Alemania

Viva Italia

Juan Carlos Tellechea
Concierto de la BPO en Waldbuehne
Concierto de la BPO en Waldbuehne © 2026 by Berliner Philharmoniker
Berlín, viernes, 26 de junio de 2026.
Auditorio al aire libre Waldbühne. Concierto de clausura de la temporada 2025/2026 de la Orquesta Berliner Philharmoniker. Arias, oberturas e intermezzos de óperas italianas (Ruggero Leoncavallo, Giuseppe Verdi, Licinio Refice, Ottorino Respighi, Pietro Mascagni, Francesco Cilea, Umberto Giordano). Programa: Ruggero Leoncavallo, “Pagliacci”: “Si può?”. Ruggero Leoncavallo, “Pagliacci”: “Recitar ... Vesti la giubba”. Giuseppe Verdi, “La forza del destino”: Ouvertüre. Licinio Refice, “Ombra di nube”. Ottorino Respighi, “Fontane di Roma”. Pietro Mascagni, “Cavalleria rusticana”: Intermezzo. Francesco Cilea, “L’Arlesiana”: “È la solita storia ... Anch’io vorrei”. Umberto Giordano, “Fedora”: “Amor ti vieta”. Ottorino Respighi, “Pini di Roma”. Bis del solista: Salvatore Di Giacomo, “Catari”. Bis de la orquesta: Paul Lincke, “Berliner Luft”. Solista Jonas Kaufmann (tenor). Orquesta Berliner Philharmoniker. Director Kirill Petrenko. 100% del aforo.
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La Orquesta Berliner Philharmoniker, dirigida por Kirill Petrenko, y la actuación especial del tenor Jonas Kaufmann, clausuraron este sábado entre ovaciones la exitosa temporada 2025/2026 con un concierto titulado ¡Viva Italia! que tuvo por escenario el auditorio al aire libre Waldbühne del antiguo parque Olímpico (1936) de Berlín.

Reinaba en el lugar uno de esos calorazos meridionales poco comunes aquí, con altas temperaturas récord, pero los músicos y el público (unos 20 000 asistentes) las soportaron estoicamente. El concierto culminó puntualmente con sus dos bises minutos antes de que sobreviniera una intensa tormenta veraniega que ya se anunciaba con relámpagos al oeste del lugar.

Bellas arias

El célebre colectivo musical bajo la égida de Kirill Petrenko, ejecutó con brío y auténtica italianitá la obertura de La fuerza del destino de Giuseppe Verdi. Su carácter sinfónico impregnó toda la velada. Una vez más quedó demostrado que La Forza es una de las óperas más difíciles de Verdi. Solo su música pegadiza y genial fue capaz de conciliar los diversos niveles en cuanto a estilo presentes aquí. Fusionarlos en un todo era, evidentemente, el objetivo de esta maravillosa tarde estival (casi tropical) berlinesa.

Kaufmann interpretó algunas de las arias más bellas de las óperas italianas. No fueron muchas. La voz de un cantante está siempre sometida a muchas tensiones y es extremadamente vulnerable. El tenor Jonas Kaufmann, también lo sabe de sobra y esta tarde no se le vio exento de esfuerzo en algunas de ellas.

Conmovedor

Con los pomposos poemas sinfónicos de Respighi, Fontane di Roma y Pini di Roma, la célebre Orquesta Filarmónica de Berlín  recorrió la Ciudad Eterna, desde la resplandeciente Fontana de Trevi hasta los pinos de la Villa Borghese y los de la Via Appia. Ambos ciclos ofrecen una música extraordinariamente plástica, salpicada de efectos naturalistas —verbigracia, cuando en “Pini di Gianicolo“ se reproduce el canto nocturno de un ruiseñor o cuando Respighi hace desfilar legiones enteras por la Vía Apia.

El tenor, que gracias a su fluidez en el idioma de Dante es capaz de leer entre líneas las arias italianas, siente una especial afinidad por la música de ese país y por los clásicos del verismo, cuyo lirismo, cargado de emociones, conmueve hasta las lágrimas.

En I Pagliacci de Ruggero Leoncavallo: “Si può?”, “Recitar ... Vesti la giubba”, Jonas Kaufmann fue una grata sorpresa; no cantó con especial fuerza, pero con un timbre verdaderamente hermoso, y una emoción que llegó hondamente al alma de los espectadores. Quizá sea este el comienzo de una segunda carrera como barítono.  A Jonas Kaufmann le sientan bien los personajes atormentados, por lo que la lamentación de Canio, «Vesti la giubba», resultó ser un fragmento muy logrado, alejado de cualquier sensiblería.

Eternidad

Pero también estuvo conmovedor en la canción Ombra di nube del compositor y sacerdote Licinio Refice, con letra de su libretista Emidio Mucci:

Era il ciel un arco azzurro di fulgor;
Chiara luce si versava sul mio cuor.
Ombra di nube, non mi offuscare;
Della vita non velarmi la beltà.
Vola, o nube, vola via da me lontan;
Sia disperso questo mio tormento arcan.
Ancora luce, ancora azzurro!
Il sereno io vegga per l'eternità!

La presente, fue la tercera actuación de Kaufmann en el auditorio Waldbühne desde 2011, pero por primera vez con la Berliner Philharmoniker; hasta ahora había cantado con esta renombrada orquesta solo en la gran sala auditorio de la la Filarmónica de Berlín.

Clímax musicales

No se puede ignorar el hecho de que Kaufmann es un tenor alemán, pero había suficiente sol y calidez italianos en la mayor parte de lo que cantó y, la mayoría de las veces, tenía una sonrisa en el rostro y los ojos le brillaban a pesar de estar extenuado por el calor. En los próximos días, semanas y meses tiene una agenda bastante cargada, con actuaciones en Múnich, Viena, Nápoles, Torre del Lago, Zúrich, Nueva York...

Más adelante la Orquesta Berliner Philharmoniker interpretó magníficamente el famoso “Intermezzo” sinfónico de Cavalleria Rusticana de Pietro Mascagni. El contraste fue extremo sobre todo como eco de la embriagadora emotividad de Mascagni; los acontecimientos se calman temporalmente, transportan al público a esferas celestiales y reciben, merecidamente, efusivos aplausos.

Más que poemas sinfónicos, Pinos de Roma y Fuentes de Roma (dos de la Trilogía romana que incluye también a Feste Romane) de Ottorino Respighi llegaron a los oídos de los espectadores como coloridas “pinturas al óleo sinfónicas”. Bajo la batuta del maestro Kirill Petrenko, con estas dos proezas sonoras los grandes clímax musicales se ampliaron, e incluso se distendieron, sin perder impacto.

Aversión

Esta impresión se debió probablemente a la estupenda imagen sonora de la Orquesta Berliner Philharmoniker, que inundó al espectador una y otra vez con un espectro fresco e increíblemente rico de Respighi.

La flagrante aversión del compositor italiano Ottorino Respighi hacia las tendencias contemporáneas en la música de Arnold Schönberg e Igor Stravinsky a principios del siglo XX contribuyó a consolidar su reputación entre la escuela experimental moderna como persona non grata. Respighi echó más leña al fuego contra estos adversarios al crear una serie de obras orquestales de gran éxito comercial (especialmente esta, su Trilogía romana), que parecían la mezcla perfecta de Nikolai Rimski-Kórsakov, Richard Strauss, Claude Debussy y Giacomo Puccini.

Sus obras, llamativas y suntuosas, obtuvieron un éxito inmediato, atrayendo al gran público de su época como ninguna obra de Schönberg jamás lo hubiera podido hacer. También se convirtieron en vehículos virtuosos para los directores y sus orquestas, desde Arturo Toscanini en adelante.

Más emociones

A continuación, Kaufmann encarnó la lamentación de Federico en L’Arlesiana, de Francesco Cilea, con gran sensibilidad y en esta ocasión también con mayor énfasis; es una escena que va ganando en intensidad hasta culminar en un gran estallido, e inmediatamente después cantó el aria “Amor ti vieta” de Fedora, de Umberto Giordano, que despierta emociones intensas, pero también impresiones encontradas. Fue una delicia presenciar y escuchar estas interpretaciones, de un valor visual enorme y musicalmente, en un momento estelar.

Al final, y a los bises, fue Catari de Salvatore Di Giacomo lo que puso de pie al público en las graderías y en la pradera que rodea al escenario. Como ya se aproximaba peligrosamente la tormenta, Kaufmann pidió a los espectadores que abandonaran lenta y ordenadamente las instalaciones del Waldbühne mientras la Orquesta Filarmónica de Berlín dirigida por Kirill Petrenko tocaba la popular Berliner Luft (Aire berlinés) del compositor Paul Lincke, entre aplausos y silbidos del millar de asistentes que aún quedaba en el recinto.

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