DVD - Reseñas

Verdi toujours, a pesar de Wilson

Raúl González Arévalo

miércoles, 27 de noviembre de 2019
Giuseppe Verdi: Le Trouvère, ópera en cuatro actos con libreto de Émilien Pacini a partir de Salvatore Cammarano (1856), en edición crítica de David Lawton. Giuseppe Gipali (Manrique), Roberta Mantegna (Léonore), Franco Vassallo (le Comte de Luna), Nino Surguladze (Azucena), Marco Spotti (Fernand), Luca Casalin (Ruiz), Tonia Langella (Inès), Nicolò Donini (viejo gitano). Coro y Orquesta del Teatro Comunale de Bolonia. Robberto Abbado, director. Robert Wilson, dirección escénica, escenografía e iluminación. Julia von Leliwa, vestuario. Subtítulos en italiano, inglés, francés, alemán, japonés y coreano. Formato vídeo: NTSC 16:9. Formato audio: Dolby Digital 5.1, PCM 2.0. Dos DVD de 174 minutos de duración. Grabado en el Teatro Farnese de Parma (Italia), del 7 al 14 de octubre de 2018. DYNAMIC 37835. Distribuidor en España: Música Directa.

Siempre es raro Verdi en francés. Jérusalem no ha logrado imponerse frente a la previa I lombardi alla prima crociata; tampoco Les vêpres siciliennes frente a I vespri siciliani, poco representada en general por lo demás. La que más se ha prodigado en los escenarios y grabaciones ha sido Don Carlos, que parece haber ganado popularidad en los últimos años frente a la versión posterior en italiano y cortada, Don Carlo. La que no se representa nunca, y con razón, es Le trouvère, la versión francesa de Il trovatore, aunque ciertamente el Festival Verdi de Parma tenía la obligación de proponerla en escena alguna vez. Ya lo había hecho en 1998 el Festival della Valle d’Itria de Martina Franca, ocasión que también recogió Dynamic para grabarla en CD. Ahora el sello genovés da una oportunidad al título en formato audiovisual, con muy buen criterio.

El éxito en el Théâtre des Italiens de París de Il trovatore llevó al director de la Opéra a proponer a Verdi una adaptación al francés, que el de Busseto cobró como si fuera una obra nueva, encargando además la adaptación de texto y ajustes musicales al nuevo libretista, Émilien Pacini. Realmente, las variaciones entre ambas versiones son pocas: algunas intervenciones en materia de instrumentación, la eliminación de la segunda cabaletta de Leonora “Tu vedrai che amore in terra”; la expansión del final de la obra retomando el tema del “Miserere” tras la muerte de Leonora; y el inevitable ballet para el tercer acto, composición totalmente nueva, de más de veinte minutos, que ya fue grabada en su día por Richard Bonynge en la integral para Decca con Sutherland y Pavarotti (1975), aunque no fue incluido en el trasvase al disco compacto (con buena lógica, pues en la versión en italiano no se justifica su presencia). En definitiva, los cambios no son muy evidentes, salvo por el ballet, y personalmente encuentro más efectivo el final tradicional, precipitado, que la nueva propuesta, que tiene menos fuerza y por suerte no encontró salida en la versión italiana original.

Ciertamente, este Verdi suena raro, las necesidades de adaptar el texto a la música previa en ocasiones provoca extraños resultados. Afortunadamente, Verdi lo resiste casi todo, y por encima de todo y de todos –incluyendo la espantosa puesta en escena de Robert Wilson– queda su música, que en el caso de Le trouvère es tan gloriosa como en Il trovatore, siendo esencialmente la misma.

El problema de las versiones en francés, como de las óperas francesas de compositores italianos en general (para muestra La favorite de Donizetti), es que precisan un equilibrio muy delicado entre melodía cantable italiana y prosodia y estilo galo, con todas las particularidades de la lengua. En consecuencia, son pocos los intérpretes que triunfan sin reparos en el empeño, y esta ocasión no es menos.

La gran triunfadora del DVD es, sin duda alguna, la Léonore de Roberta Mantegna, más aguerrida técnicamente y sutil que Iano Tamar en Martina Franca. Constantemente matizada la parte, con medias voces y pianissimi de gran efecto, exquisita en la palabra –de lejos la que mejor pronuncia en francés– y gran belcantista (con la primera cabaletta ligeramente variada con mucho gusto), causa una impresión espléndida, sin forzar nunca su voz (ni siquiera donde todas lo hacen, los graves del “Miserere”). En última instancia, si su composición resulta fría, la culpa es de la puesta en escena, porque vocalmente está sobrada.

El contraste no puede ser mayor con la convincente Azucena de Nino Surguladze. La georgiana luce unos graves importantes, y aunque es capaz de apianar y matizar (para muestra, su “racconto”), también recurre a golpes de glotis que, si son muy discutibles en italiano, están completamente fuera de lugar en francés. Afortunadamente, se controla en el final de la obra, ofreciendo una gitana de tintes más vengativos que enajenados, sin desmadrarse como algunas célebres colegas. A pesar de la contención de movimientos a la que le obliga Wilson, o de tener que lucir unos cuernos dignos de Maléfica, es la que logra transmitir más emociones.

Entre los hombres destaca Giuseppe Gipali, lejos del canto musculoso que ha impuesto cierta tradición que flaco favor hace a Verdi y a la obra. Preferible a Warren Mok en todos los aspectos, hace un Manrique estimable, aunque no deslumbrante –a pesar del empeño en mantener el Do4 no escrito de la “Pira”, aquí “Bûcher infâme”, hasta el final– porque matiza poco por el mezzo forte perenne en el que se instala y el fraseo no pasa de lo genérico. Me gustó mucho más su Arvino de I lombardi desde Turín.

Tampoco destaca por sutileza el Comte de Luna de Franco Vassallo, con más voz –tiene para dar y regalar– que matices, aunque termina imponiéndose por el dominio de la parte y su canto italiano. Por su parte, Marco Spotti tiene una buena voz de bajo y sirve bien a Fernand, pero se vio penalizado por las imprecisiones en las agilidades de su relato inicial. Correctos los secundarios.

Lo que convence sin reservas, del derecho y del revés, es la prestación del Coro y la Orquesta del Teatro Comunale de Bolonia. La afinidad de ambos con el compositor es patente. El coro mantiene un nivel siempre excelente preparado por Andrea Faidutti, mientras que la riqueza de dinámicas, matices y colores de la orquesta se ve revalidada en cada ocasión, como confirmaba también el reciente DVD de Attila, asimismo publicada por C Major. Por su parte, Roberto Abbado es uno de los mejores directores líricos que ha dado Italia en las últimas décadas. Con una dirección apasionada y amplio sentido del teatro musical, sin renunciar a la elegancia y la sutileza que requiere la versión francesa, sabe apoyar siempre a los cantantes y subrayar las oportunidades de lucimiento para la orquesta, que sobresale en particular durante el ballet. Lástima que la puesta en escena no fuera en la misma dirección.

La propuesta de Robert Wilson no funciona de ninguna manera y se entiende que no suscitara ningún entusiasmo. Verdi es todo pasión y sentimientos, íntimos o públicamente desbocados, y la historia del Trovatore, aunque sea en versión Trouvère, es toda exuberancia. Por eso la visión del director, con unos personajes que nunca se miran ni se tocan, estáticos hasta el paroxismo; ni los colores gélidos, con tonalidades azules, grises y blancas, se corresponden con el espíritu la obra. El ballet, articulado en torno a bailarines actuando como púgiles en un entrenamiento o combate múltiple, no tenía sentido ni con la historia ni con la propia puesta, en la que los personajes parecían figurines a medio camino entre La familia Addams y Eduardo Manostijeras, salvo por el coro masculino, con el bicornio y la gabardina de Napoleón. De la misma manera, la presencia de un Verdi senil sobre el escenario tampoco aporta mucho. Un lástima porque era una oportunidad única.

En definitiva, musicalmente la grabación es superior en todo a la previa de Martina Franca para conocer la versión francesa del Trovatore, pero la puesta en escena juega en contra. Afortunadamente, nos queda la música del maestro. Toujours!

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