El Pangaea Trio Berlín ha cosechado elogios constantes por sus actuaciones desde que fuera fundado en 2023 por músicos de la Orquesta Filarmónica de Berlín y realizara giras por Asia y Sudamérica, entre otras regiones. Al presenciar esta tarde su interpretación del poético Trío para piano nº 1, op 8, de Dmitri , en la sala de música de cámara de la Filarmónica de Berlín, no es difícil entender por qué.
Fue una idea brillante reunir en el programa de la velada esta pieza de Shostakovich con el Trio para piano de Maurice , así como el Quinteto para piano en fa menor op 34 de Johannes y confiarlos a intérpretes familiarizados con este repertorio, lo que les otorga un aura especial.
El Trío Pangaea de Berlín, formado por la violinista Marlene Ito, el violonchelista Uladzimir Sinkevich y el pianista Yannick Rafalimanana, capta la emoción fresca y sincera de ese Primer trío de Shostakovich, abrazando con ternura sus melodías al estilo Rachmaninov e interpretando con brillante claridad y diafanidad los pasajes rítmicos persistentes y punzantes que se convertirían en un sello distintivo del compositor.
El conjunto toma su nombre del supercontinente Pangea en el que hace unos 335 millones de años se unían todos los continentes del planeta Tierra, subrayando así el origen multicultural de sus miembros: Rafalimanana es francés de origen malgache; Ito, japonesa nacida en Australia; y Sinkevich, bielorruso.
Este programa es igualmente variado: Shostakovich tenía 16 años y estaba enamorado por primera vez cuando compuso su ensoñador Trío para piano nº 1. En el Trío para piano de Ravel se combinan la elegancia francesa y los ritmos vascos. El Quinteto para piano de Brahms, en el que se suman el violinista Angelo de Leo y el violista Amihai Grosz, es un ejemplo del romanticismo tardío alemán: oscuro, reflexivo y dramático.
El Trío de Ravel, compuesto el 28 de enero de 1915, en plena Primera Guerra Mundial, fue admirado por sus contemporáneos, incluido Gabriel Fauré. Su estructura de cuatro movimientos posee una pureza formal excepcional y una gran espontaneidad. Esta interpretación adquiere un significado muy especial. El Moderado, con ritmo de zortzico vasco, presenta a los tres instrumentistas cantando con suavidad y sin patetismo, incluyendo el violín de fino timbre de Marlene y el expresivo violonchelo de Uladzimir .
Aquí, se vislumbra fugazmente un tema de las futuras Chansons madécasses. El Pantoum es muy animado, una fantasía brillante en su ritmo con puntillo y casi sensual a la vez. Una visión precisa que navega con destreza por las variaciones de tempo y los ricos estados de ánimo.
La Passacaglia, de gran amplitud y con la introducción del expresivo piano Bechstein de Yannick Rafalimanana, despliega una cantilena de una belleza conmovedora en su inquebrantable movimiento de crescendo y decrescendo; una de las inspiraciones más notables de Ravel.
El Final se deleita en intrincados juegos de palabras, modulaciones y armonías luminosas. Todo aquí roza la genialidad. Los tres intérpretes lo saben, y ofrecen una interpretación cautivadora que culmina en una apoteosis final y sostenida. Ovaciones y exclamaciones de aprobación del público cerraron esta primera parte del concierto.
La última obra del programa es el Quinteto para piano de Johannes Brahms. Se trata de una composición muy apreciada, un clásico del repertorio estándar y, a no dudarlo, uno de los mayores logros de la música de cámara. Aunque muchos amantes del género conocerán este encantador y popular quinteto, pocos sabrán su intrincada historia, ya que en un principio se compuso como Quinteto de cuerda en fa menor. y Joseph Joachim señalaron deficiencias en el manuscrito. Brahms, quizá desilusionado y desmoralizado, abandonó la partitura afirmando:
Será mejor que quede en el olvido.
Sin embargo, reelaboró el material (1863-64) para convertirlo en una Sonata en fa menor para dos pianos, que se publicó en 1871 como su op 34b. A instancias de Clara Schumann, Brahms retomó la obra en 1864 para crear su tercera y definitiva versión, el Quinteto para piano en fa menor, op 34, que dedicó a la princesa Ana de Hesse.
Este Quinteto se abordó con un grado de polaridad, muy similar al de las precedentes composiciones, desde el 'Allegro non troppo' inicial. Aquí es donde sobre todo se confirma el veredicto de Clara Schumann acerca del carácter sinfónico de la obra. Y es que, en esta configuración, la pieza revela una nueva intensidad gracias a su riqueza temática y a un sabio equilibrio entre el teclado y las cuerdas; lo cual no deja de suponer un serio reto para sus intérpretes.
El Pangaea Trio Berlin, así como el violinista y el violista , la interpretaron con gran maestría, aportando una visión de sorprendente relieve, maduramente reflexionada y magistralmente trabajada, que saca el máximo partido de la sutil combinación entre melodía y ritmo, en el corazón de esta composición. Destaca por el nivel de interacción entre los instrumentos, prestando siempre la debida atención a las voces internas. Yannick Rafalimanana es una pianista ágil que evita una presencia dominante.
Su segundo movimiento, el lírico 'Andante, un poco adagio', sutilmente conducido por el expresivo piano de Rafalimanana, se interpretó con ternura y un toque de melancolía. El Andante domina la obra por sus imponentes proporciones y su riqueza temática, entre la que destacan un primer tema de gran vigor y un segundo muy melodioso. El desarrollo, muy modulado, se caracteriza por una gran flexibilidad y la larga coda experimenta una aceleración segura para recuperar el tempo enérgico del inicio del movimiento.
La fluidez del tempo y la impetuosidad aparecieron en el 'Scherzo. Allegro' y el 'Final. Poco sostenuto – Allegro non troppo – Presto non troppo', pero también estuvieron llenos de dramatismo y emoción. El primero, de una cadencia vehemente, casi jadeante, estuvo igualmente guiado por el piano sin que los contornos resultaran demasiado marcados, como suele ocurrir. Su carácter nórdico, fantástico, casi épico, resaltó así con mayor evidencia. La breve sección del Trío contrastó con su canto de carácter popular, y la repetición fue igualmente enérgica.
El 'Final...' ofrece una riqueza aún mayor y una audaz complejidad compositiva. Se abre con un 'Poco sostenuto', una parte introductoria que va desde la sombra a la luz. Le sigue un episodio 'Allegro' que los intérpretes articularon muy bien y cuyo contraste llevaron al máximo hasta una sección 'Presto' que, tras comenzar piano, se aceleró hasta alcanzar una auténtica fiebre que culminó en una perorata deslumbrante.
En todo momento, la calidad técnica de los músicos del Pangaea Trio Berlin (la violinista Marlene Ito, el violonchelista Uladzimir Sinkevic y el pianista Yannick Rafalimanana) y de sus dos compañeros, el violinista Angel de Leo y el violista Amihai Grosz, fue impresionante.
El público quedó verdaderamente fascinado por las impecables interpretaciones y aclamó a los músicos efusivamente. No habrá de pasar mucho tiempo antes de que el grupo, que ha interpretado en diversos recitales obras de Ludwig van Beethoven, Felix Mendelssohn, Serguei Rachmaninov, Lili Boulanger, Frank Bridge, Zoltán Kodály y Antonín Dvořák, entre otras, grabe su primer álbum digital bajo el sello Berliner Philharmoniker Recordings. El presente concierto se puede ver en la plataforma Digital Concert Hall de la Orquesta Filarmónica de Berlín.
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