En la última reposición de esta obra aquí mismo [léase la crítica], hace once años, se vio el espectáculo firmado por Liliana Cavani para la Scala, tradicional y bonito aunque tal vez poco más. No entiendo mucho por qué se tuvo ahora que recurrir a otro, en coproducción con Valencia y Nápoles, que es no tan tradicional y no demasiado bonito.
En la entrada a la platea encontramos bolsas y baúles de inmigrantes y carteles que nos señalan la dirección de la isla de Ellis. La acción ha cambiado de siglo y también de lugar. Es difícil concebir la dichosa isla como una ‘landa desolata’, y más aún comprender por qué no se encuentra agua para la protagonista. Tampoco se entiende que esté ‘sola, perduta, abbandonata’ cuando se encuentra recluida en lo que probablemente es el pabellón de inmigrantes enfermos, que en realidad se asemeja más a una…
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