El joven violinista Jacques Forestier debuta discográficamente junto al pianista Boris Kusnezow con el álbum ''Song & Dance'' (sello Warner Classics), una recopilación de obras para violín inspiradas en la voz y el movimiento.
Tras su victoria en el Concurso Internacional de Violín Joseph de 2024 con tan solo 19 años, el álbum abarca desde piezas de gran efecto hasta transcripciones de canciones y música folclórica, y cada selección representa a un compositor que ha desempeñado un papel significativo en la trayectoria musical de Forestier hasta la fecha: desde Johann Sebastian Bach, Johannes Brahms y Eugène hasta Béla Bartók, Richard Wagner y George . La presente grabación es una parte de ese premio.
Manteniendo la 'cercanía a sus raíces' con un repertorio que le llega 'a nivel emocional' y que pone de manifiesto su afinidad por la variedad de estilos musicales y ámbitos expresivos, Jacques demuestra una profunda maestría y sensibilidad musical al analizar la naturaleza polifacética de su instrumento, un Guadagnini (Parma) de 1767.
Otro de los premios que recibió al ganar el referido Concurso Internacional Joseph Joachim fue el préstamo durante tres años de otro precioso Guadagnini, ofrecido generosamente por la Fundación Fritz Behrens. Pero, debido a diversos problemas, tuvo que dejarlo en Alemania durante cuatro meses para que lo restauraran. De ahí que recibiera un Guadagnini del Curtis Institute of Music, que es el que toca en la presente grabación.
Este primer e impresionante álbum del violinista canadiense honra a su afirmativo título, 'Canto y danza, con una interpretación que destila cautivadora serenidad. Hay un ritmo vibrante y oscilante en la forma en que él y el pianista Boris Kusnezow (pistas 1-11, 13-15) interpretan las omnipresentes seis Danzas populares rumanas (1915) de Bartók que se extiende incluso a los movimientos tranquilos, que suenan lejanos y seductores.
Muy bien programado, este es el álbum ideal para quienes Bartók todavía resulta un reto. La Polonesa de concierto de Henryk Wieniawski se percibe como una danza más que como una simple y llamativa pieza de exhibición. La Sarabanda en re menor de Bach está enmarcada por movimientos de las sonatas para solista de Ysaÿe. Todas ellas poseen un equilibrio rítmico convincente.
En cuanto a las canciones, da forma a líneas de largo aliento en tres números de Porgy and Bess de Gershwin, arreglados por Jascha Heifetz, al parecer no tanto como composiciones para lucimiento, sino más bien porque el eximio violinista deseaba poder cantar él mismo estas piezas de su amigo Gershwin, quien falleció sin poder componer el concierto de violín que le había encargado .
Brahms reutilizó sus propias melodías de canciones en su Sonata nº 1; hay algún que otro momento en el que Jacques Forestier toma un giro algo arbitrario, pero, por lo demás, se trata de una interpretación lírica y silenciosamente elocuente.
Quizá la pista más impresionante sea la del solo de Forestier en el Grand Caprice de Heinrich Ernst, básicamente un arreglo del Lied Erlkönig de Schubert. Forestier expresa aquí su dramatismo de forma magnífica, manteniendo desembrollados, bajo un ritmo apremiante, sus entretejidos hilos. ¡Un verdadero tesoro!
A lo largo de este recorrido, el escucha puede disfrutar del maravilloso violín de Jacques Forestier, del brillante piano de Boris Kusnezow y, sobre todo, de la perfecta simbiosis entre ambos, de su refinada elegancia y de su virtuosismo discreto. La grabación, realizada en el Teldex Studio de Berlín por el ingeniero de sonido Wolfgang Schiefermair, destaca por su profundidad y su carácter íntimo, además de por un excelente equilibrio entre los dos instrumentos.
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