Reportajes

Concurso de Piano Ciudad de Malaga (V): prueba final y comentarios

Maruxa Baliñas
Elizaveta Ukrainskaia Elizaveta Ukrainskaia © 2025 by Queen Elisabeth Competition
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No todo el público quedó contento con el segundo premio a Roman Fediurko. Para muchos era el ganador, prueba de ello es que obtuvo el Premio del Público (la votación realizada por los asistentes al finalizar el concierto) y el Premio del Público Joven, concedido por alumnos del Grado Superior de Piano del Conservatorio de Málaga ... y un pequeño pianista, pizpireto, que también se tomó muy en serio su cometido. 

Fediurko podría haber ganado, pero lo hizo Elizabeta Ukrainskaia, una pianista rusa de 29 años, que a mí ya me había gustado más en la prueba final (escuché las anteriores pruebas sólo en vídeo). En cualquier caso, cualquiera de ellos es ya un pianista digno de ganar el Concurso de Piano Ciudad de Málaga. 

Capacidad de emocionar

Algo peor por comparación resultó Shion Ota (Osaka, 2000), una pianista sensible y con un sonido cuidado pero quizá demasiado convencional para los tiempos que corren. Tampoco tengo clara su elección del Concierto para piano nº 2 de Rachmaninov. Hizo un segundo movimiento precioso, para recordar, pero no supo plantear el necesario contraste con los dos movimientos extremos. Rachmaninov tenía muy claro que este era un concierto para su propio lucimiento, y un modo de asentarse como compositor tras el fracaso de su Primera sinfonía, de modo que tiene partes sumamente líricas, otras virtuosísticas, de lucimiento de potencia sonora, de juegos rítmicos, etc., o sea, un muestrario de capacidades. 

Ota no tuvo problemas para resolver ninguna de estas cuestiones, pero es una pianista ya madura que tiene un estilo relativamente consolidado, y se quedó escasa en los aspectos que requieren más 'aparatosidad'. Sus ff no siempre lo eran, el pedal igualaba demasiado el sonido, la acentuación rítmica podía ser confusa y yo hubiera deseado un mayor romanticismo y desolación en el primer movimiento. 

Pero el principal problema lo tuvo en la coordinación de tempi y de dinámicas con la Orquesta Filarmónica de Málaga y sobre todo su director, Sergey Smbatyan (Erevan, Armenia, 1987), lo cual se puede interpretar de dos modos: la orquesta no le ayudó u Ota no consiguió dejar claro su criterio. En el aspecto positivo, destacar sus solos -algunos impresionantes-, su agilidad y ligereza, su diferenciación de los planos sonoros y sobre todo su capacidad expresividad. 

En las anteriores pruebas Ota había mostrado una interesante variedad en sus programas, donde al tiempo que jugaba la baza de la sensibilidad (no dudó en tocar tres Canciones sin palabras de Mendelssohn, poco habituales en concursos), presentó obras tan variadas técnica y estilísticamente como la Fantasía del caminante de Schubert, la Burleske nº 3 de Bartók o un raro arreglo de El pájaro de fuego de Stravinsky. Y evidentemente su versión del Quinteto en fa menor de Brahms fue buena, puesto que obtuvo el premio "a la mejor interpretación del Quinteto de Cámara interpretado en la semifinal". 

Fuerza, independencia e ideas propias

Elizaveta Ukrainskaia (Offenbach am Main, Alemania, 1996), en cambio, eligió bien su concierto, el siempre exitoso Concierto nº 1 en si bemol menor op 23 de Chaicovski, que aunque dura casi lo mismo que el Segundo de Rachmaninov (unos 30-35 minutos), parece más breve y contundente. 

si bien la Orquesta Filarmónica de Málaga y Smbatyan no fueron tampoco grandes acompañantes para Ukrainskaia, y a veces parecían más interesados en sonar fuerte que en ser musicales, la orquesta conoce mejor esta obra y acompañó más adecuadamente. De hecho, la orquesta también se lució independientemente en algunos momentos y demostró tener unos principales en las maderas muy valiosos (a destacar el flautista en el segundo movimiento). Además Chaicovsqui escribió un concierto con bastante independencia entre el piano y la orquesta, o por lo menos que permite lucimiento al pianista aunque la orquesta no le acompañe demasiado bien. 

Ukrainskaia realizó una versión poética desde el primer movimiento, planteó coherentemente las diferentes secciones e hizo muy bien sus solos, marcando la diferencia con la pianista anterior, Ota. A esto se añaden sus principales méritos como pianista: fraseo cuidado, potencia en los momentos fuertes, un sonido bueno o muy bueno, un uso del pedal más diferenciador y en general madurez interpretativa (tiene 29 años y se le nota). El tercer movimiento tuvo momentos muy buenos, unos rubatos de gran pianista, tanto en la preparación como en la resolución, unas escalas potentísimas, un final ajustado y una seguridad que no parecía tener en los primeros momentos, cuando tuvo un par de errores de concentración o memoria (o eso creo). 

Me llamó especialmente la atención su planteamiento del segundo movimiento del Concierto, donde evocó claramente al Chaicovski de sus dos últimos ballets: o sea, creó una atmósfera mágica de país de hadas, alejado del mundo real, que no es la convención habitual. Así sus tres movimientos mostraron tres facetas distintas, el primero la fuerza y la independencia de un piano frente a una orquesta, el segundo casi un paraíso artificial, y el tercero cargado de virtuosismo y romanticismo. 

En las pruebas anteriores, Ukrainskaia fue muy convencional, más allá de las piezas impuestas por las bases del concurso (Sonata de Beethoven, Estudio de Chopin, Preludio y fuga de Bach) se limitó a presentar la Rapsodia española S. 254 de Liszt y los Cuadros de una exposición de Musorgski

Sonido y madurez

El último concursante en actuar fue Roman Fediurko (Kiev, 2004), quien repitió el Concierto para piano nº 2 op 18 de Rachmaninov. Desde el primer momento su versión fue más interesante que la de Ota: empezó más suave y contenido, lo que le permitió crecer mucho más en el crescendo, hacer que sonara más potente incluso de lo que fue objetivamente hablando. Y a partir de ahí construyó una versión poderosa y madura ... a pesar de ser el concursante más joven ya desde las fases anteriores (el concursante de 18 años 'cayó' en la segunda ronda). 

Fediurko consiguió además imponerse a la orquesta que tocó bastante mejor con él que con Ota. Tiene potencia, un sonido muy bueno que mejora aún más por su inteligente uso del pedal, y una musicalidad evidente. Tampoco él me pareció lo suficientemente 'desolado' y desesperado en este Concierto nº 2 de Rachmaninov, así que seguramente lo que falla es mi concepto, pero en cualquier caso hizo una versión preciosa, coherente entre los tres movimientos incluso en el aspecto dinámico, y -lo repito- extrañamente madura. 

Al público le gustó mucho y le aplaudió abundantemente mientras bastantes personas se ponían en pie para felicitarle. En ese momento parecía el ganador. 

En sus fases anteriores Fediurko también había sido bastante convencional en sus programas. A las piezas impuestas sólo le añadió dos Momentos musicales del op 16 de Rachmaninov en la primera ronda y la Sonata en si menor nº 3 de Chopin en la segunda. 

Otras cuestiones

Una de las primeras cosas que me llamaron la atención en este Concurso de Piano 'Ciudad de Málaga' fue lo convencional de los programas impuestos por las bases del concurso y el poco riesgo de los concursantes para salirse de la tradición en las obras elegidas. Hasta cierto punto es lógico evitar arriesgarse cuando se juegan tanto, y preparar un concurso es igual que preparar un examen, tienes que hacer lo que quieren los profesores / jurado y no lo que quieres tú, pero en este concurso concreto, que en su presentación insiste tanto en la idea de la "diferencia", la "distinción", la "singularidad", resulta curioso que los pianistas premiados sean tan 'disciplinados' en su repertorio. 

Por citar a Pablo Amorós, Fundador y Director Artístico del Concurso 'Ciudad de Málaga':

Pretendemos que los pianistas que este concurso descubra destaquen por ser distintos, y no por ser mejores que los demás. No se trata de engordar el escalafón, el virtuosismo, la perfección, sino de llegar a la belleza, que tiene otras reglas. El estilo propio es la primera de todas.  Que cuando el público oiga a uno de nuestros pianistas, sepa que está ante un pianista diferente, que no se parece a ningún otro, porque tiene enraizada en el alma la facultad de la música y se le va derramando por los dedos. Que pone en orden el arte de la música por medio del piano. Que con el piano cautiva, convence, conmueve. Eso es mucho más que deslumbrar. El arte es inocultable, y no puede ser sustituido por la técnica. Cuando un pianista de raza toca el piano, se le agolpa en las manos toda la sangre del arte de la música. La música es singularidad, es individualidad, es distinción. 

La segunda cuestión que -esta sí- me llegó a desagradar fue la elección de la presentadora de esta final del concurso, planteada como una gala que se inició con los abundantes discursos (casi media hora), continuó con el concierto propiamente dicho, y culminó con la entrega de los premios.

Supongo que la chica elegida, no dijeron el nombre, era conocida en la ciudad y sin duda tenía soltura en el escenario, pero sus conocimientos musicales parecían escasos, a veces pronunciaba mal los nombres de compositores (los de los políticos siempre bien, por supuesto) y sobre todo no se había molestado en conocer a los finalistas, que sólo eran tres: Roman Fediurko era "Ramón", el nombre de Ukrainskaia nunca llegó a oírse claro y siempre sonaba distinto, y sólo Ota se reconocía claramente. 

Pero además en pleno 2026 es casi humillante que siempre se refiriera a las dos concursantes femeninas en masculino: "el siguiente concursante", "el pianista", etc. No pido que se use el femenino en general cuando hay dos mujeres y un hombre, pero sí que se distinga el género de cada una cuando se habla de ellas individualmente. 

Dejo aparte un mal común en España en estas situaciones. Todos son maravillosos y excepcionales, los concursantes "los mejores de los mejores", Málaga la mejor ciudad y todos desean venir, "vendemos no sólo grandes pianistas, sino sobre todo estilo", hay sellos de calidad y creatividad por doquier, y así sucesivamente. 

Hay un viejo aforismo académico que dice que la importancia de una asignatura está en relación inversa al tamaño del capítulo dedicado a "Importancia de esta asignatura": insistir en los méritos de algo a menudo acaba resultando un demérito. Pero insisto, es mal común y seguramente un "signo de los tiempos". 

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