Un tranvía llamado deseo, desgarradora obra cumbre del célebre coreógrafo John Neumeier, inspirada en el drama homónimo de Tennessee Williams, conmovió una vez más al público tras su estreno este viernes por la compañía Ballett am Rhein en la Ópera de Düsseldorf.
Según la trama, la empobrecida dama sureña Blanche DuBois (Sophie Martin), en medio de la ruina de su adinerada familia y numerosas desgracias, busca refugio en la casa de su hermana menor, Stella (Clara Nougué-Cazenave) en Nueva Orleans.
La mujer, con delirios de grandeza, refugiada en un mundo inventado, presumida, altanera y desequilibrada, pierde el contacto con la realidad en un entorno opresivo y hostil. Esta trágica historia de menoscabo, amor, deseo y violencia le valió al escritor estadounidense el prestigioso Premio Pulitzer en 1948.
Basándose en este clásico literario, John creó su propia versión en dos actos de Un tranvía llamado deseo, estrenada mundialmente el 3 de diciembre de 1983 por el Ballet de Stuttgart. Neumeier ha diseñado la escenografía, el vestuario y la iluminación y se ha ocupado de la dramaturgia, así como de la elección de la música (banda sonora).
Al son de la suave, casi impresionista, pero muy seria composición para piano de Serguéi (Visions fugitives, op 22), sensiblemente interpretada en directo (detrás de los cortinados) por Aleksandr Ivanov, la luz cambia a una tonalidad en verde y Blanche parece encontrarse en un jardín.
El hecho de que Neumeier haya podido encontrar la música adecuada sin tener que crear un collage es casi un milagro. La Sinfonía nº 1 de Alfred Schnittke (1969-1972), tan peculiar y conmovedora, encaja a la perfección con la trama emocional; abarca todo, reuniendo estilos musicales muy diferentes, jazz, barroco, clásico, atonalidad: todo se mezcla, todo se encuentra y se aleja. Se incorporan citas de Joseph a Piotr , distorsionadas y exageradas.
El coreógrafo ha adaptado su libreto estrechamente a la música y solo ha insertado pausas entre secciones individuales, que se llenan de silencio y gestos. La agresividad que domina a las personas aquí y que incluso se mezcla con el erotismo, que al fin y al cabo domina todas las relaciones, se hace audiblemente palpable.
Entretanto, la estremecedora secuencia de imágenes que revisitan el horrible destino de uno de los personajes femeninos más fascinantes de la literatura del siglo XX, se ha consolidado como la obra maestra del casi nonagenario coreógrafo.
La segunda mitad del ballet llega a niveles tan violentos de sexo explícito y violencia que el espectador siente como suyo el penoso papel de la víctima (Blanche Du Bois/) y desea que termine lo más pronto posible el tormento al que la somete su violador, Stanley Kowalski (Olgert Collaku). Kowalski, su primitivo cuñado, miembro de la clase inmigrante proletaria, que en esos tiempos incrementaba su influencia y determinación en la sociedad estadounidense, se siente inferior y no puede soportar los aires de superioridad de Blanche.
Solo un maestro como John Neumeier pudo haber coreografiado estos intrincados movimientos al son del sombrío clímax de la música de Schnittke que evocan profundas emociones en el público. Se oyen estridentes y oscuros acordes de órgano que se imponen sobre el estruendo de los metales y la percusión; un salvaje repique de campanas que quieren apagar el zumbido de los violines, como si se estuviera por acabar el mundo y pronto sobreviniera el Juicio Final.
Stanley Kowalski logra su objetivo, ultrajar, subyugar física y psicológicamente a la aristocrática dama sureña y Blanche no tiene más alternativa que sucumbir a la locura. En este instante se puede presenciar todo el tormento del mundo y oír sus estertores. La forma en que Olgert y Sophie Martin dominan estos pasajes mediante la danza y la actuación es una muestra magistral de arte sublime que queda marcada a fuego en la mente de los espectadores.
Blanche, otrora soñadora y nerviosa, busca consuelo tras el suicidio de su marido homosexual, Allan Gray (Gustavo Carvalho), mientras su familia aristocrática cae en la pobreza. En el drama de Tennessee Williams, ella pierde su puesto de profesora por una aventura amorosa con un alumno. Este antecedente no lo incluye John Neumeier en su ballet.
Durante la fiesta de la boda, Allan Gray flirtea con un apuesto joven (Dukin Seo) también homosexual y se destapa su predilección por los hombres. Blanche se siente horrorizada por la escena. Se oye primero un tiro, después varios disparos más, y finalmente Allan muere. En la primera escena de este ballet, la mujer recuerda todos estos terribles momentos sentada al borde de la cama en una manicomio, donde ha sido internada. Así de duro es este comienzo, ni clínica ni sanatorio psiquiátrico, sino loquero, sin más vueltas.
La segunda mitad de este primer acto se denomina Belle Rêve, gran sueño, rememorando el baile de la fiesta. Este, a diferencia del segundo acto, es bastante estático. Mientras Blanche expresa su alegría por el acontecimiento, los invitados a la boda permanecen impasibles; a menudo parecen congelados, al igual que las tías y otros parientes ancianos de la familia DuBois, todos vestidos de negro.
Pese a la oscuridad dramática, las escenas suelen estar marcadas por potentes luces, por ese calor sofocante y ese ambiente vibrante típico del sur de Estados Unidos. Así ocurre también en la escena clave del comienzo, en la que el público se encuentra con Blanche por primera vez.
Mas ya antes de que se levante el telón, se ve sobre el escenario una silla volcada ante un telón azul noche; a derecha e izquierda hay sendas puertas con persianas de lamas de madera, como las de una antigua mansión sureña. La luz se cuela prometedora por sus rendijas.
Sophie Martin ofrece una extraordinaria interpretación de Blanche, tanto dancística como dramáticamente, una figura ambivalente que oscila entre la alegría despreocupada, la excentricidad neurótica y una profunda vulnerabilidad. Es consciente de la relación de su prometido con su amante, lo golpea furiosamente, pero quizá hubiera aceptado la situación siempre y cuando ninguno de los dos lo mostraran en público.
Allan (), sin embargo, queda destrozado por el conflicto. Desafortunadamente, los sentimientos de Allan hacia su amigo (Dukin Seo) y Blanche permanecen bastante superficiales. En cambio, Sophie Martin, a través de su baile y actuación, ofrece una visión más profunda de la desesperación de la protagonista por la muerte de su marido y su caída en la complacencia de sus deseos.
El primer hombre no tarda en llegar. Luego, un segundo, que sale de debajo de la cama. Y aparece un tercer admirador; los tres cortejan y seducen a Blanche. Más tarde volverán a aparecer. Sin duda, todo esto solo tiene lugar en su imaginación. Se desarrolla un pas de quatre de la más alta calidad. Las piernas hermosas, fuertes y esbeltas de Sophie Martin representan su erotismo, su conexión con el mundo. Al final, todo se derrumba, desde los familiares vestidos de negro hasta la fachada del salón de baile.
John Neumeier no escenifica el contexto sociopolítico, esto es, la decadencia del sur aristocrático, sino que se centra por completo en las relaciones personales. El primer acto resulta algo tedioso, principalmente por la falta de alegría y desenfado en la danza durante la celebración nupcial. En particular, se echa en falta el contraste entre las alegres festividades y el desolador declive cotidiano de la familia y la región.
El segundo acto, en cambio, es increíblemente intenso y se caracteriza por las interpretaciones sobresalientes de los nuevos miembros del reparto, en particular del nuevo bailarín principal Olgert como Stanley Kowalski y Nelson López Garlo como Harold Mitchell (Mitch).
El pas de deux entre el tímido e inseguro “Mitch” y la arrogante Blanche, quien gradualmente se involucra más en la relación, es una de las escenas más impresionantes en términos de danza, al igual que los actos de amor acrobáticos y danzantes entre el rudo Stanley y su devota, por no decir sexualmente sumisa, esposa Stella, interpretada magníficamente por Clara .
Collaku resulta convincente en muchos sentidos. De complexión más bien delgada, demuestra cierta astucia, potencia y determinación hacia “Mitch” en el combate de boxeo, pero sobre todo en sus relaciones con Stella y su cuñada Blanche. Stella se somete a su marido; Blanche, aunque se siente atraída por él de forma casi animal, también se siente repelida por su personalidad y su forma de ser. Collaku percibe la lujuria de su cuñada y la explota de manera casi sádica, culminando en la infame y repugnante violación.
En el drama de Tennessee Williams, Blanche le cuenta a Stella lo que ha pasado, pero esta por supuesto no cree que su marido es un violador. En el ballet de Neumeier la protagonista se traga el problema y termina en el manicomio. Los recuerdos no la dejan en paz.
Blanche sigue tan hermosa como siempre, pero su alma está hondamente herida. Ahora aparece una mujer muy estricta y real vestida de negro, la cuidadora (Virgina Segarra Vidal), así como el médico (Gustavo Carvalho), que se parece a su marido y la convence de que se deje tratar psiquiátricamente.
Atronadores aplausos y ovaciones del público puesto en pie cerraron esta memorable velada en la Ópera de Düsseldorf. Ante la modernidad y actualidad de la coreografía de John Neumeier los espectadores sentían que habían presenciado no una reposición, sino el estreno mundial de la obra.
1er. Acto “Irrenanstalt” (Manicomio)
Blanche DuBois (Sophie Martin)
Un soldado (Skyler Maxey-Wert)
Stella, la hermana de Blanche (Clara Nougué-Cazenave)
(Lauren Alving - Milivoje Andrejević
Svetlana Bednenko - Márcio Mota
Norma Magalhães - Kauan Soares
Rose Nougué-Cazenave – Vinicius Vera)
Dama de honor con acompañante:
abuela (Virginia Segarra Vidal)
abuelo (Ordep Rodríguez Chacón)
Blanche DuBois (Sophie Martin)
Stella (Clara Nougué-Cazenave)
Stanley Kowalski (Olgert Collaku)
Harold Mitchell (Mitch) (Nelson López Garlo)
Repartidor de periódicos (Gustavo Carvalho)
un soldado (Skyler Maxey-Wert)
(Francesca Berruto – Pedro Maricato
Balkiya Zhanburchinova – Julian Botnarenko)
(Camilla Agraso, Doris Becker,
Maria Luisa Castillo Yoshida, Sara Giovanelli,
Nami Ito, Neshama Nashman, Emilia Peredo Aguirre,
(Evaldo de Oliveira Melo jr., João Miranda,
Shin-Nosuke Nagata, Rodrigo Tavella,
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