Hacía mucho que no retomaba el contacto con una de las
obras maestras de la lírica del siglo pasado (y de cualquier otro). La
capacidad para la ópera de Poulenc no se refleja sólo en este caso, pero sí es
la única ‘a gran escala’, encargada como en los viejos tiempos por Ricordi (y
estrenada en versión italiana en la Scala aunque fue el único caso), y con un
reconocimiento explícito de su autor a una línea de compositores que incluía,
entre otros, a Monteverdi y Mussorgski (que me parecen a mí los preponderantes,
aunque el dúo de los hermanos haga pensar en el también mencionado Verdi). En
especial la referencia al autor de Boris es
la que, particularmente, se me hace más presente.
La ocasión era más que buena
porque era la inauguración de la nueva temporada del Costanzi romano, con una
nueva producción encomendada a una figura de…
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