Discos

Sumo sacerdote de Verdi

Raúl González Arévalo

jueves, 10 de octubre de 2019
Verdi. Arias procedentes de Oberto, conte di San Bonifacio, Nabucco, Attila, Macbeth, Ernani, Luisa Miller, Don Carlo, I vespri siciliani. Ildar Abdrazakov (bajo), Rolando Villazón (tenor). Orchestre Métropolitain de Montréal. Yannick Nézet-Séguin. Un CD (DDD) de 71 minutos de duración. Grabado en la Paroisse Saint-Nom-de-Jésus de Montréal (Canadá) en octubre de 2018. DEUTSCHE GRAMMOPHON 483 6096. Distribución en España: Universal Music Spain.

Si hay un compositor que trató con especial mimo la cuerda de bajo a lo largo de toda su carrera, regalándole papeles protagonistas que se cuentan entre las mayores creaciones del género lírico, ese es Giuseppe Verdi. Es sobradamente conocida la contribución del maestro de Busseto, al que no hay bajo que se resista. Bien es cierto que, siendo en su inmensa mayoría figuras revestidas de autoridad, de monarcas y nobles a otras figuras cercanas al poder, con frecuencia no encuentran pleno cumplimiento en voces jóvenes, que deben esperar a madurar, más allá de la maduración lenta de las voces graves.

Entrado en la cuarentena, Ildar Abdrazakov se encuentra en ese punto exacto de la carrera en el que la voz suena espléndida y al mismo tiempo ha adquirido el peso suficiente para transmitir de forma creíble el poderío al que hacía alusión. Sus interpretaciones de Attila y Felipe II del Don Carlos –en la edición crítica integral de la versión original en francés– ya se habían recogido en DVD, después de haber sido ampliamente aclamadas por crítica y público de los principales escenarios internacionales del circuito. En consecuencia, parece lógico que para su primer recital en solitario el sello amarillo y el cantante ruso hayan optado por un monográfico verdiano en el que el intérprete ejerce de sumo sacerdote.

Estos álbumes individuales son un reconocimiento al alcance de pocos bajos en realidad. Solo cabe pensar en grandes nombres, de Fernando Corena –con todos sus defectos no dejó de ser considerado una estrella de la Decca– a Cesare Siepi, sin olvidar otros nombres caídos en un olvido relativo como Joseph Rouleau. En tiempos más cercanos hay que recordar a Samuel Ramey o Ildebrando D’Arcangelo (que tiene dos recitales dedicados a Mozart y Handel con DG). Y por encima de todos y en relación a este repertorio, el gran Nicolai Ghiaurov, modelo evidente de Abdrazakov. En el caso del ruso, el sello amarillo contó con él en la publicación de dos DVDs –Lucia di Lammermoor de Donizetti con Anna Netrebko y como protagonista de El príncipe Igor de Borodin, ambas desde el Met– y un disco de dúos de ópera junto con Rolando Villazón, Yannick Nézet-Séguin y la Orquesta Metropolitana de Montreal, presentes todos de nuevo en esta ocasión.

Las arias seleccionadas proceden en su mayoría del Verdi juvenil (Oberto, conte di San Bonifacio, Nabucco, Attila, Macbeth, Ernani, Luisa Miller), con dos incursiones y su etapa de madurez (I vespri siciliani y Don Carlo). Así que, salvo por el sumo sacerdote y su carácter sacro, en general convienen voces precisamente en el momento vocal de Abdrazakov, que aún suena joven –debe vigilar que el vibrato no vaya a más–, pero no tanto como para no ser adecuado. El rey de los hunos es una de las marcas de la casa. Como en el caso del Silva de Ernani o del protagonista de Oberto, el Verdi juvenil, con sus ritmos impetuosos y sus frases llenas de empuje, le sientan particularmente bien. De hecho, es quizás en los dos personajes que requieren mayor autoridad, Felipe de Austria y Juan de Prócida, donde el retrato resulta menos convincente, aunque únicamente desde el punto de vista interpretativo, que no vocal, que no le ofrece ningún problema.

La presencia de Rolando Villazón es absolutamente anecdótica, limitada a una frase como Uldino de Attilia y tres de Ismaele en Nabucco, un repertorio que nunca ha frecuentado y que no parece que lo haga tampoco en el futuro. Por su parte, Nézet-Séguin es el director estrella de un sello que siempre quiso contar con figuras mediáticas, con Karajan a la cabeza, igual que Abbado o Sinopoli después. En todo caso, los recitales vocales piden un buen acompañamiento instrumental y desde ese punto de vista la orquesta de Montreal suena estupendamente, también en los pasajes instrumentales más destacados como la introducción del aria de Filippo, y la dirección de Nézet-Séguin es perfectamente funcional, tan animada como se pueda desear con el Verdi risorgimentale.

En definitiva, el disco busca sellar la consagración de un nuevo sumo sacerdote verdiano. En todo caso, y hasta llegar a los niveles de su modelo, aún falta, aunque tiene tiempo.

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