¿Calidad en lugar de cantidad? Entre La flauta mágica (1791) y El holandés errante (1843) la ópera alemana produjo como obra maestra, solamente Fidelio (1814). Salvo que bajemos un poquitín el nivel e incluyamos a Der Freischütz (1820), la ópera de Carl Maria von Weber, cuyo título ha sido erráticamente traducido al castellano como El cazador furtivo o El francotirador.
¿O debemos bajar mucho el nivel? Porque este belcantista germano, con toda su vena melódica, no parece alcanzar una convicción dramático-musical similar a Donizetti o Bellini, que ya habían madurado lo suficiente como para librarse del cembalo en las óperas serias. No así Weber, cuya obra maestra, aún aferrada a la forma de singspiel, todavía rompe la fluidez dramática insinuada en inolvidables melodías, arias y coros, con larguísimos parlamentos que todavía son recitados…
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