De la fecundísima
colaboración entre Richard Strauss y Hugo von Hoffmansthal, La mujer sin
sombra es la obra menos frecuentemente representada. Desde un punto de
vista puramente técnico, plantea grandes exigencias vocales e instrumentales,
lo que la hace difícil de abordar en muchos teatros y temporadas. La historia
que cuenta, además, está llena de símbolos, y el hilo argumental se ramifica y
se enreda hasta el punto de resultar oscuro o difícil de seguir. Todo ello hizo
que en su estreno en 1919 no consiguiera un gran éxito, e incluso hoy en día
sigue siendo una ópera difícil de ver en directo.
Todo ello ha hecho
que la expectación ante la producción que el Festival d’Aix-en-Provence ha
presentado este año haya sido máxima. Un título poco frecuente, y un equipo
artístico de primer nivel: Klaus Mäkelä es, sin duda, uno de los nombres…
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