La orquesta Berliner Philharmoniker, dirigida por Kirill Petrenko, abrió con gran brío la nueva temporada de conciertos 2026/2027 en el gran auditorio de la Filarmónica de Berlín, interpretando las Variaciones Enigma de Edward y la Sinfonía nº 4 en fa menor de Piotr , uno de los programas que lleva ahora a sus giras europeas e internacionales (Salzburgo, Lucerna, Edimburgo, Londres), así como en octubre a Nueva York y Sudamérica (Bogotá, São Paulo, Buenos Aires).
La velada se inició con una interpretación técnicamente impecable, sensible, bien estructurada y fresca de las 14 Variaciones que retratan e inmortalizan musicalmente a otros tantos amigos y familiares de Elgar. Bajo la batuta de , quien no oculta su admiración por la elocuencia del compositor británico, los grandes momentos estuvieron siempre presentes.
La Orquesta Filarmónica de Berlín tocó con una perfección impresionante. Las variaciones rápidas, como la avasallante “Troyte“ (Presto) o el final, “E.D.U.“ (Allegro), en la que Elgar se caracteriza a sí mismo (bajo el ápodo de 'Edoo', como le llamaba su esposa, Caroline Alice Elgar, a quien dedica la primera variación: C.A.E.), rebosaron de energía y exquisitos detalles. El sonido fue en todo momento transparente, noble y extremadamente cuidado.
Petrenko desentraña de forma magistral las densas partituras de Elgar, de modo que cada voz se hace diáfanamente audible. Cada uno de los 14 estudios de carácter está definido con nitidez y es rítmicamente de gran precisión. Mas en “Nimrod” (Adagio), la variación más famosa y emotiva, describiendo al editor y amigo del compositor, August Jaeger, el director tuvo una actuación quizá demasiado controlada, le faltó ese patetismo típicamente británico que la hiciera (con razón) tan célebre.
El tempo, tal vez algo rápido, anuló el carácter íntimo del momento. La clave parece estar en mantener un desarrollo lento pero constante de “Nimrod” y, aunque el clímax tiene su impacto, es necesario asegurarse de que este se desvanezca rápidamente como exige Elgar.
Por otra parte, la tercera variación “R.B.T.“ (Allegretto) fue muy rápida, con fagotes fluidos e interjecciones juguetonas de todos los participantes; a continuación, “W.M.B.” (Allegro di molto) recibió un animado repique; y el sonido de cuerda más rico de la velada hasta ese instante llegó con “R.P.A.“ (Moderato). Los solos de viola fueron maravillosamente cálidos en “Ysobel“ (Andantino) y, después, en “Dorabella“ (Allegretto), acompañada por cuerdas etéreas y fagotes vibrantes.
A los timbales lejanos en la variación XIII “Romanza: *** “ (Moderato), inspirada al parecer en Lady Mary Lygon, durante un viaje por mar a Australia, se les dotó de un toque áspero, lo que contribuyó al oscuro misterio oceánico, hasta hoy no descifrado; y “E.D.U.”, la más extensa de las variaciones, tuvo un impulso impaciente y oleadas fervientes, contribuyendo a un final fantástico.
Mientras que la música de Elgar oscila a menudo entre la alegría exultante y la melancolía profunda, Petrenko prefirió mantener una interpretación limpia, ordenada y bajo control (puso mucho cuidado ante los extremos, los grandes gestos). Ello resultó ser una delicia para los amantes de la claridad estructural y la brillantez orquestal, pero no tan así para quienes esperaban la calidez emocional de las versiones británicas tradicionales. Aunque cabe agregar que ningún director de orquesta está exento de caer en la peligrosa trampa de interpretar las “Variaciones Enigma” de forma rutinaria, como ocurre, dada su frecuencia en los programas de concierto; además de ser la obra de Elgar más grabada por directores no británicos.
El público que colmaba la sala ovacionó a Kirill Petrenko y a los músicos de la Orquesta Filarmónica de Berlín, entre cuyos integrantes se ven ya a las nuevas generaciones de instrumentistas.
En la segunda parte del concierto de esta tarde, la interpretación de Kirill Petrenko de la Cuarta sinfonía de Chaikovski fue una obra maestra apasionante. Al frente de la combinó una precisión milimétrica con una gran profundidad emocional. Para ello, evitó cualquier tipo de patetismo puramente ruso en favor de una interpretación transparente y psicológicamente profunda, que hizo tangible el destino como una fuerza implacable.
Petrenko comenzó con potentes metales que entonaron el motivo del “destino” no solo en voz alta, sino como una sombra amenazante. Las transiciones en el primer movimiento fueron fluidas y reflejaron magistralmente el conflicto interior y la angustia de Chaikovski. Mediante contrastes extremos y opuestos en el volumen, Petrenko mantuvo la tensión de forma permanente. En el primer movimiento (Andante sostenuto – Moderato con anima – Moderato assai, quasi Andante – Allegro vivo) los motivos de vals, aparentemente tranquilizadores, no suenan acogedores en la interpretación de Petrenko, sino que se desplazan rítmicamente de forma sutil, lo que genera una cierta sensación de sonambulismo.
En el Andantino in modo di canzona, Petrenko destacó por su control extremo. Las maderas y la famosa melodía de la trompa resplandecieron con melancolía, pero nunca resultaron cursis. En el tercer movimiento (Scherzo:...) el pizzicato ostinato - Allegro se interpretó con elasticidad, ligereza y levitando. Los repentinos estallidos de los metales aportaron acentos precisos, casi danzantes. En el cuarto movimiento (Finale: Allegro con fuoco), un furioso e impresionante espectáculo pirotécnico, Petrenko impulsó a la orquesta a una velocidad vertiginosa, descomunal, sin perder el control sobre los innumerables matices. El motivo del destino irrumpió dramáticamente al final.
La Berliner Philharmoniker siguió a ciegas a Petrenko, mostrando gran brillo y transparencia. El espectador percibió de inmediato cada detalle abisal de la interpretación. A pesar de la fuerza de los metales (a los que Petrenko pedía todavía un volumen más alto con el gesto de colocar su mano izquierda detrás de la oreja, como si no los oyera lo suficiente), las cálidas cuerda y las excelentes maderas nunca quedaron eclipsadas.
Kirill Petrenko ofreció una interpretación impregnada de análisis, angustiosa y sumamente emocionante, de esta Cuarta de Chaikovski, presentada como un difícil psicograma moderno y hondamente dramático. En cierto sentido, una obra también enigmática sobre la vida íntima de Chaikovski.
Más ovaciones y altisonantes aclamaciones de los espectadores puestos espontáneamente de pie (entre ellos, la ex canciller alemana Angela Merkel, asidua visitante de estos conciertos), clausuraron esta velada inaugural que puede verse ahora en la plataforma Digital Concert Hall de la Berliner Philharmoniker.
Desde 1996, informamos con independencia sobre música clásica en español.
Para disfrutar plenamente de nuestros contenidos y servicios, regístrate ahora. Solo lleva un minuto y mejora tu experiencia como lector.
🙌 Registrarse ahora
Comentarios