Sigue imperando el inverno por estos y otros lares europeos -y no sólo en el clima. Pero hay momentos en que, ateridos pese al calendario, la primavera se hace presente. Con el Mozart más íntimo, en el marco más ideal (la sala del Conservatorio, que tiene la acústica y el espacio justo para estos momentos de ‘pura música’, pero a la que se debería someter a una cura de conservación: está francamente abandonada), y con intérpretes también ideales.
Zaccharias no parecía muy contento al principio, ignoro por qué (en todo caso se invirtió el orden de las sonatas de la primera parte, que fue el que consigno), ya que el diálogo fue justamente eso: y aunque la personalidad del pianista es inmensa, no es avasalladora. Si claramente era el que daba la entrada, hay que ver el equilibrio que había entre los dos ejecutantes. Zimmermann tiene un…
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