La presentación del concierto, en el pequeño comentario anónimo -que no en las notas al programa- del folleto que acompañaba a este concierto, insistía en la comparación entre Elgar y Webern -"tan diferentes son sus lenguajes"- a pesar de que las dos obras que iban a sonar estaban separadas por sólo diez años.
Las notas al programa ya no hablaban de esto, y recogían incluso alguna de las críticas que se hicieron al estreno británico de la Passacaglia de , precisamente en los Proms, en 1931: "Música extraña, pero no demasiado extraña". Porque realmente el opus 1 de Webern, y aunque este ya fuera alumno de , es una música posrromántica no tan lejana a la de Elgar. Lo que hay es una evidente diferencia de caracteres: Webern ya desde sus primeros momentos era partidario del 'menos es más', mientras se contenía mucho menos.
Y en buena medida así lo planteó Vasily , que hizo un Webern muy 'normal' y con momentos preciosos, desde un comienzo inaudible que fue creciendo muy poco a poco, con paciencia y mimo, el mismo que usó en todo momento hasta el punto de que se podría hablar en la Passacaglia de un 'preciosismo orquestal' similar al que estaban haciendo en esos mismo años -cada uno con su carácter- o R. . El Webern de Petrenko es elegante, pero también hiperromántico, y enmarcado en la moda de los paraísos artificiales de la Belle Époque.
El violonchelista español debutaba en los Proms y fue recibido con un caluroso aplauso. Tocaba además una de las obras más interpretadas en los Proms a lo largo de su historia, el Concierto para violonchelo en mi menor de Elgar, que casi todos los grandes violonchelistas que han pasado por los Proms tocaron antes o después, empezando por (1892-1965), la favorita de Elgar aunque no fuese ella quien lo estrenó, y teniendo como hito principal a , que lo popularizó en todo el mundo.
No eran antecedentes fáciles y Ferrández seguramente era consciente. Empezó tímidamente, hasta el punto de que se le oía mal en la enorme sala del Royal Albert Hall, y a lo largo de toda la obra fueron bastantes los momentos en que era tapado por la orquesta. Sus mejores momentos fueron en las partes más solísticas, porque además no parecía coincidir con Petrenko en el planteamiento general de la obra: Ferrández optó por una versión sobria, poco romántica o misteriosa, sin ese toque finisecular y melancólico que es tan típico de este Concierto para violonchelo de Elgar ... y de tantas otras obras compuestas al final de la 1ª Guerra Mundial, cuando ya era evidente que a la catástrofe humana se le unía el fin de una etapa histórica que había estado cargada de optimismo, de deseos de crear un mundo mejor.
Ferrández tiene técnica, un sonido bonito aunque no sea muy potente, es musical, por supuesto no comete errores, y sin embargo no consiguió defender la obra, lo cual es una doble lástima. En general sonaron mejor las partes orquestales y hubo más pasión en Petrenko y la Royal Philharmonic Orchestra que en el solista. Debo decir sin embargo que el público de los Proms, que va allí a pasárselo bien y a disfrutar, aplaudió bastante e incluso braveó a Ferrández y este ofreció como bis el Cant des ocells, en una interpretación que, si bien era más preciosa que emocionante, mostró mejor la calidad musical de Ferrández.
La segunda parte del concierto estaba dedicada a la Sinfonía nº 2 de William (1902-1983), un compositor que apenas se escucha en España y cuya Sinfonía nº 2 es poco habitual incluso en Gran Bretaña. De hecho, el programa del concierto comentaba que la Primera sinfonía de Walton se ha tocado 32 veces en los Proms y esta interpretación de la Segunda sinfonía era sólo la quinta, tras las de (1961), (1974), (1996), y (2015). El problema es seguramente el de siempre: Walton estrenó esta obra en 1960, cuando lo que dominaba en el panorama europeo eran ya las vanguardias seriales y el estilo de , lo cual convertía automáticamente a cualquier obra que no se integrara en este modo de componer en anticuada, convencional, cobarde, etc. independientemente de que en realidad fuera novedosa: si sonaba bonita era mala.
Petrenko se lució en esta Sinfonía nº 2, haciendo una versión rápida, animada, donde continuamente ocurrían cosas. La Royal Philharmonic Orchestra, ampliada en esta segunda parte, sonó con una fuerza e ímpetu que no se habían oído hasta entonces, pero también supo ser delicada en un segundo movimiento tan lírico en su primera parte que casi entraba en lo peliculero, de modo que la parte central del movimiento, con una percusión a lo Consagración de la Primavera o cuando menos al estilo 'Hollywood grandioso', fue muy contrastante. El tercer movimiento fue muy variado: Walton lo concibió como un tema dodecafónico (no serial) con diez variaciones que le permitieron mostrar hasta qué punto desde su retiro italiano (vivió en Ischia desde 1949, permanentemente desde 1956) estaba al tanto de lo que se estaba haciendo en Europa, pues me pareció escuchar toques de be-bop, , , y , además de R. Strauss. Petrenko consiguió darle coherencia a este batiburrillo convirtiéndolo en un final grandioso que encantó al público, que aplaudió abundantemente a la orquesta y especialmente a Petrenko, su director principal desde 2021.
Por cierto, no sé si conocen la anécdota. La Segunda sinfonía fue un encargo de la Sociedad Filarmónica de Liverpool para celebrar en 1957 el 750 aniversario de la concesión de la carta real de ciudadanía a Liverpool. O sea, que tenía que estrenarse en 1957, para lo cual el encargo se realizó en 1955, con tiempo suficiente. En 1957 Walton apenas había comenzado la composición, en 1959 sólo había teminado el primer movimiento -"tenía pesadillas con airados alcaldes y corporaciones" escribió-, y finalmente se estrenó en 1960 y en Edimburgo.
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