Hay compañías de ballet que poseen en su repertorio obras con las que
tienen una especial afinidad. Tales piezas son su “especialidad”, forman parte
de su historia y determinan su personalidad. El ballet de Baviera es uno de
esos conjuntos y Onegin, la obra
maestra de John Cranko, es una de esas piezas emblemáticas, sin la cual la
compañía es inimaginable. No en vano el propio Cranko fue su director durante
algunos años. En este sentido, la reposición de Onegin es siempre un acontecimiento de interés y también una piedra
de toque para conocer el estado presente de la compañía.
La función que reseñamos, y que es la primera de una serie de
representaciones de Onegin que se
extenderá a lo largo del presente año, mostró un cuerpo de baile muy
equilibrado, eficiente, con un buen nivel técnico, cohesionado y evidentemente familiarizado
con el…
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