Alemania

La calidez humana de Rattle

Juan Carlos Tellechea
Simon Rattle
Simon Rattle © 2026 by Johann Sebastian Hanel
Essen, jueves, 23 de abril de 2026.
Gran sala auditorio Alfried Krupp de la Filarmónica de Essen. Béla Bartók: Música para cuerdas, percusión y Celesta Sz.106. Ferruccio Busoni: Sarabanda op. 51 de: Dos estudios para "Dr. Fausto". Johannes Brahms: Sinfonía n.º 4 en mi menor op. 98. Bis: Antonín Dvořák, Danza eslava op 72 nº 15 (kolo). Chamber Orchestra of Europe. Director Sir Simon Rattle. 100% del aforo.
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Hacía cuatro años que Sir Simon Rattle no venía a la Filarmónica de Essen. Espectadores de todas las edades colmaban esta tarde el gran auditorio Alfried Krupp para presenciar su concierto con la prestigiosa Chamber Orchestra of Europe. El programa incluía obras de Béla Bartók, Ferruccio Busoni y Johannes Brahms.

Cabe recordar aquí que Sir Simon merece un gran aplauso por ser un pionero de las programaciones alejadas de los manidos clichés habituales, algo que logra con aparente facilidad. La combinación de Bartók con Busoni y Brahms tiene una historia limitada, pero los discursos contrastantes entre sus obras, que representan los entramados del modernismo y el romanticismo respectivamente, encuentran muchos puntos en común en su reverencia hacia lo elemental y las melodías folclóricas.

Bartók

La naturalidad es clave en el lenguaje musical de Rattle, y su gestualidad corporal lo refleja. Casi siempre con una sonrisa, transmite desde el podio un entusiasmo inconfundible por la música que está creando, generando así un sonido exuberante, seguro y lleno de calidez humana.

De este modo, la obra de Bartók, en arreglo antifonal (violines y contrabajos divididos a cada lado, con violonchelos al fondo a izquierda y derecha), fue una muestra de lirismo vital. El timbre orquestal es variado. La precisión y riqueza de la Chamber Orchestra of Europe dio paso a un virtuosismo enérgico, especialmente en el Allegro (segundo movimiento) y en el Allegro molto (cuarto).

Claridad

Todo parecía estar hecho de la misma materia prima, y la forma en que la inquietante quietud del Adagio, tercer movimiento, también conocido como «música nocturna», se exploró con elegancia antes de la irrupción de un suntuoso clímax, prueba de la evidente chispa entre Rattle y la Orquesta de Cámara de Europa.

Desde el inicio (Andante tranquillo) de la Música para instrumentos de cuerda, percusión y celesta de Bartók (Sz 106), las cuerdas se van acercando con cautela, entrelazándose estrechamente pero con una clara distinción entre sí. La pieza está compuesta como un proceso de voces individuales, con cuerdas divididas, y Rattle logra precisamente que esto se perciba con claridad.

Sir Simon revela la estructura de la obra sin atenuar su tensión inherente. Cuando finalmente entra la celesta, emerge como un sonido extraño, iluminando repentinamente la oscuridad previamente construida desde dentro y revelando la riqueza sonora posible bajo la precisa dirección de Rattle. Con sus sonidos expresivos y ritmos húngaros, está totalmente adaptada a la formación reducida de una orquesta de cámara.

Indulgencia

La emblemática obra de Bartók maximiza el efecto estereofónico que ofrecen las dos secciones de cuerda situadas una frente a la otra a los lados del escenario. Con gran ingenio, el compositor incluyó un arpa como instrumento de cuerda y un piano como instrumento de percusión, ya que ambos lo son.

Para mantener los tempos prescritos por el compositor, algunos de los instrumentos se aceleraron ligeramente, pero cabe recordar que el propio Bartók solía tocar tempos diferentes en sus grabaciones a los que escribió en la partitura, por lo que cierta indulgencia es posible.

Frescura

Esta obra suena tan fresca como hace ochenta años, cuando Paul Sacher y la Orquesta de Cámara de Basilea la encargaron, y casi siempre se interpreta con director. Solo un conjunto altamente concentrado y extremadamente bien preparado es capaz de interpretar la música de Bartók. Esto fue precisamente lo que ocurrió bajo la minuciosa dirección de Sir Simon Rattle: una interpretación memorable y magníficamente ejecutada por la Chamber Orchestra of Europe.

A último minuto Sir Simon decidió pasar a la segunda parte del concierto la Sarabande op 51 nº 1 (de Dos estudios sobre el “Doctor Fausto”), obra injustamente olvidada de Busoni, y unirla sin solución de continuidad con la Sinfonía nº 4 en mi menor op 98 de Brahms.

Busoni y Brahms

Transparente, ágil, plástica...así suena esta Cuarta Sinfonía de tonos oscuros cuando Rattle dirige a la Orquesta de Cámara de Europa. Las cualidades de música de cámara de la obra pasan a primer plano. Colocada entre la obra de Bartók y la de Brahms, la sensual Sarabande de Busoni (Molto sostenuto e gravemente) concebida originalmente como estudio orquestal para su ópera Doctor Fausto, despliega una atmósfera mística muy particular.

La pieza impresiona de nuevo por su intensidad. Los matices sombríos, la aspereza wagneriana de los metales, la dulzura italiana del contenido melódico y el ritmo épico a lo Jean Sibelius / Edmund Rubbra  resultan impactantes. Busoni finaliza la pieza en el primer tiempo y pasa de inmediato a la Sinfonía de Brahms.

Casi de cámara

Con ella el compositor completaba su ciclo de obras escritas para orquesta sola. No eran 41, como es el caso de Wolfgang Amadé Mozart ni de nueve como en el de Ludwig van Beethoven, sino solo cuatro. Este op 98 suena elegíaco, meditativo y melancólico...quizá otoñal, en medio de la esperada primavera que estalla por doquier en estas latitudes europeas.

La gravedad es evidente desde el primer movimiento, Allegro non troppo, sumamente complejo, con sus temas principales cargados de ideas secundarias entrelazadas en una obra particularmente lograda, una unidad en la diversidad. El Andante moderato es melancólico, con su melodía de cuerdas en pizzicato y la delicada armonía que añaden ternura y misterio. El enfoque de Sir Simon Rattle es bastante sobrio, favoreciendo la cualidad lírica, y la coda es casi de cámara.

El Allegro giocoso que sigue es un scherzo de falso-verdadero, dirigido con audacia y seguridad por el maestro, quien no intenta enfatizar fondos fantásticos, prefiriendo en cambio dejar que emerja una alegría cruda y exuberante. El final enérgico y apasionado, que recuerda a la forma de la Chacona de Johann Sebastian Bach, está ejecutado a la perfección.

Vitalidad

Aquí, Brahms anima la conclusión de su sinfonía, y de hecho de su ciclo sinfónico, con un arte compositivo sumamente elaborado, empleando episodios contrastantes en forma de variaciones. La atmósfera es seria pero no sombría, y los instrumentos de viento tienen un lugar privilegiado.

Sir Simon, actualmente director principal del Coro y de la Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera (Chor und Symphonieorchester des Bayerischen Rundfunks), tras haber estado al frente de la Orquesta Filarmónica de Berlín y de la London Symphony Orchestra, muestra una vitalidad y flexibilidad notables, manteniendo un control firme sobre los músicos de la Chamber Orchestra of Europe. Las incontenibles y efusivas ovaciones del público fueron agradecidas por Rattle con un alegre final: la Danza eslava nº 15 op 72 de Antonín Dvořák.

 

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