magnitud que lo abarca todo, tanto a los músicos como al público.
La forma en que consigue la WDR Sinfonieorchester bajo la égida de Marie Jacquot evocar los sonidos más delicados y líricos desde el escenario de la Filarmónica de Colonia, sin llegar nunca a ser demasiado intensos en los pasajes forte es algo que pocos pueden imitar.
Fue todo un placer que el famoso preludio, tan elogiado desde siempre, se interpretara en primer término en esta velada, dando paso a la apasionada, poética y precisa interpretación del Concierto en fa menor de Chopin.
Hay mucho que destacar de la parte solista de Yulianna Avdeeva. La Orquesta Sinfónica de la WDR dirigida por Jacquot empieza con fuerza, entregando drama y emoción en el Maestoso. La entrada del piano, pocos minutos después, tiene una cualidad mágica, distante, brillante y etérea; se lanza con un pasaje casi a modo de cadencia antes de presentar el tema interpretado por primera vez por la orquesta.
El Chopin parisino de mirada soñadora, sentimental y romántico, es evidente en el Larghetto y en las manos de Avdeeva resulta verdaderamente hermoso. Hay aquí momentos maravillosamente tiernos y perfectamente bien expresados en el que los espectadores se sumergieron en un disfrute sin igual.
La solista, ganadora en 2010 del Premio Chopin de Varsovia, primera mujer en conseguirlo desde que Martha Argerich lo alcanzara en 1965, muestra con entrega y hábil digitación en el final, Allegro vivace, el futuro que ya le esperaba a este poeta del piano, un genio incomparable, con sus obras rebosantes de matices y sensibilidad.
Avdeeva, con esa energía y virtuosismo que la caracteriza, dominó el instrumento, al tiempo que transmitió una sensación de intimidad en la pieza interpretada. Al alud de aplausos y aclamaciones siguió un bis, el cadencioso y encantador Grande Valse en la bemol mayor, op 42 de Chopin, tocado con profundidad y convicción por Avdeeva; una obra maestra magistralmente interpretada por esta maravillosa pianista.
Andromède, de , auténtica rareza de la velada, abrió la segunda parte. La inclusión de la obra de una compositora en el magnífico programa elegido para esta tarde marca inequívocamente el comienzo de una nueva era con la titularidad de Marie Jacquot al frente de la WDR Sinfonieorchester.
El poema sinfónico, que en algunos momentos rinde homenaje a La valquiria, de Wagner y al dragón Fafner, evoca el universo sonoro de , maestro de Holmès, cuya relación fuera descrita en la novela César y Augusta (1978) de Ronald Harwood.
Es esta una de las últimas obras de Holmès y se basa en un relato de Las metamorfosis (Libro IV) de Ovidio, que narra cómo Andrómeda es encadenada a una roca para apaciguar la ira de Poseidón a la espera de su muerte a manos del monstruo marino Cetus. Montado en Pegaso, Perseo, quien acababa de matar a Medusa, pasa por allí por casualidad, derrota a Cetus, lo convierte en piedra y rescata a Andrómeda.
Jacquot, dirigiendo a manos libres (esta vez sin batuta), interpretó muy bien la llamativa apertura, una impresionante fanfarria con tres resonantes trombones al unísono, sobre violonchelos de tonos oscuros, que representa el oráculo del inicio del poema, en el que se condena a Andrómeda.
A continuación, un tema descendente sincopado da inicio al Allegro. El lamento de Andrómeda, expresado en un Largo piangendo, se transmite de forma hermosa y muy delicada.
Perseo hace su entrada primero con violines en trémolo y luego con un giro más wagneriano (evocando a la Cabalgata de las Valquirias). La partitura es densa y oscura en todo momento, y Jacquot aportó con gran acierto mucha transparencia a estas texturas. La obra no termina con una perorata triunfal, como podría sugerir su tema, sino con un etéreo pianissimo. La directora no se alargó más de lo necesario en su desarrollo y las brillantes cuerdas finales, así como los arpegios ascendentes de las arpas completaron el reflexivo anticlima final de la obra.
Compuesta en 1883, Andromède no se estrenó hasta el 14 de enero de 1900 y tuvo una excelente acogida. Amédée Boutarel, en un elogioso artículo para Le Ménestrel, consideró que:
[…] la obra merece situarse a la altura de sus predecesoras y es un mérito […] para la producción artística contemporánea […].
La última pieza de este concierto estuvo dedicada al Poema del éxtasis de Scriabin, una obra que el compositor escribió entre 1905 y 1908. El director de orquesta Modest Altschuler, quien ayudó a Scriabin a revisar la partitura en Suiza en 1907, y quien dirigió el estreno con la Sociedad Sinfónica Rusa de Nueva York el 10 de diciembre de 1908, afirmaba que el programa implícito del compositor (no indicado en la partitura) divide la obra en tres secciones:
Su alma en la orgía del amor
La realización de un fantástico sueño
La gloria de su propio arte
Con una orquesta de gran plantilla (con ocho trompas), Scriabin se esfuerza en esta composición, de progresión dramática implacable, por integrar en ella sus ideales místicos y otras preocupaciones de carácter filosófico (o teosófico).
Marie Jacquot al frente de todos los músicos de la WDR Sinfonieorchester desplegó con fuerza todo el esplendor y vértigo de Le poème de l'extase, y lo hizo con tanta comodidad como en el caso de las tres composiciones anteriores.
La obra de Scriabin es una combinación de sinfonía y poema sinfónico, claramente influenciada por Tristán de Wagner y sus ideas filosóficas. El compositor opinaba que equivalía a una mirada profunda a la luz del sol. Sea como fuere, el orgiástico final, con un colosal estruendo orquestal, es en cualquier caso un potente haz de luz musical.
Scriabin concibió su música en pequeñas unidades. Las armonías agridulces que impregnan Le poème de l’extase provienen de acordes que permiten una modulación a casi todas las tonalidades. También las ideas melódicas principales se derivan a menudo de estos acordes, de modo que pueden interpretarse fácilmente como contrapunto dentro del mismo marco armónico inalterado.
Sin detrimento de su armonía cromática, El poema del éxtasis sigue la forma sonata. Al principio aparece un motivo de flauta con la curiosa indicación de interpretación «con placentero ensueño». Pronto, un gesto de trompeta igualmente central, con la indicación de interpretación «imperioso», se enfrenta al motivo de la flauta. Este y otros temas derivados de él se presentan, se combinan y se despliegan en un mundo sonoro de fantástica riqueza cromática.
La gran orquesta rara vez se funde en un tutti, sino que actúa a menudo dividida. En este contexto, los adornos de los instrumentos solistas contribuyen a la gran riqueza cromática. Aproximadamente a mitad de la exposición, la primera trompeta presenta un tema ascendente y descendente que Scriabin denominó «victoria». Precisamente este tema es el que cierra la obra en un arrebato de energía con un estruendoso sonido de trompeta por encima de toda la orquesta: ¡luz resplandeciente, magia solar!
Las aclamaciones del público, puesto espontáneamente de pie en la gran sala auditorio de la Filarmónica de Colonia, se extendieron por largos y más largos minutos. El precioso ramo de flores que recibió Marie Jacquot de mano de los organizadores del concierto se lo entregó a su vez personalmente al solista de trompeta de la WDR Sinfonieorchester, en un deferente gesto de admiración por su extraordinario desempeño.
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