La presentación discográfica en solitario de Delphine Galou con el album Agitata me dejó más bien indiferente, a pesar de esperarla con curiosidad después de una serie de grabaciones integrales importantes, fundamentalmente de Vivaldi (Orlando furioso en la versión de 1714 y Teuzzone para Naïve, Il Farnace en Dynamic), pero también de Steffani (Niobe, Regina di Tebe en Opus Arte) y Caldara (La concordia de’ pianeti). Sin embargo, después llegaron el oratorio San Francesco di Sales del napolitano Francesco Feo y, sobre todo, su estupenda participación en un Serse referencial y me hicieron pensar que la cantante había empezado a recorrer un camino largo pero importante que podía llevarla a mejores resultados.
Indudablemente, la calidad de la voz, escasa en su condición de auténtica contralto, y el dominio técnico, estaban ahí y hacían…
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